Admirado y respetado Woody Allen:
Ahora no recuerdo muy bien cómo se me ocurrió escribirte esta carta. Sí que recuerdo el momento, no hace mucho, en que me puse a buscar en casa tus películas y encontré unas cuantas, no muchas, seis o siete, pero las suficientes, pienso yo, para refrescar lo que sabía de ti y ponerme a escribir.
En realidad yo vi muchas más. Hubo una época de mi vida en que veía todas tus películas; recuerdo que hacías una al año (me parece que sigues con este ritmo), en el cine y en casa de mis amigos. Era un gran plan, el viernes por la tarde ver una de tus películas. Por aquel entonces, y perdona si esto te puede molestar, llegué a la conclusión de que de cinco películas tuyas, por ejemplo, había una excelente, otra muy buena, otra buena y dos regulares, por decirlo de algún modo. La verdad es que estoy improvisando porque no lo recuerdo muy bien, pero sí que recuerdo que no todas eran excelentes, pero que siempre te divertías con ellas, o siempre ofrecías un producto, como se dice ahora, interesante.
Y la verdad es que eso es lo que me estoy encontrando en este momento que tomo la pluma. Aunque algunas de las películas que estoy volviendo a ver no me parezcan de las mejores tuyas, siempre me divierto con ellas o siempre encuentro detalles de interés.
Creo que ésta es la primera vez que escribo sobre ti, no sólo a ti, por supuesto, que también es la primera vez. Recuerdo que hace años, hace ya bastantes años, colaboraba con el diario económico Expansión, en las páginas culturales, y se me ocurrió que podía escribir algo sobre ti, ya que me gustaban tanto tus películas. Recuerdo que entonces leí un libro, una biografía sobre ti, que me debieron de prestar, porque no lo tengo en casa y no recuerdo haberlo comprado. Pero recuerdo que me gustó y que de la lectura de aquella obra me quedó la idea, idea que permanece hasta hoy, de que tenías mucho mérito, por tu vida, tu trayectoria, tus comienzos, etc. Habías comenzado, contabas en aquel libro (si no me falla la memoria), contando chistes en locales, haciendo espectáculos por la noche… Ahora que lo pienso aquello estaba muy bien, pero teniendo en cuenta adónde has llegado, eso sólo era el principio.
Ahora leo tu autobiografía A propósito de nada (Alianza Editorial), que me la regalaron el año en que se publicó, 2020, la época de la pandemia, por cierto. La publicación de ese libro fue un gran boom. No se hablaba de otra cosa, fue un libro muy importante, de impacto, como dicen los editores. Yo no lo leí en su momento, pero sí lo estoy leyendo ahora para escribir esta carta, y me está gustando mucho. En buena parte es un repaso a tu filmografía, un comentario personal a todas tus películas, a sus circunstancias, cómo las hiciste, dando detalles y anécdotas que sólo podías dar tú.
Es un libro que lleva tu sello personal, por lo gracioso que es en ocasiones, lo divertido, las bromas que haces, etc. Me pasa con A propósito de nada como con la mayoría de tus películas, que pienso para mí mismo: “Esto si te gusta Woody Allen te gusta mucho; si no te gusta Woody Allen no”. Incluso alguna película que puedas decir que es más floja, o menos buena, si somos aficionados a tu forma de hacer las cosas, finalmente a ti, pues nos gusta, nos gusta bastante.
Creo que tú dices que tus películas tienen más éxito en Europa que en Estados Unidos, y que en España, mi país, concretamente, tienen mucho éxito. En tu autobiografía pones el ejemplo de La maldición del escorpión de jade, que dices que es una película que en Estados Unidos no tuvo éxito pero que en España gustó mucho. Pues bien, yo recuerdo haber visto esa película con amigos en un cine en Madrid, y sí que me gustó. Pero ya te digo que en general me gustan tus películas, incluso las más criticadas, y sí que debo reconocer que las más alabadas me gustan mucho, como por ejemplo Manhattan, Maridos y mujeres, Match Point…
Algunas las vi hace muchos años y debería volver a verlas para opinar de ellas; es el caso de Annie Hall, que tuvo tanto éxito y que ganó Oscars. Pero ahora puedo decir, por ejemplo, que he visto Misterioso asesinato en Manhattan y me ha divertido mucho. En este preciso instante estoy viendo —la tengo a medias— Bananas, una de tus primeras películas, que en A propósito de nada dices que tuvo mucho éxito, y lo estoy pasando muy bien con ella.
