El nuevo libro del gran especialista en los Beatles, Philip Norman, sobre Brian Epstein, el mánager del grupo, ofrece una nueva, discutible y no imposible teoría sobre su muerte, pero antes vayamos al principio. Al preámbulo.
Porque los Beatles, su éxito internacional, el fenómeno beatle y hasta la música beatle no hubieran sido posibles sin dos nombres que todos conocemos: el productor George Martin y el mánager Brian Epstein, dos personajes muy distintos que tenían algo en común: los dos eran honestos (en el espeso mundillo musical), cultos, elegantes, educados y unos perfectos caballeros. George se casó, tuvo cuatro hijos y hasta fue nombrado sir, mientras que Brian, homosexual en unos tiempos en que estaba prohibido, llevó siempre una vida privada oscura, difícil y arrastrada, que contrastaba con su impecable imagen pública.
Todo ello se deduce del libro Mr. Moonlight: Brian Epstein y la creación de los Beatles (Cúpula), escrito por Philip Norman, el gran investigador de todo lo que rodea al grupo de Liverpool. Norman nació en Londres en 1943 (el mismo año que George Harrison) y empezó a publicar perfiles de personajes famosos en el Sunday Times en 1965 para luego centrarse en la música. En 1981 salió su imprescindible Shout!, la mejor biografía de los Beatles, que en España se tradujo —cinco años después— como ¡Gritad! La verdadera historia de los Beatles y publicó Ultramar. Un libro agotado que incomprensiblemente nunca se ha vuelto a editar.
En este libro necesario, el autor apuesta por John Lennon como el gran artífice del grupo (más adelante corregiría esta errónea apreciación, reparando su deuda con Paul), y en adelante siguió escribiendo gruesos y minuciosos libros de investigación sobre los integrantes de los Beatles: John Lennon (2008), publicado en España por Anagrama; Paul McCartney, la biografía (2016) publicado por Malpaso (los dos tienen ochocientas páginas); y finalmente George Harrison, el beatle reacio (2023), más breve, que publicó Cúpula y es el único de los cuatro que sigue vivo en el mercado español.
Aparte de estos títulos capitales, Philip Norman ha escrito sobre Jimi Hendrix, Eric Clapton, Elton John, tres libros sobre los Rolling Stones y Mick Jagger, y así hasta diecisiete títulos. El último —motivo de esta crónica— es la biografía de Brian Epstein, que parcialmente ya conocemos, porque su vida está ligada a los Beatles, y así nos la ha contado en los libros citados. Sin embargo, en ellos —no era el objetivo— no se profundiza en la vida íntima del mánager, marcada por el antisemitismo social de la época y —lo definitivo— una homosexualidad que se empeñó en vivir, a pesar de las dificultades de una época en la que tener ese tipo de relaciones —incluso en la intimidad— estaba penado por ley. De ahí esa zona oscura de su vida —apuntada en los anteriores libros— y todo lo que arrastraría este encantador y atormentado personaje. El doctor Jekyll y mister Hyde, sin duda.
No es el primer libro que se escribe sobre Brian Epstein, pero sí el más completo y el que nos muestra de una manera detallada el mundo, la personalidad y las contradicciones de este joven vendedor de discos y electrodomésticos que se convirtió en uno de los grandes nombres de la música. Falleció a los 32 años, una edad en la que ya había ganado siete millones de dólares, aunque a su muerte apenas dejó medio millón, dado su lujoso, y a veces descontrolado, tren de vida.
Anteriormente a esta biografía de Norman, ya se habían publicado Brian Epstein, de Debbie Geller, 1967: El mundo de Brian Epstein y los Beatles, nunca traducidos en España, y El quinto Beatle: La historia de Brian Epstein, una novela gráfica bien contada de Tiwary, con gratos dibujos de Robinson y Baker; sin olvidarnos de la primera de todas, una especie de autobiografía, Un sótano lleno de ruido. En Inglaterra se han representado dos obras teatrales sobre su figura, una especie de justicia poética, ya que Brian amaba el teatro y hasta estudió algunos años de interpretación. También hay que apuntar que hace dos años se rodó el biopic Midas Man. Y hay más. Como se aprecia, no es un personaje olvidado.
Brian Epstein, que nació seis años antes que Lennon, era un chico cultivado y amante de la música clásica, que procedía de una familia judía acomodada. Tuvo una buena educación, una adolescencia confusa —entonces se creía que la homosexualidad era una enfermedad— y algunas novias, ya que quería superar “ese mal”. Una de ellas fue Joanna Dunham, compañera de academia, que luego sería una actriz famosa —la María Magdalena de La historia más grande jamás contada, tras la recomendación de Marilyn Monroe—, pero su relación con las chicas nunca funcionaba, hasta que aceptó su homosexualidad y encontró a su primer amor, Joe Flannery, con el que coincidiría a lo largo de su vida, ya que también estuvo en el mundo discográfico.
Desde joven dio muestras de ser un eficaz vendedor, un buen gestor —antes de que lo expulsaran del Ejército se encargaba del papeleo— y un estupendo relaciones públicas, lo que le vendría muy bien para el momento en que decidió hacerse mánager de los Beatles. Esto sucedió el 24 de enero de 1964, cuando firmaron el primer contrato. Brian, sin abandonar NEMS —la tienda de electrodomésticos y música de la familia—, se propuso convertir a los Beatles en “algo más grande que Elvis”. Todos se rieron cuando hizo esta afirmación, que era una buena frase publicitaria, pero dos años después —para asombro de todo el mundo— lo había logrado. Los comienzos no fueron cómodos; no fue fácil buscarles conciertos ni discográfica en Londres, pero Brian tenía sus armas, sus trucos y sus aliados.
