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Actualizar el mensaje

Hace unos días tuve una comida muy agradable con Raúl del Pozo, que ya es una leyenda entre los periodistas, y Rafael Ramonet, ingeniero, presidente de Prestomedia, hombre muy informado y de fina inteligencia, si el lector me permite estos elogios tan merecidos.

Hablamos de muchas cosas, todas muy interesantes, pero al final hablamos sobre Dios, tema que yo sé que a Raúl le importa mucho. Tanto Ramonet como yo somos hombres de fe, y Raúl, en mi opinión, es un hombre que quiere creer pero que no acaba de encontrar la fe racional. Es posible que en realidad crea pero que se lo cuestione con frecuencia, que es algo que yo pienso que le ocurre a bastante gente. Tal vez los raros seamos gente como Rafael y como yo, que nunca tenemos dudas sobre Dios, sobre nuestra fe. En fin, al menos yo; ahora hablo por mí mismo, porque no puedo estar en la cabeza de los demás.

Por supuesto, la fe no es racional; tiene más que ver, quizá, con el instinto.

—La fe —le dije a Raúl— te da una seguridad.

"Llegué a la conclusión de que ese lenguaje simbólico, narrativo, se había quedado antiguo, tal vez obsoleto"

Raúl criticaba la Biblia, su violencia, por ejemplo, concretamente la del Antiguo Testamento, y tenía razón, pero hay que tener en cuenta la época en la que fue escrita y el tiempo al que se refiere. Raúl decía, empero, que el Nuevo Testamento era diferente, que los Evangelios eran diferentes. Pero el gran escritor y periodista no tenía en cuenta, si no recuerdo mal, el lenguaje simbólico de la Biblia, mítico, es decir, la forma que tiene, mediante relatos, símbolos, parábolas, de transmitir sus signos, diría yo ahora, su mensaje, su significado.

Llegué a la conclusión de que ese lenguaje simbólico, narrativo, se había quedado antiguo, tal vez obsoleto, o en parte al menos. Quizá estuviera bien como cultura, como forma troncal y esencial, además, de nuestra cultura. Pero hoy en día necesitamos algo distinto para llegar a la gente.

Salí de la comida con mucha información —hacía mucho que no nos veíamos, desde antes de la pandemia—, pero también con la idea de que ese “mensaje”, ese significado, por llamarlos de alguna manera, de la Biblia, de Dios, Moisés, Jesús… en suma, de trascendencia y amor, había que actualizarlo. Y que aquello no era obra de una persona, sino de muchas, como en el fondo sucede en la Biblia.

"Porque también la religión hay que comprenderla, que no es lo mismo que entenderla"

Pienso, me puedo equivocar, que Raúl, que es una persona muy inteligente e inquieta, quiere creer en Dios, pero se encuentra con un lenguaje que no le convence, que no le llega, que le parece ingenuo e infantil muchas veces, por no hablar de toda esa dureza y violencia que en efecto tiene el Antiguo Testamento.

Desde niño tuve una fe muy fuerte. Estudié en un colegio católico que me enseñó mucho sobre Dios, sobre la religión, sobre los textos sagrados, la cultura católica… Pero yo creo que eso, con ser tan importante y sin haberlo olvidado nunca, no es lo esencial. Lo esencial es mi condición de ser religioso, de persona predispuesta para Dios y la religión. El teólogo suizo Hans Küng decía que si él hubiera nacido en otro lugar habría tenido otra religión. Creo que lo mismo me sucede a mí. Por eso me interesan otras religiones y por eso trato de respetarlas a todas. De comprenderlas. Porque también la religión hay que comprenderla, que no es lo mismo que entenderla, se me ocurre ahora.

Finalmente diré que Raúl del Pozo, aunque parece ateo, cree, como Voltaire, que si el Universo es un reloj tiene que haber un relojero.

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