Algo que me llama la atención, y creo que lo mismo le pasará a cualquiera que se fije un poco, es el plantel de actores con los que trabajas, grandes actores. Dices en A propósito de nada que tu secreto consiste en contratar a los mejores y dejarles luego libertad. En una ocasión oí, o leí, que los mejores actores, y los más famosos tenían mucho interés en trabajar contigo porque les daba prestigio, y que por tanto estaban dispuesto a hacerlo por poco dinero, o por mucho menos dinero de lo que lo harían con otros. No sé si será verdad, pero me parece convincente, teniendo en cuenta la cantidad de grandes actores, y de grandes estrellas, que aparecen en tus películas, y no sólo ahora sino desde hace tiempo.
En A propósito de nada también dices que no eres un intelectual, que el hecho de llevar gafas no te hace un intelectual. En fin, en este libro dices muchas cosas que creo que no deben ser tomadas en serio, o no deben ser tomadas al pie de la letra. Yo creo que el humor de tus películas a menudo es intelectual, y que tus películas normalmente tienen un punto intelectual. Eso me parece a mí. Te gusta el ambiente de los escritores, de los profesores, de las revistas, etc. No es raro que el personaje principal esté escribiendo un libro, o sea un profesor, o las dos cosas a la vez, o que escriba en una revista. También puede ser así un personaje más secundario.
Sí, creo que te gusta lo literario, lo intelectual, a ti personalmente, en tu vida cotidiana, y que eso luego rezuma en tus películas, en tus libros, por lo que me he podido asomar.
Pero todo ello le da un sello muy personal a lo que haces. Tu obra es inconfundible, y debo reconocer que me gustan tus películas más cuando apareces tú que cuando no apareces. Mucho más. Ahora por ejemplo acabo de ver Match Point, que es una película tuya muy bien considerada, y que me gusta mucho. Además, me parece muy ambiciosa. Pero ya estoy deseando ver otra en la que sí que apareces como actor, como protagonista.
De todos modos has demostrado que puedes hacer comedias y películas muy serias, como Match Point. Has querido hacer cosas diferentes, muy diferentes, y lo has logrado. El auténtico artista quiere hacer lo que no ha hecho antes, a menudo lo que es más difícil, mucho más difícil. Incluso arriesgado, peligroso.
Tú lo has hecho. Llevas más de cincuenta años de carrera, con más de cincuenta películas, y sigues trabajando. Sólo te puedo decir que enhorabuena, felicidades. A mí por lo menos me has llenado muchos momentos de diversión, de risas, de placer estético. Lo sigues haciendo. En verdad se puede decir que tus películas y tus textos han conseguido llenar mi vida en ciertas circunstancias que no tenían por qué ser las mejores, las más felices.
En suma, has conseguido poner diversión y felicidad donde no las había, o donde era difícil ponerlas. Esto me ha ocurrido a mí. Seguro que les ha pasado a muchos otros.


Cada cabeza es un mundo y todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, por esto lo felicito, porque usted debe ser un hombre puro, espiritual, con un alma virtuosa, con una brújula moral infalible, que cree en el Arte por sobre todas las cosas y aún tiene héroes intelectuales y artísticos, que los fusiona en el director de cine Woody Allen.
Yo no comparto su admiración, tampoco su entusiasmo por su película “Bananas”, expresión de la visión reaccionaria y racista de la extrema derecha política de Estados Unidos contra los hispanoamericanos, que nos retrato como pueblos primitivos, atrasados, indolentes, sin ningún tipo de virtudes, casi como incapacitados mentales para vivir en Libertad y Democracia, como si la Libertad, la Democracia y el Progreso fueran bienes imposibles para Hispanoamérica por herencia genética, una película para mí detestable porque está llena de estereotipos y simplificaciones manipuladoras, racismo por todo el cañón, aunque pueda causarles muchas risas a quienes no son hispanoamericanos.
?Se olvido las décadas que vivió España bajo la Dictadura de Franco?
?Que Italia admiro a Mussolini y Alemania y Austria a Hitler hasta que la derrota en la Guerra los aplastó?
?Que Portugal sufrió la Dictadura de Salazar?
?Que los japoneses creían que su Emperador era un “Dios Viviente”?
?Que Rusia vivió siglos de opresión bajo los Zares, después bajo los Dictadores Comunistas y ahora voto por el Autócrata Vladimir Putin que destruyó su recien nacida Democracia? ?Que los Chinos tienen siglos viviendo bajo la opresión, primero de los Emperadores y ahora bajo los Monarcas del Partido Comunista?
