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Miguel Aute: «Los seres humanos somos muy fácilmente manipulables»

Miguel Aute: «Los seres humanos somos muy fácilmente manipulables»

Miguel Aute debuta en la ficción con una novela compleja, El Umbral (Contraluz Editorial), una historia distópica en la que la sociedad vive bajo un paradigma siniestro que permite su propia autofinanciación.

Esta obra, ambientada en Estados Unidos, supone una vuelta de tuerca a la sociedad del espectáculo que vivimos a través de la sobreexposición en redes sociales, planteando que la viralización del mal podría generar beneficios económicos a los estados que se acojan a la Ley del Umbral. La Ley del Umbral es el paraguas que justifica crímenes cruentos y mediáticos realizados por los “profesionales”, asesinos que ejecutan asesinatos y cuyas acciones los han convertido en estrellas mundiales.

Este es el espeluznante trasfondo en el que se desarrolla la trama de este thriller. Estamos en 2073, en Estados Unidos y uno de los más famosos profesionales, El Loco, acaba de ser asesinado. La novela sigue al inspector Cassidy en una investigación que avanza muchas veces a contracorriente de la sociedad distópica en la que viven y de los nuevos estándares de moralidad del país.

Zenda se reúne con el autor en el OnlyYou de Atocha, pocos días antes de la puesta de largo de la novela. Hablamos con Aute de homenajes literarios y cinematográficos, de cómo surgió una historia como esta, de creación literaria y de cómo la sociedad acaba desdibujando los límites entre lo moral y lo ético.

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—Arranca la novela con un homenaje a Cien años de soledad

—Un poco, sí.

—¿Qué lecturas han conformado al escritor que es hoy o al escritor que quiere ser?

"Cien años de soledad es mi libro favorito. Nadie me lo había comentado, pero ahí está el homenaje"

—Entre ellas Cien años de soledad, que creo que es mi libro favorito. Nadie me lo había comentado, pero ahí está el homenaje. Arranca como cuando el coronel Aureliano Buendía está ante el pelotón de fusilamiento. Es una obra maestra tan grande que ojalá me hubiese influenciado suficiente. A nivel narrativo: Orwell, Huxley… pero es cierto que el arranque de Cien años de soledad se me ha quedado.

—¿Qué es la Ley del Umbral?

—Un nuevo paradigma que se instala en este futuro distópico en el que se toma en serio, se toma al pie de la letra la frase de “pagar tus deudas con la sociedad”. Se considera que, a partir de que los asesinatos se graban en vídeo y son visualizaciones que generan ingresos por publicidad, se considera que eso puede usarse como combustible para relanzar las instituciones, de Estados Unidos en este caso. Una sociedad se impulsa con el bien, la cooperación, la fraternidad… El mal nunca se había considerado un combustible para este tipo de sociedades. A partir de la Ley del Umbral, ese paradigma incluye el mal como una característica más, que puede ser beneficiosa. A través de la Ley del umbral, que es pagar tus deudas con la sociedad, se considera que si pagas económicamente y mejoras la sociedad lo suficiente, has pagado literalmente tu deuda con la sociedad.

—¿Cree que llegaremos en algún momento a una situación similar?

"Los cambios que hoy en día nos pueden parecer muy bruscos, en cuestión de dos o tres meses nos pueden parecer reales"

—Es muy poco probable pero no imposible. Los cambios que hoy en día nos pueden parecer muy bruscos, en cuestión de dos o tres meses nos pueden parecer reales. Lo estamos viendo con la tecnología, lo hemos visto a lo largo de la historia con un montón de situaciones. Es como preguntarle a alguien hace doscientos años si cree que podría estar viendo la imagen de una persona que no está, o que está al otro lado del mundo, a través de una pantallita. Incluso la tecnología de las películas de ficción se queda atrasada. A nivel tecnológico no lo descartaría, pero a nivel moral todo es posible.

—En la novela, en el año 2048 se firma un tratado para detener el desarrollo de la IA. ¿Cree que en la realidad podemos esperar tanto? ¿Podemos esperar hasta 2048 para frenarla?

—En la novela se espera tanto porque entre medias ocurre una catástrofe y la IA desaparece y entre que vuelve a aparecer y se legisla pasa tiempo. En nuestro caso no soy muy fan de las regulaciones en ese sentido, pero entiendo que esto es diferente. La IA es diferente. Llegado a cierto punto es como poner en manos de la población armas nucleares. No quiere decir que no deban existir, pero desde luego tienen que estar reguladas para que no cualquiera pueda usarlas. Eso no quiere decir cualquier tipo de IA: una más estable, como la que tenemos hoy en día a nivel usuario, creo que debe estar permitida e incluso avanzar en ella. Pero lo que es una súper Inteligencia Artificial no creo ni siquiera que las altas esferas o sus creadoras puedan lidiar con ella. No puedes intentar controlar un ser que puede ser un ser superior.

—¿Cómo se le ha ocurrido esta historia? ¿Ha habido algún episodio o alguna noticia que le haya inspirado?

—No. Fue a través de unos vídeos de YouTube, que eran bromas muy pesadas pero muy bien producidas. Fue a partir de ahí que construí todo un corpus que revistiera esa historia, que tuviese sentido, que fuese lógico y no tuviera agujeros.

