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Alberto Fuguet, y las vanidades del mundo editorial, en La Nación

Alberto Fuguet

El escritor chileno Alberto Fuguet es protagonista en La Nación. El autor de Sudor habla en la entrevista de su deuda con Manuel Puig y del “cotilleo del mundo literario”.

Acaba de cumplir 52 años, pero aún se siente como el chico curioso que se crió feliz, en los suburbios spielbergianos de California. Claro que en lugar de ir tras un tesoro perdido, “como Los Goonies“, la búsqueda de Alberto Fuguet está en escribir o filmar historias de personajes que, casi siempre, andan a la deriva, con Santiago de Chile -ciudad en la que él aterrizó traumáticamente desde los Estados Unidos, en plena dictadura, cuando tenía once años-, como escenario.

En No ficción y Sudor -títulos de Penguin Random House, su nuevo sello editorial-, que presentará en la 42a. Feria Internacional del Libro de Buenos Aires (comienza este jueves), el periodista, escritor y realizador trasandino aborda de manera directa la temática gay, que hasta ahora había insinuado sólo en pantalla. Según dice, junto con Invierno (2015), su film de cinco horas sobre un escritor suicida y su grupo cercano, son parte de una “trilogía del deseo y la amistad masculina”.

No ficción es la historia de Álex, un escritor exitoso, y Renzo, un ex asistente de dirección que escribe reseñas sobre películas clase B, quienes se juntan una tarde en un departamento a ajustar cuentas sobre su relación ambigua y fallida. El libro, con tintes autobiográficos, fue recibido positivamente por la crítica cuando se lanzó en 2015. Es frontal en el lenguaje sexual, con apelativos que se repiten como zorrón, bro, perrohueón. Más extrema es Sudor, flamante novela de 600 páginas que protagoniza un editor homosexual, cínico y aficionado a Grindr -red social gay- que debe encargarse de acompañar a un famoso escritor del Boom, inspirado en Carlos Fuentes, durante una edición de la Feria del Libro de Santiago. La prosa, los fragmentos de cartas y presuntas entrevistas, los mensajes de Grindr y WhatsApp y las anécdotas fechadas alternan en el texto, que es a la vez un intento de burla de las vanidades del mundo editorial.