No conozco alguna película satírica o burlona de su admirado cineasta sobre Estados Unidos en tiempos del Macartismo o del Racismo o de las pretensiones autocraticas de Donald Trump, que tienen en jaque a la Democracia en Estados Unidos, tampoco tocó los grandes temas como la desgraciada Guerra de Vietnam o los delirios filo tiránicos de muchos intelectuales de Europa y Estados Unidos por Stalin, Mao o Fidel Castro, tampoco tocó ni tocará temas álgidos como las matanzas o el Genocidio de Palestinos en la Franja de Gaza por Benjamín Netanyahu y sus cómplices. Parece que Allen no es un intelectual cuestionador del poder, al contrario, muchos lo llamarían “domesticado”, no yo, porque nunca lo tome por un hombre antisistema.
Tampoco puedo considerarlo un héroe intelectual ni del cine porque lo más controvertido es su biografía, porque, ya maduro, famoso y millonario, cuando decidió escoger una nueva mujer se decidió por una jovencita inexperta de veintitantos años que era hija adoptiva o de crianza de una de sus ex parejas, prefirió a una mujer que vio crecer desde niña antes que a otra bella y joven o madura mujer ajena a su círculo cercano.
?Será que un hombre de sus talentos y millones, tan cosmopolita y conocedor del mundo, no pudo encontrar mejor pareja en el ancho mundo?
Quizás olvido preguntarle en su carta hagiografica a su admirado cineasta con fama de sesudo, profundo, denso intelectual, si es de los lectores que alaban las virtudes literarias de “Lolita”, la famosa novela de un escritor ruso nacionalizado americano, quien se inspiró en un cuento ambientado en España, “Lolita”, publicado en 1916 en Berlín por un escritor alemán, y consideran dicha novela la mayor gloria de las letras de la literatura rusa escrita en Estados Unidos.
En lo personal, no me gusta la novela del ruso, ni la película “Bananas” ni el cineasta americano Woody Allen, prefiero a Orson Welles, el verdadero genio del cine americano, un genio universal.
Aunque se que nunca lo leerá, cuando Woody Allen quiera rodar otra película para burlarse o menospreciar a los hispanoamericanos sería bueno que alguno de sus admiradores lo saque de la ignorancia histórica y le explique que Chile, en 1823, por Ley de su Congreso Nacional, abolió la esclavitud, 40 años o más antes que Estados Unidos, y que el Grande Hombre Miguel Hidalgo, en 1810 en Guadalajara, Jalisco, México, dictó un Bando de Abolición de la Esclavitud y del Tributo Indígena en toda America, sin pago de indemnizacion alguna y bajo pena de muerte a los antiguos propietarios que en el término de 10 dias no cumplieran voluntariamente lo establecido. Tan humanitario y justo decreto no se cumplió porque Hidalgo perdió una batalla y fue fusilado por las fuerzas monárquicas, pero su ejemplo, como el de Chile en 1823, están escritos con letras de oro en la Historia de la Humanidad, mientras que George Washington murió siendo un rico terrateniente dueño de grandes haciendas con sus esclavitudes y otros “Padres Fundadores” de Estados Unidos también ricos esclavistas, enriquecidos por el trabajo de los esclavos y la esclavitud es la suma de todos los crimenes.
Tampoco Woody Allen rodará una película comparando estos hechos, que rebaten el estereotipo del “hispanoamericano atrasado” ante el “avanzado americano”.
Finalmente, lo felicito por su pureza espiritual, por su sabiduría y su sensibilidad artística superior, por su alma impoluta, pura y cristalina, aunque le aclaro que no cuente con mi firma ni apoyo en caso que quiera recoger firmas para apoyar una petición para que le concedan una estatua ecuestre, una medalla, alguna condecoración o un título honorífico a su héroe intelectual y cineasta. Para mí los verdaderos héroes modernos, quienes lucharon (y algunos hasta murieron) por la Libertad, son Miguel Hidalgo, Manuel Piar, Benito Juárez, Emiliano Zapata y Nelson Mandela. Un negro africano y cuatro hispanoamericanos, fecunda mezcla de españoles, indios y negros.
?Usted cree que puede compartir honores con estos grandes hombres guiados por el altruismo, la generosidad y la valentía sin limites, un millonario con la trayectoria impoluta, inmaculada, angelical, de su admirado cineasta?
Si te gustó Match Point deberías ver Crímenes y Pecados con temas muy similares, que en lo personal me pareció mucho mejor. De hecho Match Point no se me hace una película muy representativa de este gran director.
Primero, el bueno de Woody Allen viene a Madrid, y van le preguntan lo que opina sobre la payasa de Sol. Y ahora esto…
Eduardo Martínez Rico es un maestro del artículo anodino, insulso, insustancial.