Pilar Jericó, doctora en Organización de Empresas, es una profesional muy versátil, eficaz y profunda, con un don no tan frecuente de saber llegar al lector, al oyente, al espectador. Para ella en esto consiste “comunicar”.
Lo mejor que se puede hacer para conocer a Pilar Jericó es leerla, escucharla.
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—Has desempeñado ya muchos papeles: profesora, escritora, conferenciante, articulista, coach… ¿En cuál de ellos te sientes más cómoda, o cuál te define mejor?
—Diría un poco de todo, dependiendo del momento en el que estoy. En la actualidad soy articulista, conferenciante y consultora, y quizá esa mezcla es la que más me define como profesional.
—¿Calificarías tus libros como de autoayuda?
—No, en absoluto. Tengo libros profesionales sobre liderazgo, sobre el cambio o la mentalidad, y otros de crecimiento profesional. Pero siempre tienen el respaldo de la ciencia. Suelo realizar una investigación profunda, que intento plasmar en un lenguaje sencillo, para llegar al mayor número de personas posible.
—¿Cómo empezaste a hacer este tipo de libros, los ensayos que escribes mayoritariamente?
—Comencé a escribir narrativa a los 9 años. Me gustaba crear historias, recoger sensaciones y pensamientos. Tengo varios cuentos que incluso publiqué años después. Pero llegué al ensayo a través de una propuesta cuando comencé a trabajar. Tenía 23 años y fue un libro en coautoría, que me obligó a cambiar de registro.
—¿Se podrían llamar, algunos de ellos al menos, de management?
—Sí, así fue. Mi primer libro en solitario fue Gestión del talento, el primero sobre este tema en lengua castellana, allá por 2001. Detrás estaban las investigaciones de mi tesis doctoral. Después, vinieron muchos más sobre management.
—¿Por qué crees que tienen tanta aceptación?
—Supongo que es por la mezcla de investigación, practicidad y cercanía con el lector. También me río mucho cuando escribo e imagino que ese tono debe de calar en lo que hago.
—¿Qué piensas que buscan tus lectores en ellos?
—Inspiración y herramientas. O, al menos, es lo que intento.
—¿Te cuesta mucho esfuerzo escribirlos, o es más bien algo placentero?
—Al principio me cuesta. El vértigo de la hoja en blanco nos sucede a todos. Después, cuando comienzo y me centro en ello, llego a obsesionarme tanto que a veces bromeo diciendo que es como si me hubiera entrado un “alien” en el cuerpo, que me impide dejarlo. Cuando llego a ese punto, escribo muy deprisa.
—¿Cómo explicarías ese proceso?
—Es tremendamente placentero una vez que he escrito las primeras páginas. Disfruto escribiendo y descubriendo las sensaciones que emergen en cada idea. Voy descubriendo conceptos que me enamoran una vez que los he plasmado en palabras.
—¿Cómo quieres ayudar a tus lectores con tus libros?
—Con mucha humildad, facilitándoles inspiración, herramientas que puedan poner en práctica y experiencias de personas que han logrado éxitos.
—Ahora se cumplen 20 años de NoMiedo (Alienta). ¿Fue un libro importante para ti? ¿Por qué?
—Fue best seller en España durante varios meses y también en otros países. Era muy joven cuando lo viví, y fue completamente inesperado. Cuando escribo no pienso en las ventas. Sería una locura y una esclavitud, por lo que la acogida me impresionó. Hablar del miedo era una provocación; por eso, escribir abiertamente sobre él fue casi un hito en el mundo de la empresa. Aquel éxito me abrió al mundo de las conferencias internacionales y le estoy muy agradecida a la oportunidad que viví.
—A mí me gustó mucho Héroes cotidianos (Planeta). ¿Qué es un héroe cotidiano para ti?
—Aquella persona que se supera a sí misma y, además, inspira a otros. No importa a lo que se dedique, ni la edad. Tiene que ver con el coraje. La diferencia de un héroe cotidiano con alguien que no tiene esa actitud es que el primero no espera que lo salven de los problemas, sino que él o ella da el primer paso. El segundo, en cambio, cae en la queja constante, en el lamento, y le cuesta más dar pasos para salir de ahí.
—¿Cómo podemos llegar a ser héroes cotidianos?
—Primero, asumiendo que tenemos más potencial del que muchas veces somos conscientes. A veces nos asustamos frente a adversidades que creemos imposibles de superar, y después, pasado el tiempo, comprendemos que no fueron para tanto, que quizá nos dejaron cicatrices, pero lo conseguimos. Segundo, nos ayuda entender las distintas fases que atravesamos: desde la negación al miedo o el desierto. Son las etapas en que las emociones tardan en deshacerse y que recogí en el libro. La comprensión también nos alivia.
—Pones mucho énfasis en la importancia que tiene el conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos lograrlo?
—Atravesando nuestras emociones o experiencias que nos cuesta reconocer. Dejar el victimismo, la culpa, el orgullo o el dolor, para contemplarlos desde una perspectiva más amplia.
—¿Qué utilidad tiene el conocernos a nosotros mismos?
—Liberarnos de lo que nos pesa. No podemos cambiar lo que hemos vivido, pero sí podemos “reciclarlo” para sacarle partido, aunque sea para ganar más libertad en nuestras decisiones y no caer en automatismos.
—Eres experta en talento. ¿Cómo podemos localizar nuestros talentos?
—El talento está relacionado con aquello en lo que destacamos y requiere de varios elementos: de unas capacidades, de un compromiso y de una puesta en acción. Para poder identificarlo en nosotros, necesitamos preguntarnos qué nos gusta hacer, en qué destacamos y qué ofrecemos que crea un cierto valor. Los tres elementos nos ayudan a darle un sentido.
