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Alcalá, 2019: memoria tangible de la poesía joven

Alcalá, 2019: memoria tangible de la poesía joven

Es una cuestión de sentidos, supongo. Al principio, el olor: cuando las cosas aún estaban a ciegas y apenas se podía vislumbrar el zarpazo, Elena Medel fundó La Bella Varsovia. Aquel proyecto, impulsado por una poeta adolescente con voz difícilmente clasificable, olía a pura juventud. No por lo obvio, no por la naturaleza biográfica de su fundadora: aquella cosa que se revolucionaba en seco tenía mucho más que ver con la estética, con la pretensión lejana de vertebrar algo que apenas alcanzaba a distinguirse con el sentido del olfato. Después, las demás cosas. A la vista está: decenas de poetas, desde Luna Miguel a Rosa Berbel; desde María Sánchez a Gonzalo Hermo, cubriendo las páginas, rellenando antologías que funcionan en el sentido opuesto a una antología de las que se venían realizando en España en los últimos tiempos; proyectando, no recogiendo. Ahora, la cosa más lejana para una generación surgida y madurada sobre las hebras de las redes sociales: el tacto. La vocación generacional se registra aquí ya en lo fáctico: nace el Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares.

"Creo que lo interesante es generar un discurso paralelo y propio por nuestra cuenta, que ahora mismo ya está creado. El principal problema que ahora se nos presenta es el de la marginalidad, el de estar creando un espacio que sólo nos alimente a nosotros mismos"

Sus promotores son Andrea Abreu (Tenerife, 1995) y Luis Díaz (Alcalá, 1994), dos jóvenes periodistas culturales que significan la prolongación de este grupo de poetas allende los muros de la propia poesía; de este grupo que pretende reivindicarse a sí mismo mediante la toma del espacio mediático y, por qué no, del anquilosado mundo de la gestión cultural. Sin ir más lejos, muchos de los poetas que podríamos ubicar en el interior de este diálogo generacional han pisado ya el acelerador en proyectos editoriales —es el caso de Ángelo Néstore en Dalloway Ediciones; o Unai Velasco en Ultramarinos Editorial— o revistas especializadas —el ejemplo más representativo es OcultaLit, dirigida por el poeta Diego Álvarez Miguel—. Sin ir más lejos, los dos directores del festival han sido colaboradores de esta última publicación.

Andrea Abreu, además, entrelaza su labor periodística con el ejercicio poético: hasta la fecha ha publicado el fanzine Primavera que sangra y el poemario Mujer sin párpados (Versátiles, 2017). Ella explica así el hecho de que esta generación trate de generar sus propios espacios más allá de las redes sociales, en las que se han fraguado los vínculos entre muchos de sus miembros: «Frente al discurso hegemónico, pienso que la clave está en no intentar acceder a él. Creo que lo interesante es generar un discurso paralelo y propio por nuestra cuenta, que ahora mismo ya está creado. El principal problema que ahora se nos presenta es el de la marginalidad, el de estar creando un espacio que sólo nos alimente a nosotros mismos. En buena medida, ese es uno de los motivos por los que Luis y yo hemos decidido organizar el Festival de Poesía Joven: que todo el diálogo que estamos generando se expanda hacia el exterior«.

Sin embargo, el evento en que se ha transformado este festival tiene también mucho de reunión, de confluencia física de una serie de personas que —como apuntaba previamente— apenas sostienen su contacto a través de las redes sociales. Twitter, de alguna manera, se ha convertido en el equivalente a los clásicos cafés o a las residencias de estudiantes que sirvieron, un siglo atrás, como márgenes de contacto para varias generaciones poéticas. «Teníamos la necesidad de juntar físicamente a una serie de personas que han conformado, a través de las redes, una especie de vínculo común, de ofrecer una continuidad tangible a una comunidad que nunca ha tenido la oportunidad de sentarse alrededor de una mesa a discutir, a leer poemas, a debatir sobre una serie de temas que se han convertido en constantes».

"Lo que ocurre es que, cuando nos meten en algún festival literario, lo que hacen es introducirnos como fenómeno, como si fuésemos un animal exótico"

El hecho de que este festival se vaya a organizar en una localidad como Alcalá de Henares resulta muy significativo por dos motivos: el hecho de que se trate de una ciudad en la periferia territorial de Madrid —del mismo modo que este grupo de poetas habitan la periferia del status quo—; y la vinculación histórica de Alcalá de Henares con Miguel de Cervantes. Andrea Abreu lo desarrolla: «De cara a la propuesta que presentamos al Ayuntamiento de Alcalá, la cuestión de la renovación fue uno de nuestros principales argumentos, y creemos que funciona de manera simbólica: queríamos que la ciudad dejase de vincularse, de alguna manera, a una literatura anquilosada y antigua; queríamos ofrecer una visión renovada, una mirada vanguardista».

