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Álvaro Colomer: “Es imposible escribir hoy una novela realista sobre Barcelona”

Álvaro Colomer: “Es imposible escribir hoy una novela realista sobre Barcelona”

Fotos: Marta Calvo

Álvaro Colomer tecleaba en un despacho del castillo de Montjuic, una estancia creativa concedida por la Beca Montserrat, cuando, con la vista de Barcelona desplegada ante él, pensó: “Cómo me gustaría destruir esta ciudad”. Y así lo hizo, en las páginas de Ahora llega el silencio (Montena), una novela juvenil en la que el escritor dibuja una realidad apocalíptica en la que los adultos mueren de golpe y los supervivientes tendrán que luchar entre sí por hacerse con el control en medio del caos.

En Ahora llega el silencio, Colomer aniquila a toda la población mayor de veintidós años y deja el mundo en manos de unos jóvenes que aprenderán a convivir sin las normas establecidas por sus mayores. La novela está protagonizada por Astrea, una joven que lucha por salvar su vida y la del pequeño bebé que sostiene en brazos. A la manera de un faro, la chica cruzará la ciudad acompañada por un valiente guerrero y un pusilánime compañero. Una especie de sagrada familia construida sobre la paradoja.

Inscrita en la tradición de El señor de las moscas, de William Golding, La carretera, de Cormac McCarthy, o la obra de Jack London, Colomer despliega una Barcelona parecida al paisaje de cualquier entrega de Mad Max, pero también a la Francia de los chalecos amarillos o la Cataluña del procés. Colomer retoma así la senda de la literatura juvenil que tiene como precedente su trilogía Terror en la red, compuesta por El chico que vivía encerrado en una habitación, La mujer con el corazón lleno de tormentas y Los hombres que querían apagar la luz del mundo.

Memoria y olvido bailan en estas páginas escritas sin concesiones ni moralejas. Hay en este libro un pesimismo que no termina de ser tal, una narración que no menosprecia ni a la literatura ni a la juventud, un libro efectivo, magro y estremecedor. “Tras la llegada del Silencio, los supervivientes se dieron cuenta de que algunos de sus compañeros morían de un modo tan fulminante como lo habían hecho los adultos, y no tardaron en deducir que el virus continuaba activo (…). Ser conscientes de que el virus también acabaría matándolos hizo que los jóvenes de diecinueve, veinte y hasta veintiún años se convirtieran en salvajes”.

Álvaro Colomer escribe con un pie en la ciudad. Así lo hizo en su trilogía de la muerte urbana La calle de los suicidios, Mimodrama de una ciudad muerta y Los bosques de Upsala. En 2017 publicó Aunque caminen por el valle de la muerte, novela que reconstruye la batalla de Najaf, uno de los combates más importantes de cuantos libró el ejército español durante la invasión de Irak. Ha publicado varios libros de no ficción, como Guardianes de la memoria, por el que ganó el International Award for Excellence in Journalism 2007 concedido por el International Institute of Journalism and Communication.

Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2019 por Ahora llega el silencio, Colomer es colaborador habitual de La Vanguardia, El Mundo y Yo Dona, entre otros. En 2010 ganó el Premio Enerclub por un reportaje publicado en el suplemento Magazine del periódico El Mundo. Esta novela, asegura, no se propone interpelar la realidad y sin embargo lo consigue. “Todo está en proceso de cambio, y Barcelona siempre ha sido muy permeable a las nuevas corrientes de pensamiento. Pero, claro, para que empiece algo nuevo, primero tiene que acabar lo que ya existía. Y eso es lo que hago en la novela: destruir una Barcelona para dar la oportunidad a que nazca otra”. Sobre este y otros temas habla Colomer en esta entrevista acerca de un libro que surgió como la pulsión de arrasarlo y reinventarlo todo.

—Algo en la lógica de esta novela (jóvenes contra viejos, salvajes contra la resistencia) alude al mundo que vivimos: chalecos amarillos, el procés, las protestas y la constante reivindicación.

