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‘Al este del Edén’: ¿Es posible liberarse del pasado?

‘Al este del Edén’: ¿Es posible liberarse del pasado?

La novela de John Steinbeck, publicada en 1952, fue adaptada al cine en 1955 por Elia Kazan, con James Dean y Jo Van Fleet como protagonistas, con tiempo solamente para la segunda generación de la familia protagonista, y tras una miniserie hecha en 1981 por la ABC estadounidense, con Timothy Bottoms y Jane Seymour al frente, en 2026 la nieta de Kazan, Zoe, creó y escribió otra adaptación, esta vez para Netflix. La acción tiene lugar entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, y cubre dos generaciones de la misma familia, los Trask, desde el final de la Guerra de Secesión estadounidense hasta la Primera Guerra Mundial. El patriarca, Cyrus, es un veterano de la guerra, que puede estar exagerando o no su papel en ella, y cría de una forma estricta a sus hijos, Adam y Caleb, en una granja en Connecticut. Cuando estos crezcan, tendrán que tomar sus propias decisiones sobre sus parejas, sus oficios y su camino en la vida, de acuerdo con las presiones de su padre y con sus propias personalidades. La acción acabará pasando luego al valle de Salinas, en California, donde Steinbeck nació y se crio y que conocía muy bien. Uno de los papeles más importantes, sin embargo, es el de Cathy Ames, cuyos rasgos principales son una fachada atractiva y una personalidad manipuladora y egoísta capaz de arruinar las vidas de otros, y repetidamente descrita como un monstruo.

[Aviso de destripes con lechuga congelada en todo el texto]

Steinbeck tiene una de esas biografías típicas de primeros del siglo XX, de las que ya se dan muy poco: corresponsal de guerra en la Segunda Mundial y en Vietnam, ganador de un Pulitzer y el Nobel de Literatura, vivió durante años al borde de la pobreza (llegando a robar bacon de las tiendas) y varios otros sostenido económicamente por sus padres, e incluso se metió en un extraño negocio de venta de maniquís que recuerda, al menos en su falta de éxito, al de lechugas congeladas que aparece en Al este del Edén. La grandeza de sus obras se basó en la atención y la compasión dirigida a la clase trabajadora de su California natal, aunque hacia el final de su vida sus reportajes elogiosos sobre las tropas estadounidenses en Vietnam traicionaron un tanto, en opinión de algunos, sus tendencias, si no de izquierdas (si lo era, fue contrario a extremismos como lo marxista), sí en favor de la clase obrera. Para entonces, Steinbeck tenía un hijo en la guerra y sus artículos lo que intentaban era alabar precisamente el esfuerzo de los soldados en sí, no necesariamente de la política de su país. Dicho lo cual, denunció mucho la cultura de la protesta ciudadana antibélica de finales de los 60 como una insurgencia estéril nacida del pasotismo, las drogas, las sectas y la revuelta contra la autoridad porque sí durante el mayor periodo de abundancia que nunca se había visto en la nación, lo cual le molestaba bastante, dada la necesidad que había llegado a pasar de joven. En los 50 se había ofrecido a la CIA para ser espía por Europa so capa de sus viajes como autor famoso, y aún no está claro si de verdad llegó a hacer algún tipo de encargo para la agencia.

Se considera que su obra maestra es De ratones y hombres, que tras décadas siendo designada como novela obligatoria en la educación secundaria de los países angloparlantes, ahora se va cayendo de casi todos los planes por considerar racista parte de su lenguaje, pero él consideraba East of Eden su magnum opus, la novela donde había volcado todo lo que había podido aprender de su profesión en sus 50 primeros años de vida. No fue muy bien recibida por la crítica, pero sí por el público, en lo que fue un ejemplo de divorcio de opiniones que le acompañó durante años y que solo se exacerbó aún más cuando Steinbeck ganó el Nobel. Él modestamente, consideró que no lo merecía, pero la crítica se cebó con él, e incluso se ha sabido en años posteriores que el jurado de los premios no estaba muy convencido por ninguno de los nominados de aquella edición (entre ellos Robert Graves, Lawrence Durrell y Karen Blixen) y Steinbeck fue considerado una especie de candidato de consenso. La trama de la novela puede considerarse incluso sensacionalista, con sórdidas historias de prostíbulos, envenenamientos, intentos fallidos de aborto, violencia entre hermanos, seducciones involucrando a menores y otros motivos escabrosos. Sin embargo, junto a ellos también hay lugar para el amor, la generosidad, el espíritu de emprendimiento y la búsqueda de liberarse de las cadenas del pasado, que es probablemente lo que más apele al público de hoy.