La historia de Brian y los Beatles —que no se inicia en el libro hasta la página 71— es lo más atractivo para el lector, aunque ya se conoce por otros libros tangentes sobre los miembros del grupo. Lo significativo, lo original —no, lo sustantivo— de este libro es la indagación en la vida privada de este joven apuesto y de buena familia, el viaje a esa zona oscura —que vivió en la intimidad—, mientras su vida pública resplandecía al ritmo del éxito de los Beatles y de su propio éxito como mánager. En muy poco tiempo creó la empresa NEMS Enterprises, representando a los músicos más destacados de Liverpool —en aquel tiempo de la explosión del skiffle había 350 grupos luchando por triunfar— y a Cilla Black, una jovencita de voz prodigiosa que le presentaron John y Paul y que se convertiría en una de las grandes estrellas británicas y que fue la única, junto a los Beatles, a la que llevó personalmente.
Es bien conocido que Brian civilizó a los Beatles, refinó sus modales, cambió su imagen y su forma de actuar, y resultó ser un entusiasta promotor y un buen organizador, que tuvo —ya en pleno éxito— algunos patinazos, como la mala negociación para los derechos cinematográficos, desprenderse de los Moody Blues o el no aceptar —se lo ofrecieron— a tres hermanos australianos… que eran los Bee Gees.
Quizás el punto más negro —su gran error— fue la negociación de las licencias del merchandising en Estados Unidos, en un negocio —el de la música de entonces— en el que merodeaban las mafias. Se cuenta en el libro que Brian Epstein no falleció por una desordenada ingestión de pastillas, como se ha creído hasta ahora, sino que su muerte fue una venganza mafiosa, precisamente por el dinero que hizo perder en Estados Unidos a mucha gente debido a la doble y confusa cesión de esos derechos, que movían millones. Philip Norman se apoya para tal afirmación en la frase que el mafioso británico Reggie Kray, que confesó a un periodista desde la cárcel “es fácil matar a alguien y hacer que parezca un accidente”, acusando a la mafia estadounidense.
No era una afirmación gratuita. Su hermano Ronny, él y los gemelos Kray, cabezas de la mafia londinense, habían planeado quedarse con los derechos de los Beatles, ya que tenían fotos comprometedoras de Brian, quien empezó a perder grandes cantidades de dinero en el juego —que controlaban ellos—, pero se les murió antes.
Y es que los últimos tiempos de Brian Epstein, sobre todo desde que los Beatles decidieron poner fin a las giras en agosto del 1966 y centrarse únicamente en las grabaciones, fueron confusos —ya no se veía necesario y presentía que le iban a volver la espalda en cualquier momento—, espesos y difíciles. Fue cuando el impecable Brian cometió errores incomprensibles, y personalmente se vio abocado a un mundo de pastillas, drogas, juego, sórdidos encuentros y profunda soledad. Hasta el mismo John, que siempre se había burlado cariñosamente de él, empezó a preocuparse.
Brian Epstein estuvo enamorado de Lennon, y juntos hicieron un viaje a España, país al que volvía de vez en cuando y que recorrió, ya que era un gran aficionado a los toros. De hecho, en el libro se cuenta que uno de los momentos más importantes de su vida fue cuando conoció al padre de Miguel Bosé; mejor dicho, al torero Luis Miguel Dominguín. Hay otras muchas anécdotas e historias que no vamos a contar aquí, sino remitir al libro, un libro muy recomendable para los fans más fervientes de los Beatles, esos que quieren saber todo sobre el grupo y sus alrededores, y en este sentido, es un buen complemento; pero un libro que fatigará al común lector y al fan medio de los Beatles, porque está lleno, llenísimo de nombres —Norman investiga minuciosamente—, la mayoría de los cuales ni nos suenan.
El libro de Cúpula, que suele editar con tanto esmero, me ha decepcionado: no ofrece un imprescindible índice onomástico —como sí tiene el de George Harrison— ni fotografías, algo que sí debe existir en su edición original, ya que el autor agradece las imágenes inéditas de Brian Epstein; dos limitaciones incomprensibles que tal vez tengan alguna explicación o quizás una falta de fe en la apuesta.
La beatlemanía, como todos conocen, se inició en 1963 y continuó creciendo hasta la separación del grupo en abril de 1970, a lo que siguió una década en la que, como todo fenómeno de masas y de moda, se fue mitigando lentamente. En 1980 asesinaron a John Lennon y partir de ahí —al poco saldría la biografía de Phillip Norman, best seller en Inglaterra y Estados Unidos— regresó con fuerza la beatlemanía, creció y seguirá creciendo, tal como apreciamos en las reediciones de sus discos, la continua publicación de libros y esas cuatro películas —¡atención, editores!— de Sam Mendes que se anuncian para abril de 2028. Los Beatles ya no son sólo un fenómeno musical y de fans, sino que se han convertido en una parte importante de la cultura y de la historia: los años sesenta en primera persona. Y todo ello no hubiera sido posible sin Brian Epstein —y, probablemente, sin George Martin—.




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