—¿Ha escrito una distopía porque si afirmase que esto es una realidad no le creerían?

—De momento es distópico. En la propia novela se contempla que es distópico. Ocurre en Estados Unidos. En el resto del mundo no han hecho ese clic moral de llegar a esos extremos, aunque sí lo consumen.

—¿Cree que la literatura debe servir, además de para entretener, para denunciar?

—La literatura puede servir para muchas cosas: denunciar, entretener, enseñar, instruir… Es una herramienta en manos de su autor.

—¿Qué ha aprendido del ser humano, de los límites morales, sociales que nos marcamos cuando ha escrito esta novela?

"No es descabellado que cualquier cosa que leamos en una distopía podría llegar a ocurrir"

—La capacidad que tenemos de parecer una sociedad distópica. Lo que está en los libros de distopía suele considerarse ficción, y lo es, pero al ir escribiendo —han ido ocurriendo mientras tanto muchas cosas como, por ejemplo la pandemia— te vas dando cuenta de que no es para nada descabellado, que los seres humanos somos tan tontos como el más tonto de nosotros, que somos muy fácilmente manipulables, y no es descabellado que cualquier cosa que leamos en una distopía podría llegar a ocurrir.

—Es una novela muy cinematográfica, tiene un ritmo muy rápido, muy marcado. ¿Qué películas o qué guiones han sido referentes a la hora de escribir?

—De todo tipo. No me he inspirado concretamente en algo. Soy muy fan de series como Juego de tronos, que me parece una maravilla de adaptación, de producción. La primera temporada de The Boys es muy curiosa y ahí sí que podría haber cierta influencia, aunque es más entretenimiento. Hay una serie que me sorprendió mucho hace unos años, un spin-off de Star Wars de Disney. Si nos vamos a mis orígenes, a mis estudios, películas como Ciudadano Kane o El tercer hombre. Ese tipo de cine negro puede haber dejado resquicios en esta obra.

—Cuéntenos el proceso de escritura de este título: cómo ha elegido los escenarios, inventado estos nuevos métodos de transporte, esta idea de que la climatología esté controlada por el estado.

"Hay mucho de Orwell, por ejemplo en el tema del Ministerio del Clima, que es un homenaje a Orwell"

—Hay mucho de Orwell, por ejemplo en el tema del Ministerio del Clima, que es un homenaje a Orwell. El transporte igual: los vehículos autónomos ya están aquí. Simplemente que no haya una persona conduciendo es lo que viene a revolucionar el transporte de todo tipo de máquinas. Los escenarios fueron surgiendo según iba avanzando en la escritura de la novela. La novela me ha llevado a ellos. Ahí están las influencias del cine negro en el tren, la estación, en el hotel… Según me iba pidiendo la novela ir a un sitio o a otro le he ido haciendo caso. Barajé varios títulos: al principio se llamaba La cuota, luego Los profesionales, más tarde Un bien mayor y finalmente El Umbral. Con él podía jugar al doble sentido: no sólo el umbral de visitas sino también el umbral entre el bien y el mal.

—Ha desarrollado previamente una carrera artística, en el audiovisual, en la pintura. ¿Por qué este libro?

—Una cosa me ha llevado a la otra. Estudié cine porque me gustaba mucho. Hacía un trabajo técnico, de fotografía, en el departamento de imagen. Eso te acerca al cine pero no tanto a lo que a mí me gustaba, que eran las historias. Me puse a hacer guiones y me di cuenta de que lo que me gustaba era crear las historias. En un impasse de trabajo que tuve en 2016 empecé a dar vueltas a la idea de escribir. Tenía esta idea rondando, me habría gustado hacerla en un cortometraje, un guión, pero al final di el salto porque las dimensiones de la historia no se ajustaban a un guión de cortometraje. Lo más adecuado era la novela.

—¿Es usted escritor brújula o escritor mapa?

"Eso que al principio crees que son cuatro cabos sueltos que puedes ir cerrando mientras escribas, se te van a hacer bola y no habrá manera de parchearlos, así que cierra todo bien, desde el principio, al milímetro"

—Más bien mapa. Empecé probando como brújula, pero no había manera. (Risas) Soy más de mapa. Me hice una pizarra, llena de post-its, con cuartillas iba trabajando las historias, ordenándolas… Casi me vuelvo loco. Al principio iban a ser 10 capítulos pero llegó un punto que… tuve que estructurar, eso ayudó mucho a la novela, después fui tomando notas, escribiendo en el iPad, corrigiendo, cambiando de lugar…

—¿Por qué o para qué escribe?

—Porque tenía una historia que contar y me aparecía contarla.

—Comenta que fue en el 2016 cuando empezó a darle vueltas a la idea de escribir esta novela. Si ahora pudiera viajar en el tiempo, a 2016, ¿qué consejo se daría a sí mismo?

—No sé si es contraproducente darme consejos porque uno tiene que pasar por ese proceso para aprender. Perro teniendo en cuenta que a mitad de la novela tiré 300 páginas a la basura y volví a empezar, me diría: “Eso que al principio crees que son cuatro cabos sueltos que puedes ir cerrando mientras escribas, se te van a hacer bola y no habrá manera de parchearlos, así que cierra todo bien, desde el principio, al milímetro”.

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