Escribir poesía interpelando al mundo o hacerlo con la única preocupación de sorprender con el lenguaje y atender a una intimidad cerrada, excluida del mundo: he ahí el dilema. Inma Chacón, en su cuarto libro de poemas, un libro con una fuerte carga emocional, ha optado por lo primero. Fronteras es un poemario en el que se muestra la esencia de uno o varios viajes por un territorio especialmente conflictivo: Marruecos, el Sahara. El mundo es el caleidoscopio de un espacio limitado, quizá pequeño, pero en el que se contienen las incertidumbres, los miedos, pero también los pequeños gozos, los descubrimientos que sorprenden, la vida difícil, los sueños de un paraíso (una utopía) en la tierra que casi siempre huye, que se nos escapa sin remedio.
El libro tiene un hilo conductor de corte narrativo. Cada poema contiene una suerte de microrrelato, una aproximación lírica a un momento concreto, a una experiencia humana encarnada en un personaje rescatado de la memoria, o a un escenario, natural o urbano, que cobra una dimensión mágica. Todo eso acaba configurando el mapa de los sueños, carencias y frustraciones de todos ellos: el atardecer en Asshila a la hora de la siesta (“Nadie se mueve en el interior de las casas / excepto los niños y los pájaros”), la meditación en soledad ante un playa majestuosa (“la palabra puede iluminar / los rizos de las olas / como un rayo de luna plateada”), un precario partido de fútbol junto a la Medina en el que jóvenes juegan al fútbol “entreteniendo el ayuno sobre campos de arena / desafiando al calor / con un sueño imposible / y un pie descalzo”, o el estallido blanquiazul en la claridad de Larache son algunos ejemplos que contribuyen a generar un clima mezcla de incertidumbre (incluso miedo) y serenidad contemplativa, Esos ambientes, recogidos en “Asshila”, la primera parte del libro, que nos acercan a una cierta felicidad de lo pequeño y cotidiano, se prolongan en la segunda parte, “Sahara”, en el “territorio inverso”, en los campamentos de El Aaiún, resaltando el drama que se oculta tras una apariencia de calma (“Parece arena dorada / flor del desierto / esa mentira arrastrada década a década”). La mirada se carga de desolación, con poemas alusivos a la muerte, a sueños frustrados, a una realidad que se ensombrece con una derrota a la que aún sobreviven algunas briznas de esperanza pese a la desolación y al crimen colectivo (“No hay estelas que no puedan / surcarse de nuevo”). “Ellas”, la tercera parte de Fronteras, nos sitúa ante las carencias de las mujeres, bajo pautas que vienen de una cultura ancestral como la musulmana. Su mudez, la insumisión que se oculta en el silencio, en la impotencia a veces (“No hay tempestad / que supere la fuerza / que encierran tus olas / mujer con la boca tapada”), encuentra en ocasiones ventanas al exterior, a la libertad, nos muestra mujeres resignadas y mujeres rebeldes, todo ello en poemas que se cargan de una emoción introspectiva cuando tocan la cercanía familiar, cobrando tonos elegíacos cuando la palabra nos acerca a la memoria de Dulce, la hermana que se fue hace mucho tiempo, o a la de la madre muerta durante la pandemia de Covid. Ese tono elegíaco se torna en una melancolía casi feliz en el apartado que cierra el libro, “Ellos”, en el que la rememoración de la experiencia amorosa, la ternura vivida y la evocación de momentos en los que asomó la felicidad, incluso cierta experiencia erótica, se sitúan, como en “Ellas”, en entornos íntimos. La afasia del hermano, el homenaje al guitarrista Pepe Habichuela, la evocación del padre en la dedicatoria que abre el capítulo (algo que genera un clima propicio a la memoria personal) son algunos de los resortes anecdóticos que la poeta remueve con una delicadeza alejada de cualquier estridencia sentimental.
Inma Chacón escribe una poesía transparente y directa, con una música interior de ritmo sereno y en verso libre, combinando el poema largo y cargado de narratividad con la intensidad del poema breve que capta el fogonazo de lo instantáneo, siempre cruzados por la respiración crítica (social y feminista) y los aportes emocionales que llevan a la meditación interior y al pasado vivido. Pero hay también un pulso metapoético, una atención al lenguaje desde el interior del poema y al margen de visiones academicistas: “la palabra no lo sabe / pero siempre será la razón del poeta”, un aserto que pone de relieve mediante puntuales y precisas reflexiones en el poema “En la playa de Sidi Muhait” de la primera parte del libro. En la narradora y dramaturga Inma Chacón hay, sin duda, una magnífica poeta. Atenta a la interioridad y sus misterios y atenta al mundo y sus abismos.
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Autora: Inma Chacón. Título: Fronteras. Editorial: Huerga y Fierro. Venta: Todos tus libros.


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