Steinbeck era protestante de ascendencia judía (el apellido original era Großsteinbeck, y correspondía a su abuelo paterno, cuyo hermano y cuñada fueron asesinados por musulmanes en Palestina a mediados del XIX), y la Biblia es una de las principales influencias de la novela: el título proviene del Génesis, en cuyo capítulo 4 se lee: “Caín salió de la presencia del Señor y habitó en la tierra de Nod, al este de Edén”. Ese capítulo narra la historia de Caín y Abel, cuyas iniciales coinciden con las de los dos primeros hermanos, Charles y Adam, y las de los mellizos de Adam, Caleb y Aron (Charles, como Caín, no tuvo descendencia). La Biblia es un libro que coloca un gran peso en el tema de la descendencia y el parentesco, con mensajes a veces contradictorios sobre los pecados de los hijos y de los padres o sobre ser o no el guardián de tu hermano. En la novela esto se traduce en la dura crianza que sufren Charles y Adam en la casa de su padre, Cyrus, que influye en ellos de tal modo que es él quien decide cuál de los dos debe ir a la guerra y cuál quedarse: a pesar de que Charles quiere y Adam no, acaba siendo al revés por la desconfianza que tiene Cyrus en las capacidades de decisión de sus hijos y de discernir el carácter de las personas, empezando por ellos mismos. Llega a decirle a Adam que lo manda a la guerra porque lo prefiere a él de los dos (“I love you better”) como demuestra el hecho de que se haya tomado el trabajo de machacarlo hasta entonces tan concienzudamente. ¿Serán capaces los hermanos de no replicar el patrón de violencia infantil cuando tengan sus propios hijos? ¿Podrán evitar ver la guerra como algo por lo que todas las generaciones han de pasar, pagando el cupo de rutina con sus vidas?

Y este tema es, de hecho, el que ha querido realzar Zoe Kazan en su versión de la historia, solo que a través del personaje de Cathy. Cathy en la serie hace todo lo que hace en el libro: intenta provocarse un aborto con una aguja de tejer, se fuga de casa nada más parir para nunca más volver, llegando a dispararle a su marido, acaba como prostituta en un pueblo cercano, y luego como dueña del local tras trabar amistad con la propietaria anterior y luego envenenarla y luego convertirlo en un antro de sadismo y chantaje… Todas las fechorías que contribuyeron al éxito del libro, por contener a uno de esos malos “a los que amas odiar”, están ahí en la pantalla. Pero se da a entender que esa infancia suya que el libro interpreta como un malévolo preludio de seducciones inicuas, causando la ruina de quien cae en sus diabólicas redes, fue en realidad quebrada irremediablemente por haber sufrido una violación a esa edad tan impresionable. Puede que Cathy ya fuera a ser de por sí egoísta y carente de empatía, pero esa violencia sexual sufrida se convierte en clave de su comportamiento futuro. Quizá todos llevemos algo así en nuestro interior hasta cierto punto, y la propia Kazan ha dicho que “creo que todos llevamos un poco de sangre monstruosa dentro, y quizá yo también sea un monstruo”. Steinbeck, que documentó el proceso de escritura de esta novela a base de cartas escritas a otra gente, dejó dicho en ellas que el mal no es necesariamente algo ajeno a nosotros, pero hay momentos en los que algo o alguien puede abrir de manera fatídica esa caja de Pandora con un abuso temprano y ya incurable para los restos. Cathy se enfrenta a ello con el ejemplo de Alicia en el País de las Maravillas, y la botellita de agua con azúcar que serviría para hacerse diminuta, y por tanto invisible a los monstruos anteriores, los que ya estaban ahí antes que ella. Al final nunca tuvo que usarla… porque lo que al final puso dentro de esa botellita era veneno, que arregla los problemas de otra forma.

