Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España.
Viernes, 9 de octubre de 1936: El miliciano muerto de Capa
Es la imagen más famosa de la guerra civil. Un miliciano recibe un disparo en plena batalla. El hombre se llamaba Federico Borrell. Era anarquista. Capa, cuando captó la imagen, llevaba todo el día siguiendo a su unidad. En el momento de la foto, acaba de recibir el balazo. Da la impresión de que en la espalda, por el movimiento del cuerpo. El brazo derecho, extendido. La mano se abre, soltando un fusil tras recibir la descarga. Borrell va de civil, salvo por las cartucheras negras al cinto y su expresión, con ojos cerrados, es de dolor.
Robert Capa agradeció el cumplido y dejó la revista sobre la mesa. Estaba en la redacción parisina del semanario Vu, de regreso de España. Se sentía satisfecho por el éxito de la instantánea, pero también culpable por sacar provecho de la muerte de un hombre al que fotografió varias veces a lo largo del día con su Leica, en Córdoba. De repente recordó el entusiasmo con que él y sus compañeros reanudaron la marcha. Sus cánticos, la vida y luego, en medio de un tiroteo, el fin. Sin más. La guerra de España impactaba por su crudeza y ya estaba pensando en volver, como le había dicho a su sonriente jefe, el cual, sentado al otro lado del escritorio, repitió que Vu estaría encantada de recibir más fotografías, aunque no acababa de entender la guerra.
—¿Qué es lo que no entiende? —preguntó Robert Capa, clavando en su jefe dos ojillos negros. El director, un tipo muy francés, era alto, rubio, y tenía ojos claros.
—Esa novedosa fascinación por España. No entiendo cómo gente que no se ha interesado nunca por un país atrasado cuatro siglos con respecto del resto de Europa, que para muchos es la encarnación misma del fanatismo y la crueldad, abandonan sus familias y se van a luchar por él, arriesgando la vida y sufriendo todo tipo de penalidades…
—Reconozco que yo también me he hecho esa pregunta. La respuesta es que no van a luchar por los españoles, sino por la supervivencia de una idea. Llevamos tres décadas de fascismo. Se han aplastado las revoluciones en Alemania y Hungría. Mussolini ha destruido la izquierda italiana, y Hitler ha aniquilado el movimiento obrero alemán, el más poderoso de Europa. Lo mismo Dollfuss, en Austria, el único país en el cual la clase obrera se defendió, aunque en vano —dijo, obviando con elegancia la cuestión judía.
—Estoy de acuerdo. Pero ¿no estaremos sacando de quicio todo? ¿No sobredimensionamos el conflicto?
—En mi opinión, España es la batalla más feroz de la guerra que se está librando en toda Europa desde el triunfo de los bolcheviques en el 17. Desde que Hitler y Mussolini ayudan a Franco, ha dejado de ser un asunto local. Sin aviones alemanes e italianos los sublevados no estarían donde están. Francia, pese a las presiones de Londres, está moralmente con la República. Y Rusia no puede permitir que se debilite el contrapeso que Francia suponen con respecto a Alemania, con quien tarde o temprano entrará en guerra. Es lo que mueve a los voluntarios. Y no son solo comunistas. Los comunistas se limitan a encauzar un movimiento de simpatía general antifascista que se da espontáneamente en todas partes —concluyó Robert Capa, a quien se le hacía incómodo tener que explicar algo tan básico a una persona supuestamente culta.


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