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Novelas negras breves para gente sin tiempo

Novelas negras breves para gente sin tiempo

“Yo es que no tengo tiempo para leer”, escucho decir a alguien acodado en la barra del bar. Vivimos a toda velocidad: trabajo, casa, compra, hacer deporte, quedar con los amigos, acompañar a los hijos a las actividades extraescolares, cultivar una afición, llevar el coche al taller, asistir a esa charla tan interesante, estar informado de todo y a todas horas, mantener las redes sociales, dedicar tiempo a familia y amigos, llamar al fontanero y, faltaría más, verse todas las series de Netflix catalogadas de imprescindibles sólo este mes. Leer requiere esfuerzo, atención y, sorpresa, tiempo. La vida nos engulle y, según los datos del Gremio de Libreros, la lectura está perdiendo la batalla.

Cuando se entra en esa dinámica es difícil escapar. Regresar al hábito lector a veces es más psicológico que real. Pero para todo hay un remedio, y el que propongo es bien sencillo: lean libros cortos. Imaginen el placer de arrancar una novela de 100 páginas y a los 15 minutos comprobar que ya llevan leída una cuarta parte. De una sentada. O que apenas le quedan 70 páginas para acabar un libro. Es el placebo motivacional del lector sin tiempo. Y, si se aplican, pueden soltarle a sus amigos eso de “esta semana me he leído tres libros”. Yo solito, como un campeón.

"Apuesten por las novelas cortas, fanfarroneen de que han leído las obras completas de Juan Rulfo ante sus amigos"

Bromas aparte, este preámbulo me sirve para presentar el siguiente artículo. Se trata de una reseña conjunta de varias novelas que tienen en común cuatro factores: están escritas por autores españoles, son de una calidad excelente, tratan el género negro y son bastante breves.

Moscas, escrita por Agustín Pery y editada por Pepitas de Calabaza a finales del pasado año, es un ejemplo claro. Primera novela del autor publicada en una editorial independiente, de apenas 100 páginas, pero de una calidad sobrecogedora. Ambientada en Mallorca, Pery saca a relucir una prosa contundente y socarrona para contar una historia muy bien atada. A Pery se le notan los galones del periodismo: conoce los entresijos de la ciudad, de sus ciudadanos, sus miserias, sus secretos. El asesinato de un periodista dará pie a una serie de terribles sucesos provocados por personajes de los que dejan huella. Además, presenta al inspector Altoaguirre, un policía rudo que se alza como el protagonista indiscutible de esta historia coral. Un impresionante debut que no deja títere con cabeza.

Otro que se lanza a la novela negra con muy buen tino es Marto Pariente con Una bala para Riley (Cazador de Ratas, 2018). En apenas 160 páginas asistimos a todo un despliegue de violencia (en las primeras páginas hay una muerte cada dos capítulos) y de personajes rocosos pero vulnerables. El autor destaca por una prosa dura a la vez que sugerente, donde la sombra de Chandler se hace notar en unos diálogos muy cuidados. Pariente tiene algo a lo que muchos escritores aspiran pero pocos logran: un mundo propio, con sus códigos y particularidades, pero tan anclado en la realidad que da miedo. Un escritor y una obra que merecen más repercusión de la que se les ha dado hasta ahora.

De Julián Ibáñez me queda bien poco que decir. Si pinchan sobre mi nombre en Zenda, verán que varias de mis reseñas van hacia cada novedad que saca el maestro de la novela negra, y dado su ritmo de producción actual son varias citas al año. En La catequista (Cuadernos del Laberinto, 2018) nos reencontramos con Bellón, un buscavidas que siempre se mueve en arenas movedizas. Esta vez le toca hacer de chófer, pero todo se complicará a raíz de una decisión en la que Bellón se jugará la vida a todo o nada. Ibáñez teje quizá la novela más clásica de toda la saga y añade nuevos elementos al universo de Bellón al mismo tiempo que cierra algunos cabos sueltos de anteriores entregas. Tras leerla, uno no sólo puede pensar que se trata de un prólogo de lo que estará por venir, al presentar personajes y situaciones que tendrán su importancia de cara al futuro. Un momento magnífico para engancharse a esta serie, y son solo 150 páginas.

Siguiendo con esta línea de libros excelentes que se merecen mayor visibilidad, nos encontramos con El hombre que nunca sacrificaba las gallinas viejas, la mejor novela de Darío Vilas. La obra ha pasado por varias ediciones, la última de Cazador de Ratas a finales de 2017. Navegando entre la fantasía oscura y el género negro, la historia nos lleva a Simetría, un lugar tan extraño como hipnótico, donde un antiguo mercenario se dedica a labores de granja. Y nunca, nunca sacrifica a las gallinas viejas: ellas cumplieron con su labor año tras año y se merecen ese descanso. Sin embargo, hay señales evidentes de que el pasado del protagonista regresa a ajustar cuentas. La novela, ganadora del Premio Nocte, es una pequeña joya de prosa exquisita que subvierte cualquier género para definirse por sí misma en poco más de 180 páginas.

"Cuentan que Monterroso le preguntó a un político qué le parecía su cuento del dinosaurio, y la respuesta que obtuvo fue: “Me está gustando mucho, voy por la mitad”"

Si me permiten, a modo de bonus track, incluyo en esta lista de novelas breves a la maravillosa Ful, de Rafa Melero (Editorial Alrevés). Sí, son 250 páginas, pero se lee tan rápido, entra tan bien por los ojos, que en cuanto te quieres dar cuenta ya se ha acabado. El palo a un narco acaba en carnicería y Ful y su banda deberán hacer frente a las consecuencias. Ladrones de poca monta que quieren soñar a lo grande pero que no están preparados para nadar entre tiburones. Melero, otro autor prolífico como pocos, describe los bajos fondos y a sus habitantes con fuerza y conocimiento de causa, a la vez que maneja el procedimiento policial de forma deslumbrante. Novela ganadora del I Premio Cartagena Negra, se trata de un plato gourmet para paladares exquisitos. No la dejen pasar.

Cuentan que Monterroso le preguntó a un político qué le parecía su cuento del dinosaurio, y la respuesta que obtuvo fue: “Me está gustando mucho, voy por la mitad”. Apuesten por las novelas cortas, fanfarroneen de que han leído las obras completas de Juan Rulfo ante sus amigos. O sencillamente denle una oportunidad a buenos libros que puede que pasen desapercibidos precisamente por su número de páginas. Imagínenlos de perfil en la estantería, entre Los pilares de la Tierra y el último de Ellroy. De hecho, mientras leían esta reseña ya podrían haber acabado alguna de ellas.

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