Según Kazan, “esta historia trata sobre la herencia, el legado, cómo el pasado influye en el futuro y cómo podemos liberarnos de él”. Florence Pugh, la actriz que encarna a Cathy de manera memorable, también intenta tirar por ahí: “Me enorgullece muchísimo intentar encontrar maneras de humanizar a personajes femeninos que antes no gustaban al público. ¿Cómo conseguimos que el público se detenga, piense y sienta empatía por ella de una manera que no se haya visto antes?”. O sea, en vez de “ella es así y ya está”, la pregunta que intenta responder es cómo llegó ella a ser así. “¿Hace Cathy cosas terribles? Absolutamente. ¿Es producto de la situación en la que creció? Por completo. No puedes sufrir una violación en la infancia y estar perfectamente bien durante el resto de tu vida”. Esta “humanización” del villano encuentra ecos desde, por ejemplo, el Drácula de Coppola y pasa luego por personajes detestables pero memorables como Tony Soprano, Walter White o Vic Mackey: se puede seguir odiándolos, pero al menos sabes cómo llegaron a ser así, y hasta puedes llegar a preguntarte qué harías tú en su lugar. “Me encanta encontrar personajes a los que la gente considera automáticamente villanos e intentar encontrar una manera de que los quiera”, o más matizado, “es mi trabajo utilizar mis habilidades como actriz lo mejor posible para poder argumentar en su defensa”.

A su Cathy seguramente se le ha quitado la posibilidad de que así fuera, y entonces solo quedan los Trask para intentar mostrar si puede uno liberarse de su pasado o no. Adam pensaba que con su mudanza al valle de Salinas, al otro extremo del país, por fin iba a librarse de todo contacto con su difícil juventud, pero la fuga de Cathy le hace caer en una depresión que pone de relieve a los sobresalientes personajes del inmigrante irlandés Samuel Hamilton (Ciarán Hinds) y el sirviente chino Lee (Hoon Lee), que empezarán a ejercer de padres adoptivos de los recién nacidos. Uno pensaría que es en la familia donde uno debe apoyarse en los malos momentos, pero en este caso tuvieron que ser el vecino generoso y el sirviente con conciencia quienes intervinieran para que la rotura con el pasado no terminara en fracaso.

Hamilton abandonará la historia pronto en la serie, y con él el resto de su familia, que en la novela tienen un peso mayor. Kazan dijo que tenía previsto un octavo episodio centrado en ellos, como hace el libro, pero que resultaba tan caro que con solo eliminarlo recortó el presupuesto en un tercio. Pero a cambio Lee acabará convertido en el hallazgo de la trama. Puede parecer que lo de las familias desestructuradas es algo moderno, debido a las leyes de divorcio y a una mayor posibilidad de decisión sobre tu estilo de vida, al menos en algunos lugares, pero solo hay que hojear cualquier novela del XIX para encontrarse con ahijados, abuelos, amas de cría, huérfanos, padres adoptivos y todo tipo de arreglos familiares muy diferentes a los de la “familia nuclear” preceptiva. Lee rompe cualquier tipo de expectativa sobre lo que podría ser su personaje, hablando inglés perfectamente, habiendo leído de manera crítica y estudiosa la Biblia y demostrándose como alguien capaz para los negocios pero sin tampoco ser el típico cerebrito “oriental” supercientífico. Es también quien nos proporciona uno de los leitmotivs de la historia, la palabra “timshel”, mal traducida en la Biblia, y que significa “thou mayest” en inglés antiguo, y “puede usted” en español, en el sentido de tener el permiso para hacer algo, lo cual desemboca en el tema del libre albedrío y de la negación de la predestinación: puede que Dios sepa lo que vas a hacer, y no te prohíba hacerlo más que con la palabra revelada que ya envió, pero quien escribe ese libro con cada cosa que hace eres tú mismo. Eso es una liberación… y también una responsabilidad.

La persecución del pasado continúa con cada nueva generación. Los mellizos consiguen crecer con el recuperado Adam como padre de verdad y Lee como, de facto, la madre (es de agradecer que Kazan no haya intentado meter ahí ningún tono homosexual entre los dos hombres, cosa que habría sido prerrogativa suya, pero está demasiado visto últimamente), aunque ese pasado resurge de nuevo al averiguar Caleb dónde está su madre ahora y a qué se dedica. La importancia del dinero, con el fracaso de las verduras congeladas y el éxito posterior de la empresa de venta de coches, junto al deseo de Cal de impresionar a su padre, se mezcla con el deseo de venganza de Cal, provocando que Cathy vuelva a entrar en la vida de los Trask, de igual forma que hace una nueva guerra, cobrándose la vida del en principio pacífico Aron. Y cuando ya solo quedan Adam y Cal, y es necesario decidir, en el lecho de muerte, si perdonar o no, timshel cobra su significado completo. Sí, puedes. Es posible liberarse del pecado y del peso de todo lo anterior.

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