"Creo que a la hora de escribir para chavales no intentas elaborar un mensaje sobre los chalecos amarillos, el procés en Cataluña o las protestas en Chile"

El libro plantea la idea de que todos los grupos sociales pueden ir contra todos los grupos sociales. Se plantea una batalla constante, desde diversas perspectivas. Que en esta historia veamos a los de veinte años como adultos nos planta ante la idea de que estamos en un mundo absurdo. Sin embargo, creo que a la hora de escribir para chavales no intentas elaborar un mensaje sobre los chalecos amarillos, el procés en Cataluña o las protestas en Chile. No vas por ese lado, pero es inevitable ese tipo de lectura. El mundo está cambiando, y en ese sentido sí que reconozco que pensé en Barcelona al momento de escribirla. La ciudad está cambiando. No es la misma que hace diez años, y por tanto no será la misma en el futuro. Si Barcelona está cambiando, destruyámosla del todo y veamos qué surge de ella.

—Hay una alegoría constante, por ejemplo: esa sagrada familia que forman un recién nacido y tres adolescentes en una Barcelona apocalíptica. ¿Por qué?

La novela tiene distintas estructuras narrativas, y una de ellas es muy arquetípica: una mujer que tiene un hijo sin haber tenido sexo. No sabemos si Astrea es virgen o no, pero ese niño que protege no es un fruto de una relación sexual. Eso nos remite a la virgen María. Pero hay algo más: ese niño tendrá dos padres. Me gustaba la idea de mezclar lo tradicional, que en este caso es la sagrada familia, con las nuevas estructuras familiares que vemos en el mundo contemporáneo.

El señor de las moscas está muy presente en esta novela. No es la primera vez que hace literatura juvenil. ¿Qué busca el autor de una novela juvenil?

Estoy en contra de usar la literatura juvenil para lanzar moralejas. La novela juvenil ha de tener varias cosas: un estilo literario invisible, es decir, que no esté por encima del argumento, y que tenga acción. Hay cosas inevitables en el argumento. Por ejemplo, en el caso de esta novela, el chaval intelectual y tímido termina siendo un héroe, y el héroe se acobarda. Es imposible escribir un argumento sin que haya una evolución de personajes Es normal que el lector deduzca cosas de la evolución.

—Cada libro se activa de una manera diferente en manos de un lector.

"La diferencia de escribir para jóvenes es que ellos están descubriendo el mundo. Tú se lo estás enseñando, y por eso sacan moralejas constantemente"

Cuando he ido a los colegios, me he dado cuenta de que los chavales captan muchos mensajes, más de los que yo he querido lanzar. La diferencia de escribir para jóvenes es que ellos están descubriendo el mundo. Tú se lo estás enseñando, y por eso sacan moralejas constantemente. A los lectores jóvenes les enseñas el mundo, a los adultos sólo les puedes matizar el mundo.

—“No conocer el pasado le permitirá afrontar el presente como si fuese la única realidad que ha existido”, dice un personaje para salvar a un recién nacido. ¿Una clave de estos tiempos?

Con esa frase planteo una idea positiva y otra negativa. La negativa es que todo lo olvidado puede ser repetido, esa idea de que si no recordamos guerra civil podemos repetirla. Pero también hay un mensaje positivo: si la desaparición de los adultos viene generada por lo mal que ellos han tratado el planeta, olvidar todos los errores de los adultos también puede provocar que no se repitan más. Desaparece la inercia de los que venían antes. Yo me limito a plantear varias ideas, y que los chavales elijan. Por un lado, olvidar es bueno en un nuevo contexto libre de añoranzas, entendiendo así la melancolía como uno de los grandes frenos de la humanidad, porque pensamos que todo tiempo pasado fue mejor.

—Las amazonas de su novela visibilizan esa feminidad enfadada que se levanta contra Rey Muerte. ¿Es intencional? Porque toca algunas sensibilidades contemporáneas.

Las amazonas dicen dos cosas. Plantean esta idea de que “no todos los hombres son salvajes, pero sí todos los salvajes son hombres”. Esta frase se puede encajar muy bien en el pensamiento feminista que señala que no todos los hombres son agresores sexuales, pero todos los agresores sexuales son hombres. El de las amazonas, que forman parte de la mitología, puede parecer un relato del feminismo más agresivo, pero históricamente eran así. Si te remites a las sociedades matriarcales de Creta, mucho antes de la Grecia clásica, encontramos que el único papel del rey era fecundar, luego lo mataban. Las sociedades matriarcales han sido tan crueles como las patriarcales.

