Inicio > Actualidad > Bajo el volcán > Alejandro Arteaga y los libros artefacto

Alejandro Arteaga y los libros artefacto

Alejandro Arteaga y los libros artefacto

El narrador, ensayista y editor mexicano Alejandro Arteaga (Ciudad de México, 1977) ha sido reconocido con el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores por su obra Sala de máquinas (Editorial Gabinete Portátil), un artefacto literario muy original cuya propuesta, calificada como ficción poética, explora los vínculos entre tecnología, humanidad y creación literaria a través de las historias de veintiún máquinas conceptuales, absurdas o imposibles, de las que se exponen sus fundamentos, sus métodos de construcción, el testimonio de su armado, las incidencias de su uso o la suerte de sus creadores. De esta forma, las narraciones abordan, entre otros aspectos, los avatares de máquinas y tecnologías fantásticas como una lupa electrónica que resuelve crímenes y misterios; una nave aerostática decimonónica para paisajistas; un bardo robot que gana un concurso de poesía; una cinta de caminata que ayuda al discernimiento o una ciudad autómata emplazada en el Amazonas. La narración, en un feliz alarde del autor, recurre a diversas formas literarias, entre ellas la epístola, el informe, el artículo periodístico, el ensayo, el discurso y la hoja de venta, lo que, en palabras del jurado que lo ha distinguido con el Villaurrutia (Liliana Weinberg, Mónica Nepote y Hugo Valdés), la convierte en “una máquina ficcional que muestra una capacidad de superar las distancias entre géneros a través de un continuo ejercicio de ensamblaje y transformación”, y abre la posibilidad del libro y la literatura a “un juego entre determinismo y libertad, tecnología y humanidad, automatismo y creación”. Como ha reseñado el maestro Roberto Pliego, si sus lectores nos entusiasmamos con obras suyas como Sick y McFarland: una novela pretenciosa, escrita en coautoría con Alfonso Nava, o Biblioteca mínima, una colección de apuntes a la manera de una cuarta de forros que comentan 33 libros apócrifos, en Sala de máquinas se reconoce el mismo temple que exhibió en aquel libro, pero ahora súper concentrado, y se destaca por ser “uno de los muy esporádicos terremotos que en los últimos años ha sacado de su marasmo a la narrativa mexicana”. Justo y merecido premio para un autor que despunta con una obra cuyo embalaje es original y ajeno a las trasnochadas modas hoy en uso. Salud.

APOYAR LA INDUSTRIA EDITORIAL MEXICANA ES URGENTE

"Las editoriales y librerías enfrentan en México condiciones cada vez más difíciles, entre ellas la reducción de espacios para la circulación del libro"

Las editoriales y librerías enfrentan en México condiciones cada vez más difíciles, entre ellas la reducción de espacios para la circulación del libro y la ausencia de una política pública permanente de fomento al libro y la lectura. Como acaba de advertir la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) en un comunicado firmado por su director general, Antonio Alonso González, el gremio está muy preocupado y ha lanzado un mensaje de alerta y auxilio a la presidenta Claudia Sheinbaum ante el cierre de Ediciones ERA, un caso que, aseguran, no es aislado, y le han propuesto un plan de acción “para trabajar de manera conjunta” ante la crisis que padece el sector editorial mexicano, el cual ha solicitado un reunión con carácter urgente a la mandataria mexicana “para avanzar juntos, antes de que la situación de más empresas del sector se vuelva insostenible”. Los editores piden a Sheinbaum “garantizar la aplicación de la Ley del Libro para generar condiciones de competencia justa, entre ellas, la aplicación efectiva del precio único; establecer una comunicación imparcial del sector con el Ejecutivo que no sea únicamente a través de la editorial del Estado” (el Fondo de Cultura Económica); la recuperación del IVA mediante una política que permita que librerías y distribuidores recuperen el impuesto que pagan en su operación, tal como sucede en las industrias de alimentos o medicinas, que gozan de una Tasa Cero; poner en marcha una política de adquisición y renovación de libros para bibliotecas escolares y públicas, y fortalecer y dinamizar la política nacional de lectura”. Los editores mexicanos concluyen que “el acceso al libro no puede quedar sujeto exclusivamente a las condiciones del mercado, y requiere la concurrencia de autoridades y particulares para promover que los libros (no solo los pocos que elige el establishment gubernamental) lleguen a escuelas, bibliotecas, comunidades y lectores de todo el país”. En tanto, la presidenta Sheinbaum apenas habla de literatura, y en su reciente informe de Gobierno solo ha aludido a ello de manera muy parca. Así, en cuanto al tema de la lectura, ha resaltado la Red Nacional de Bibliotecas Públicas (RNBP), considerada la infraestructura cultural con mayor distribución territorial en el país, que opera en 7 mil 400 espacios con una presencia en el 94.6% de los municipios del país, y asevera que en dicha infraestructura se atendieron a 10,3 millones de usuarios. Por otra parte, la presidenta mexicana ha señalado que el FCE, que dirige desde hace años pegado al hueso nuestro querido Paco Ignacio Taibo II, acumuló 16 mil 562 clubes y salas de lectura en las 32 entidades federativas que componen México, en donde se realizaron 242 Jornadas de Fomento a la Lectura y 95 actividades en lenguas originarias, y para rematar refirió que la Biblioteca Vasconcelos, la máxima representante de la bibliotecas mexicanas, registró 83 mil 909 préstamos a domicilio y 353 mil 837 préstamos en sala. Después de esto, un páramo desierto donde el universo libro queda a la deriva, arrojado a su pobre suerte en un contexto donde la lectura es pensada como migajas que se dan de comer a una masa de gente como si fuera alpiste para los pollos.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios