Hace tan sólo unos días te vi en una estación de autobuses de Madrid. Luego te he visto en muchas otras. Quiero decir, claro, que te he visto en un anuncio de perfume en las estaciones de autobuses de Madrid. En seguida te reconocí. Supongo que mucha gente lo hizo. Yo te conozco sobre todo por tu papel de Padmé, la Reina Amidala en La guerra de las galaxias, la mujer de Anakin Skywalker. Pero ya te había visto por primera vez en Léon: El profesional, una película impactante que me gustó mucho, tu estreno en los cines del mundo.
Me parece que te han elegido muy bien para el anuncio, porque yo te veo como una mujer, sí, muy juvenil, pero también muy elegante. Creo que el anuncio busca transmitir eso; no me parece que el producto vaya dirigido a gente mayor o muy mayor.
Debo reconocer que no he visto muchas películas tuyas, pero sí soy muy fan de La guerra de las galaxias, hasta el punto de que he escrito un libro sobre la saga, El mito renovado. Los amantes de Star Wars estamos de enhorabuena porque ahora, en el 2027, se cumplen 50 años del rodaje de la primera película, Una nueva esperanza.
Aquel papel tuyo de Padmé lo hiciste muy bien, aportando al personaje de las películas esas cualidades que antes mencioné: elegancia, juventud, belleza, añado ahora simpatía, ternura. Estaré pendiente para ver otras películas tuyas. Y la de Léon: El profesional me apetece mucho volver a verla porque la recuerdo excelente.
Si escribo estas líneas es porque el anuncio en el que apareces en las calles de Madrid, como si lo hicieras tú misma, me llamó mucho la atención y me animó a escribir. Considero que un escritor debe aprovechar todos los estímulos, como pistas de algo importante, que se le ofrecen para escribir, porque nunca se sabe adónde te puede llevar un tema, algo más que un tema. He estado a punto de no escribir esto, pero al final ha podido el placer de hacerlo.
Debe de ser porque te he visto muchas veces en las películas de Star Wars que cuando has aparecido en los anuncios de las paradas de autobuses de mi ciudad se me ha antojado que tu imagen era algo muy familiar para mí.
No te conozco en absoluto, quiero decir personalmente, pero de algún modo es como si te conociera, y de una forma profunda, como si hubiera tenido acceso a lo hondo de tus personajes, al menos del personaje de Padmé. Imagino que esto es lo que un autor pone de sí en sus personajes, lo que se vuelca de sí mismo en sus trabajos. Un personaje cinematográfico tiene vida, mucha vida, a su manera.
También las palabras tienen vida. Y tienen sentido. También tienen dirección e impulso. Éstas puede que te lleguen algún día, y te hagan pensar en la reacción de un hombre de cincuenta años, un modesto escritor español, ante tu imagen en la ciudad de Madrid. Casi parece el argumento de un cuento, una ficción, quizá una película.
Puede que estas palabras lleguen adonde tú estás y te hagan sonreír. Ya sería mucho. Estoy seguro de que este trabajo publicitario tuyo será un éxito; desde un punto de vista literario también lo ha sido, lo ha sido para mí, pues de entre mis manos han surgido estas páginas.
No sé por qué pero en aquella imagen encontré algo que no me atrevo a llamar amistoso, pues no somos amigos, lo que se dice amigos, y mucho menos familiar, pues tampoco somos familiares, por supuesto, pero sí había algo inquietantemente conocido, amistoso y familiar, y es que el cine es un milagro compuesto por muchos milagros. Nuestros actores favoritos también sois milagros para nosotros los espectadores.
De todos modos es claro que hay algo profundo en esa imagen, al menos para mí, en parte supongo teniendo en cuenta lo que yo deduzco a partir de mi experiencia estudiando e interpretando las películas de La guerra de las galaxias, también las tuyas de la saga, las de la primera trilogía, La amenaza fantasma, El ataque de los clones y La venganza de los Sith. Por cierto, que a mí siempre me ha parecido la tercera la mejor de esas tres, y a la altura de la mejor película de la saga entera, que según muchos expertos es El imperio contraataca.
No me quiero extender mucho, admirada actriz, quizá amiga en la distancia Natalie Portman. Que sepas que ha sido muy agradable tu visita a las calles de mi ciudad, una urbe muy literaria y muy cinematográfica, cada vez más. Estamos encantados de que nos hayas venido a ver, o, mejor dicho, de que nosotros te hayamos encontrado para verte. Esto no deja de ser una felicidad cotidiana y maravillosa, un milagro más de la vida y del cine.


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