Este es, de hecho, el primer festival íntegramente dedicado a la poesía joven —escrita por autores nacidos en la década de los 90 y en los 2000, apuntan— que se lleva a cabo en nuestro país. «Lo que ocurre es que, cuando nos meten en algún festival literario, lo que hacen es introducirnos como fenómeno, como si fuésemos un animal exótico. Pienso que somos una especie de cupo a cubrir: por un lado, los poetas de verdad, ya mayores y consolidados; por otro, un par de personas jóvenes. Tanto yo como Luis buscábamos crear un espacio en el que no fuésemos monos dentro de una jaula, sino realmente una comunidad de poetas, que es lo que somos. Y no somos tan pequeños como nos ven».

Todo esto entronca con el segundo motivo fundacional del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares: la necesidad de asumir el mando de la gestión cultural. «Es cierto que la juventud se percibe, a menudo, como algo positivo, pero pienso que no es así cuando se habla de generar proyectos. Digamos que tanto las instituciones como los cupos de poder están llenos de personas adultas, como mínimo mayores de 30 años, con enormes reticencias a que nosotros demos el salto y empecemos a ocupar esos lugares». La relación intergeneracional se produce, pues, con gesto siempre vertical. «Cuando era más pequeña, solían decirme aquella cosa de para ser tan joven escribes muy bien. Lo percibía como un halago. Ahora, pasado un tiempo, veo que no lo era: era una forma de aislarnos. Al igual que ocurre con la literatura escrita por mujeres, creo que la literatura escrita por personas jóvenes sigue estancada en un espacio marginal».

"Pienso que esta generación está muy pendiente de las cosas que se hacían antes y los temas heredados, pero también creo que todos sus miembros comparten una mirada direccionada que se construye desde los feminismos y la renovación"

Pese a todo, muchas de las personas que intervendrán en el Festival de Poesía Joven de Alcalá —compuesto por una serie de mesas de debate, dos talleres impartidos por Juan F. Rivero y Rodrigo García Marina y una serie de recitales— han accedido ya a posiciones de relativo status quo. En este sentido, Andrea Abreu apunta que el hecho de participar o no de los mecanismos mediáticos aceptados genera un discurso despejado por completo de la realidad. «Pienso, por ejemplo, en el fenómeno que ha generado Rosa Berbel tras la publicación de Las niñas siempre dicen la verdad en Hiperión. Se habla de ella como si hubiese salido de la nada, cuando lo cierto es que lleva ya muchos años escribiendo«. La irrupción en Hiperión, sin embargo, empieza a ser significativa: Ángelo Néstore y Jorge Villalobos se llevaron su premio en los últimos años; Carlos Catena Cózar acaba de hacerlo ahora mismo. Además, el próximo poemario de Rodrigo García Marina, Edad, también se publicará en esta editorial.

Si se presta atención a las líneas temáticas trazadas por los eventos del festival, se aprehenden también algunos de los círculos de discusión fundamentales de esta generación: cuerpos, deseo, genealogía familiar, identidad sexual. «Volviendo a la idea del hecho particular y la cosa rara, creo que queríamos hacer este festival para que estos temas que esgrimimos estuviesen en el centro del debate y no fuesen una especie de subtema. Pienso que esta generación está muy pendiente de las cosas que se hacían antes y los temas heredados, pero también creo que todos sus miembros comparten una mirada direccionada que se construye desde los feminismos y la renovación: tiende a coger cosas de antes para construir un ahora reformulado desde su propia mirada. Creo que una de las principales características de esta generación es que está montando algo totalmente nuevo. Es rupturista en su forma de comprender la poesía como un eje de acción dentro del momento social actual».

"En la distancia cibernética se ha construido una red que este fin de semana, en Alcalá de Henares, cobra formas tangibles"

Regresemos al concepto de la marginalidad, introducido por Andrea Abreu a la hora de tratar de dibujar el perfil de esta generación que ahora se materializa en el seno abierto del Festival de Poesía Joven de Alcalá de Henares: «Creo que otra cosa que nos vertebra es que, habitualmente, se confunde nuestra falta de oportunidades con una supuesta incapacidad para hacer cosas. De algún modo, estamos haciendo esto para demostrarnos a nosotras mismas que somos capaces de hacerlas, independientemente de si desde fuera lo piensan posible o no. Estamos creando desde la mediocridad y desde la incertidumbre, ante la incapacidad de ver el futuro con nitidez. A diferencia de lo que ocurría en el caso de nuestras madres y padres, nosotros alzamos la mirada hacia el futuro y no vemos nada. Hemos aprendido a convivir con eso, con esa sensación de fractura constante. Y, claro, esa fractura ha diseñado a una generación llena de miedos y ansiedad, pero también a una generación esencialmente creativa«.

Será por nombres: Luna Miguel, Juan F. Rivero, Elizabeth Duval, Rosa Berbel, Rodrigo García Marina, Diego Álvarez Miguel, Yasmín C. Moreno, Óscar García Sierra, Ismael Ramos, Inés Martínez, Ana Castro, Irati Iturritza, Gema Palacios, Emily Roberts, Sara Jiménez. Y el apunte constante, como una percusión atronadora en la cabeza, de que sus figuras no representan más que a la cabeza de un animal vertebrado e inmenso, de una fiera decidida a armarse con la palabra poética como principal mecanismo de transformación social. En la distancia cibernética se ha construido una red que este fin de semana, en Alcalá de Henares, cobra formas tangibles. Es una cuestión de sentidos, supongo. Una cuestión de tacto.

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