A veces son las cosas pequeñas las que adquieren una importancia extraordinaria. En la Edad Moderna pocas islas tan reducidas, áridas y difíciles para vivir como Malta alcanzaron semejante valor estratégico. Y, una vez más, se luchó de manera denodada por un pedazo de tierra que todos consideraban imprescindible dominar. La razón era sencilla: Malta era la llave que abría la puerta del Mediterráneo occidental.
Ese es el escenario elegido por el licenciado en Derecho y abogado en ejercicio José Manuel Sala Martí (Valencia, 1981) para Arde Malta, novela galardonada con el XV Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda, una obra que viene a reclamar su lugar entre los pocos libros que tratan el tema del llamado Gran Sitio de Malta de 1565, uno de los enfrentamientos más destacados del siglo XVI.
Resulta difícil comprender que un hecho histórico de semejante magnitud haya recibido tan poca atención entre nuestros novelistas.
Malta resultó ser el último hogar de los caballeros de la Orden de San Juan después de haber perdido Rodas frente a los otomanos. Desde aquella isla fortaleza seguían combatiendo al turco y obstaculizando su navegación por el Mare Nostrum romano.
Desdeñando el poder de los caballeros cristianos y motivado por los daños que causaban a las flotas turcas y a sus corsarios, Solimán decidió expulsarlos. Decisión poco acertada, puesto que no supo ver la resistencia que iban a ofrecer en su reducto fuertemente defendido.
Sala Martí, después de documentarse minuciosamente, narra una guerra que duele y aterra. El autor consigue que el lector imagine de manera clara lo que pudo haber sucedido en el siglo XVI: una resistencia que duró, casi todo el verano, en fortalezas sitiadas a golpe de bombardeos de artillería, fuego griego, flechas y cimitarras; mientras disminuyen los víveres, los hombres disponibles, las municiones y, como en muchas otras ocasiones, la opción consiste en sobrevivir y ver llegar el anhelado socorro.
La novela se construye mediante historias que confluyen en las plazas fuertes cristianas y en el campamento sarraceno que los cerca.
Sus personajes muestran las virtudes propias de hombres hechos a la guerra. Sala Martí intenta transmitir la posible mentalidad de aquellos hombres del siglo XVI. Actitud que es de agradecer en una novela histórica.
Decir que la narración es descarnada, a veces sangrienta, y que se recrea en el sufrimiento físico y moral y en ella abundan escenas de horror no debe entenderse como un reproche al autor. Para ser fiel a lo ocurrido, a veces es necesario describir la lucha en toda su crudeza, sin suavizarla.
Porque Arde Malta no pretende contar solamente lo que ocurrió. Intenta explicar, en un ejemplo claro de historicismo, es decir defensa de que cada época histórica debe entenderse y evaluarse estrictamente bajo sus propios términos, lo que fue y las circunstancias que se dieron alrededor del suceso.
Son muchos los protagonistas históricos que nutren la nómina de la novela, sin embargo el autor pretende y consigue homenajear a los combatientes anónimos que murieron o vivieron sin saber la grandeza de su gesta. En ese homenaje también se incluye a los combatientes del bando musulmán con un protagonista que narra la realidad del otro bando y las miserias que también comparten con los asediados. Sala Martí consigue un objetivo que todo novelista debe plantearse: que a los lectores nos preocupe la suerte de sus personajes sin importarnos el bando en el que combaten. No resulta fácil evitar tanto el maniqueísmo como la tentación de juzgar el pasado desde los parámetros del presente. Sala Martí lo consigue.
Resulta inevitable, al leer Arde Malta, pensar en lo que ocurrirá a los seis años de haber rechazado al turco. Malta fue en 1565 el gran aviso de que era posible detener y derrotar las ambiciones expansionistas otomanas por el Mediterráneo. En 1571 llegaría Lepanto.
Son acontecimientos distintos, pero pertenecen a un mismo escenario: la lucha por dominar el mar del sur de Europa durante el siglo XVI. Malta fue el precedente heroico; Lepanto, seis años después, demostraría hasta dónde podía llegar una respuesta coordinada de las potencias cristianas frente al poder naval otomano.
Considero que para que nazca una buena novela histórica no basta con disponer una gran epopeya: es preciso saber convertirla en personajes, tramas y emociones. En definitiva, hay que ser contador de historias. Quizá sea esa la principal conclusión que extraigo de Arde Malta: José Manuel Sala Martí posee magníficas condiciones como narrador de novela histórica. Ha sabido ver, donde otros no lo vieron, un episodio poco conocido con un potencial enorme y convertirlo en una novela entretenida, documentada y emocionante.
La concesión del XV Premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda reconoce esas virtudes a un autor al que habrá que seguir con atención, porque posee algo que no siempre puede aprenderse: la capacidad de encontrar una buena historia y saber contarla. Y cuando un escritor consigue que conozcamos el desenlace y, pese a todo, sintamos la necesidad de seguir leyendo para saber si aquellos hombres resistirán hasta el siguiente amanecer y podrán luchar un día más, significa que ha entendido perfectamente en qué consiste su oficio.
Antes de Lepanto, aquella «…más alta ocasión que vieron los siglos pasados, presentes, ni esperan ver los venideros…», como dejó escrito Cervantes, estuvo Malta: una pequeña isla que ardió durante casi cuatro meses y se negó a rendirse en un asedio que, siglos después, Voltaire consideraría uno de los acontecimientos más memorables del siglo XVI.
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Autor: José Manuel Sala Martí. Título: Arde Malta. Editorial: Pàmies. Venta: Todos tus libros.


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