Inicio > Blogs > Literatura vs. Mundo Literario > Algo tiene que cambiar para que todo siga igual

Algo tiene que cambiar para que todo siga igual

Algo tiene que cambiar para que todo siga igual

Ya lo dijo Giuseppe Tomasi di Lampedusa en El gatopardo: algo tiene que cambiar para que todo siga igual. Bismarck lo corroboró cuando tomó prestada la frase y puso en marcha la unificación alemana.

Desde un tiempo a esta parte yo también pienso que la frase es aplicable a la literatura o, para ser más exactos, a la novela. Creo recordar que alguna vez lo he reconocido haciendo uso de este mismo foro, cada vez son menos obras de ficción las que finalizo. En algunos casos, historias que tiempo atrás me hubiesen seducido. Sin embargo, ahora, tras unas cuantas lecturas que pesan sobre mis espaldas, las termino por cerrar cuando descubro que una vez más estoy inmerso en las páginas de la misma obra.

Desde El Quijote, que bajo mi punto de vista fue el origen de la novela moderna, tal y como la entendemos,  la novela no ha sufrido grandes cambios. En el siglo XIX alcanzó su apogeo y en el XX, aunque hubo algunos intentos de renovación —quizá el más notorio la novela de no ficción—, las cosas no cambiaron demasiado.

Creo que la novela está anclada en cuanto a su forma y, por lo tanto, también en cuanto a su contenido y su atractivo para el lector. Porque, aunque la narrativa es principalmente entretenimiento, también su objetivo es conocer mejor al ser humano y, por lo tanto, no podemos, una y otra vez, abordar el conocimiento del ser humano de un modo idéntico.

"Sin duda, el acierto de Bartual es entender las exigencias de un medio con el que convivimos cotidianamente y hacer uso de él para crear literatura."

Es posible que el cambio mayor que hemos conocido en los últimos siglos sea la llegada de Internet y, con él, el de las redes sociales. Es obvio que el mundo, y nuestra manera de relacionarnos en él, es muy diferente a como lo concebían nuestros abuelos. Sin embargo, tengo la impresión de que los escritores, salvo excepciones, viven —vivimos— de espaldas a estos cambios.

Wilde, Chejov, Shakespeare, eran permeables a su mundo, se empapaban de él para luego trasladarlo a sus obras. Si reconocemos que nuestro mundo es diferente —y lo es—, no podemos insistir en trasladar una y otra vez el mundo de Chejov de la misma forma en el siglo XXI. Por mucho que los sentimientos, las inquietudes, los anhelos del ser humano, a fin de cuentas, no hayan variado tanto. Si lo hacemos, tarde o temprano, conseguiremos alejar a los potenciales lectores de nuestras historias y que cada vez muestren menos interés por una manera arcaica y ya conocida de narrar.

Dos ejemplos quizá ilustren lo que quiero decir.

Durante este verano el dibujante Manuel Bartual sorprendió a todos en sus vacaciones con unos tweets que narraban, a tiempo real, la misteriosa historia de un hombre idéntico a él que encontraba a cada momento —incluso parecía haber entrado en su habitación— y que daba la impresión de querer suplantarle con intenciones poco piadosas.

Su historia tuvo enganchados a cientos de miles de usuarios en la red. Probablemente se trate de la misma historia policíaca mil veces contada. Pero, sin duda, el acierto de Bartual es entender las exigencias de un medio con el que convivimos cotidianamente y hacer uso de él para crear literatura. —Porque para mí no hay ninguna duda de que se trata de literatura, más allá de toda consideración purista—.

"Creo que solo nacerán grandes historias si estamos convencidos de que tenemos algo diferente que contar y de que lo vamos a hacer de una forma novedosa."

El segundo ejemplo se refiere a las series web interactivas que muchas plataformas de TV —algunas de ellas tradicionales— están incluyendo en sus parrillas. Se trata de inmiscuir al espectador dentro de la ficción.

Se emiten unos cuantos de capítulos como punto de partida y, a partir de ahí, el espectador con sus votos es el que decide qué rumbo tomará la serie. Un equipo de guionistas a petición de los usuarios hace que Raquel y Jaime se enamoren o que Ramón robe los informes del despacho de Ignacio. Abriéndose de nuevo un abanico de posibilidades casi infinito muy similar a aquella colección de la editorial Barco de vapor, Elige tu propia aventura.

Sea como sea, estamos obligados a crear como si fuese posible concebir algo nuevo. —Digo como si fuese posible, no que necesariamente lo consigamos—. Creo que solo nacerán grandes historias si estamos convencidos de que tenemos algo diferente que contar y de que lo vamos a hacer de una forma novedosa.

Accede al foro de Zenda