—¿Merece la pena dedicarle tiempo a algo que no nos proporciona mucho rendimiento? ¿Es esto una afición?
—Aunque sea una afición, vale la pena dedicarle tiempo si nos gusta, nos entretiene o nos ayuda, siempre que no nos “robe” un tiempo excesivo a lo que tenemos que hacer. De hecho, como se comprobó en un estudio de hace años sobre lo que hacían los premios Nobel de Física y Química, se descubrió que tenían 22 veces más de posibilidades que cualquiera de nosotros a dedicarse a otras actividades, como la música, la interpretación o la ebanistería… Todo aquello abre nuestra mente y ayuda a nuestro foco principal.
—He leído tu libro sobre la determinación, ¿Y si realmente pudieras? ¿Por qué la determinación es clave?
—Porque es la que nos ayuda a tomar decisiones que nos cuestan. Es una energía muy poderosa, muchas veces más visceral que mental, pero que es la que nos ayuda a continuar adelante ante escollos importantes.
—Siempre quisiste ser escritora. Cuando eras niña, ¿llegaste a pensar que tu trayectoria sería la que luego ha sido, la que está siendo?
—No, en absoluto. Hay personas que se mueven por mapas y otras por brújulas. Los mapas trazan objetivos; las brújulas, direcciones. Siempre he sido de las segundas. Me gusta escribir y voy explorando hacia dónde me lleva, intentando hacerlo lo mejor posible.
—¿Qué estás escribiendo ahora, si se puede decir?
—Estoy con varios proyectos. Después de reeditar NoMiedo, veinte años después, y de reescribirlo entero de nuevo, he estrenado mi columna en la revista Forbes para temas de management y continúo colaborando en El País Semanal. También he regresado a la narrativa y me emociona volver después de tantos años.
—¿Cuáles son tus libros favoritos como lectora?
—Leo varios tipos de libros. Por un lado de ámbito profesional, que me ayudan a seguir aprendiendo, y por otro más de placer, donde incluyo novelas y, especialmente, thrillers psicológicos.
—¿Qué libro en especial recomendarías a nuestros lectores?
—Desde el punto de vista profesional, me gusta mucho Daniel Kahneman. Su libro Pensar rápido, pensar despacio es un clásico. También cualquiera de los libros de Adam Grant, por sus investigaciones y sus puntos de vista originales. Y de novela, me atrapó La paciente silenciosa, de Alex Michaelides, un thriller psicológico que imagino que dentro de poco saldrá en cines.
—¿Qué te queda por hacer en el futuro?
—Muchas cosas, y me gusta que así sea. Seguir aprendiendo y escribiendo, que para mí es la misma cosa; volver del todo a la narrativa; y, si soy sincera, seguir teniendo la ilusión intacta de quien empieza. No busco un destino concreto —ya te decía que soy de brújula—, sino no dejar de moverme en la dirección que me hace vibrar.
—¿Tienes algún proyecto entre manos del que nos quieras hablar, aunque no sea un proyecto literario?
—En unos años me gustaría dar la vuelta al mundo. Tengo un hijo que todavía es pequeño y sé que no es fácil, pero quisiera ir organizándolo poco a poco.
—¿Te gusta que te llamen comunicadora?
—Me considero comunicadora a través de mis conferencias, podcasts, artículos o libros. Es un término que describe bien lo que hago.
—¿En qué consiste ser un buen comunicador?
—En llegar bien a la audiencia. Para ello, tienes que olvidarte un poco de ti misma para ponerte al servicio del mensaje y de quien te escucha.
—¿Cómo puede llegar alguien a ser un buen comunicador? ¿Es un don, o fruto de un camino que se debe realizar?
—Desde siempre me encantó comunicar. Lo recuerdo de pequeña. Mientras que a otras personas les aterraba hablar en público, a mí me gustaba. Pero eso solo es el comienzo. Son años de experiencia, de muchos errores, de rodearte de personas que te ayudan y de seguir disfrutando con ello.
—¿Te consideras lo que hoy llaman storyteller, “contadora de historias”?
—Cuento historias porque es lo que permite que las personas aprendan enseñanzas o descubran conceptos. En mis libros siempre incluyo alguna historia bonita.
—¿Qué es un storyteller para ti?
—Para mí, un buen storyteller no es quien cuenta historias bonitas, sino quien consigue que una idea se te quede pegada. Somos seres que pensamos en relatos: no recordamos un dato, recordamos lo que ese dato le pasó a alguien. Contar historias es, en el fondo, la forma más honesta de enseñar, porque respeta la inteligencia del que escucha y le deja sacar su propia conclusión.
—Tu actividad parece frenética, y se percibe en ti a una gran trabajadora. ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre, cuando necesitas descansar?
—Reconozco que soy muy trabajadora, pero he aprendido a protegerme espacios sin pantallas ni agenda. Me llenan las cosas sencillas: estar con mi hijo, leer por puro placer una buena novela, estar con los amigos y la familia sin que el trabajo se cuele en la conversación. Y viajar, siempre que puedo, porque me reordena la cabeza.
—¿Cómo se descansa, qué recomiendas al respecto?
—Me encanta dormir y tengo una vida onírica muy intensa. También desconectar del día a día y hacer planes con amigos y familia, sin trabajo de por medio.
—¿Qué es la ilusión para ti? ¿Qué papel juega en nuestras vidas?
—Es un auténtico motor, y lo interesante es que depende de nosotros. La ilusión no es esperar a que pase algo bueno, sino la energía de anticiparlo y salir a buscarlo. Por eso se puede entrenar: cuando cuidamos lo que nos ilusiona —un proyecto, una relación, una idea— le damos combustible a todo lo demás. Sin ilusión, hasta lo que va bien pesa; con ella, hasta lo difícil se sostiene.







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