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Dios en el mar

Si alguna vez se han detenido a observar los grabados y pinturas realizados por William Blake (1757-1827), de sobra saben que son de las imágenes más poderosas, complejas y enigmáticas de la historia del arte. Blake creó una mitología propia única: criaturas fantásticas, imágenes de la degradación del alma, figuras de redención y de conflicto, fieras apocalípticas, deidades… Su pensamiento sobre Dios, la imaginación y la libertad inspiró y sigue inspirando a multitud de creadores. También a Philip Hoare en este ensayo que nos llega traducido por María Alberdi en la editorial Ático de los Libros.

El libro, en sus quinientas quince páginas que incluyen algunas fotografías, dibujos e ilustraciones en las que aparecen escritores, pintores, paisajes, mapas o criaturas fantásticas, avanza bajo corrientes submarinas y asociaciones libres. Una imagen lleva a un artista, este a un recuerdo y este a una idea de William Blake que se desarrolla libremente como los movimientos de las olas marinas.

El ensayo trata de la creación artística, de las conexiones entre creadores y entre el mundo natural y el mundo espiritual. No es un libro fácil. Es para leerlo despacio, para saltarse páginas, volver a ellas, hacer una lectura sin necesidad de orden cronológico. Es como un mar inmenso e inacabado, una masa de pensamientos, obras y creadores que se mueven arriba y abajo entorno a la obra y la vida de Blake. El mar y William Blake. El mar y Philip Hoare. El autor del ensayo, ya al inicio, confiesa:

“Creo en el mar, deposito en él toda mi confianza. Si supiéramos cómo es Dios, sabríamos qué esperar”.

Tal vez esa haya sido la motivación del ensayo, una odisea poética donde se mezcla historia del arte, naturaleza, memoria personal y crónicas culturales que nos adentran en el universo místico y subversivo del poeta, grabador y pintor inglés y con las que jugamos al juego de la creación, es decir, a imaginar. “La imaginación no es un estado: es la existencia humana misma”, dijo William Blake.

El libro arranca con el cineasta Derek Jarman y el pintor Paul Nash fascinados tras ver las obras de Blake por primera vez. Pero en las páginas del libro desfilan, entre otros muchísimos, Oscar Wilde, Alberto Durero, Virginia Woolf, Iris Murdoch, James Joyce, Andy Warhol, David Bowie; y muchos, muchos, muchos más.

Hay un final simbólico. Hoare logra acceder a la biblioteca donde se encuentra el Cuaderno de Blake. Mientras lo lee, piensa:

“Me sumerjo en el diario de un mago, que contiene todos sus hechizos; críptico, arcano, conspiranoico, un largo conjuro que dan ganas de entonar”.

“Es imposible saber qué fue primero, si las imágenes o las palabras; dónde empieza una cosa o termina la otra. Se funden en un solo cuerpo, un eco tenso de la intensidad de sus visiones”.

No crean que hago espóiler. Lo realmente interesante está a lo largo del caos de las páginas. Lean el ensayo sin orden numérico, no tiene tanta importancia. Eso sí, prepárense a escuchar el mar durante las lecturas. Con Philip Hoare, el mar siempre está presente.

Un libro para eruditos y curiosos, pero sobre todo para amantes del arte, del mar y de la imaginación. Aquí no encontrarán una simple biografía de William Blake. Hay mucha complejidad, incluso vorágine. Al mismo tiempo, la lectura provoca cierta adicción porque explora la mirada que motiva a los artistas. Un libro que busca a Dios en el mar como símbolo del amor que mueve todo impulso creador.

“Sigo sin saber nada sobre él”.

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Autor: Philip Hoare. Título: William Blake y los monstruos marinos del amor. Traducción: María Alberdi. Editorial: Ático de los Libros. Venta: Todos tus libros.

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