—¿Hay alguna relación entre esta novela y su trilogía de la ciudad y la muerte?

"Cuando comencé a escribir me di cuenta de que si matas a alguien los argumentos se desarrollan solos"

Es totalmente inconsciente. Cada vez que que se me ocurre un argumento suele ser urbano, y en cuanto a la muerte, aparte de posibles obsesiones que pueda tener, tengo una intuición. Cuando comencé a escribir, me di cuenta de que si matas a alguien los argumentos se desarrollan solos, porque la cantidad de emociones que despierta una muerte hace que las novelas fluyan con más facilidad. Cuando no sepas qué hacer con un argumento, mata a alguien.

—Aprovechando que hablamos de literatura juvenil, ¿qué libro fue decisivo en su adolescencia?

De pequeño leía mucho a Walter Scott, en las versiones juveniles que se hacían, y también a Jack London. London me quedó grabado, porque con él uno no sabe si lo bueno es el estado de civilización o el estado de naturaleza, porque La llamada de la selva y Colmillo blanco defienden esos postulados contrarios.

—¿Siente que la literatura juvenil se ha reblandecido? ¿Ha hecho demasiadas concesiones? ¿Y del crossover qué piensa?

Antes hablamos de El señor de las moscas. Esa no es una novela escrita para chavales, pero terminó convirtiéndose en literatura para jóvenes. Ahora ocurre justo lo contrario: novelas pensadas directamente para jóvenes y en las que el mensaje es muy suave y el argumento bastante tonto acaban siendo leídas por adultos. Lo del crossover es eso. Los adultos han bajado tanto el nivel que terminan leyendo las cosas que han sido creadas para jóvenes.

—¿Qué es lo decisivo en la literatura juvenil?

"El único criterio para saber si una novela juvenil funcionará es la respuesta a la pregunta ¿mola o no mola? En la de adultos eso no pasa"

El estilo lo determina todo. Cuando escribo para jóvenes, mi estilo es invisible. Si escribes para un adulto puedes tener una intención de que el estilo no pese y, aun así, existe una preocupación por el lenguaje. Si quieres conocer el alma de un escritor hay que leer sus novelas juveniles. La de los adultos sale de la cabeza, pero la novela juvenil sale del corazón. El hecho de no buscar los artificios del lenguaje refleja de algún modo modo tu forma de pensar. La novela de adulto puede ser incluso más inteligente que quien la escribe, pero la novela juvenil no. El único criterio para saber si una novela juvenil funcionará es la respuesta a la pregunta «¿mola o no mola?». En la de adultos eso no pasa. Importan cosas como la estructura o qué conceptos filosóficos contempla, mientras que las de los jóvenes es mucho más libre.

—Si hubo una Barcelona realista contada por Marsé, ¿cómo es la Barcelona literaria actual?

Barcelona está cambiando tanto, y los que estamos dentro lo vemos tan claro, que es imposible hablar de una Barcelona realista en estos momentos. Una novela realista de Barcelona vendría dada por la perspectiva de cada quién, y resulta muy difícil una novela que recoja todas las sensibilidades que reúne la Barcelona actual, entre otras cosas porque el lenguaje corta y determina muchísimo. Como estamos en un proceso de transformación de este tipo es imposible ser realistas. Es imposible escribir hoy una novela realista sobre Barcelona.

—Pero no me va a negar que el Rey Muerte parece un correlato de los CDR.

Me enviaron la portada del libro cuando lo de las barricadas en Barcelona. Recuerdo que estaba en la entrega del Premio Planeta que se celebró en el MNAC, desde donde se veía el humo. ¡Era tal cual como la portada! Aunque no tuviesen nada que ver, eran iguales.  El diseñador la tenía lista dos semanas antes, no tenía nada que ver. Y sin embargo salió así. Para un escritor la Barcelona actual es un laboratorio.

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