La introducción del libro lanza una advertencia clara: el futuro está condicionado por la globalización, el desarrollo tecnológico, el cambio climático, el populismo y la polarización. Ante este panorama, aumenta el riesgo de que la propia política se transforme en el principal generador de crisis económicas.
The London Consensus: Economic Principles for the 21st Century (LSE Press, 2026; editado en Reino Unido y aún sin traducción al castellano) confronta las tensiones que surgen en la búsqueda de la equidad. Los autores de este análisis colectivo plantean interrogantes profundos sobre un orden económico por descifrar, ofreciendo más preguntas que respuestas absolutas.
La obra conmemora los 35 años del “Consenso de Washington”, postulado por el economista británico John Williamson (1937-2021). El libro reconoce las limitaciones de aquel modelo, señalando que “dejó de lado los factores sociales e institucionales indispensables para lograr un crecimiento sostenido y construir sociedades más justas”. Frente a esto, los autores proponen principios actualizados para el siglo XXI basados en el pragmatismo económico.
Este debate académico, surgido a orillas del Támesis, busca generar directrices realistas para alcanzar un crecimiento inclusivo, productividad, innovación y cohesión social. Editado por los académicos de la London School of Economics Tim Besley, Irene Bucelli y Andrés Velasco, el texto “no pretende ser un conjunto de remedios económicos universales, sino una recopilación de las mejores evidencias e ideas disponibles”.
El análisis se centra de forma prioritaria en los mercados laborales y las estrategias de equidad social. Dani Rodrik, profesor turco-estadounidense de la Universidad de Harvard, explica que el modelo “prioriza la difusión de oportunidades económicas productivas en todos los segmentos de la fuerza laboral” con el objetivo de mejorar el bienestar general.
Frente a un entorno global obsesionado con las narrativas individuales, este compendio denuncia las fallos del hiperglobalismo, el auge populista, la crisis climática, el impacto de la inteligencia artificial y la fragmentación geopolítica. Rodrik advierte que “las tendencias tecnológicas y la globalización están vaciando el centro del mercado laboral”, por lo que urge transformar los métodos de producción y democratizar la toma de decisiones.
De este modo, la gestión pública y las relaciones internacionales se vinculan para mitigar la crisis medioambiental a través de la capacidad del Estado. Anne-Marie Slaughter, politóloga y abogada estadounidense, sostiene que la premisa fundamental es entender que “el bienestar es la clave, no solo el dinero”. La obra defiende así una postura común que revaloriza las instituciones públicas sin idealizarlas.
Finalmente, el volumen enfatiza que las finanzas públicas deben priorizar el bienestar humano sobre la simple eficiencia del mercado. Para ello, se rescata el “progresismo pragmático de la oferta” defendido por Ioana Marinescu, profesora de la Universidad de Pennsylvania, el cual apuesta por empleos dignos, leyes de competencia fuertes y resiliencia ante la IA. Lejos de ser un manual monolítico, este “Consenso de Londres” se ofrece como un espacio de diálogo para fomentar la sostenibilidad y la estabilidad compartida.
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Autores: Tim Besley, Irene Bucelli y Andrés Velasco (eds.) Título: The London Consensus: Economic Principles for the 21st Century. Editorial: LSE Press.


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