Hete aquí un libro que nos habla de algo profundamente humano: la búsqueda de nuestra propia identidad. Este libro es la historia de una persona intersexual y también es un espejo de la lucha universal por saber quiénes somos de verdad.
En este making of Candelaria Schamun explica cómo escribió Ese que fui (Manos de pan).
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Esta historia empieza cuando encontré en el estudio de mi padre una carpeta verde que llevaba mi nombre. Por ese entonces tenía diecisiete años y no supe qué hacer. El contenido me comprometía: entre esos papeles se escondía un secreto familiar del que soy la protagonista.
Hoy vivo en un pueblo rural de menos de mil habitantes. Entre plantas, perros, pájaros y el silencio del campo, me animé a escribir este texto de no ficción en primera persona. Sumergirme en la memoria familiar en busca de respuestas. Durante tres años mantuve una rutina agotadora: levantarme temprano, superar el miedo de la hoja en blanco, corregir y frustrarme. Días y noches en loop. En ese tiempo, mientras me bañaba, pensaba en el texto; mientras cortaba el pasto imaginaba escenas; mientras cenaba con Jazmín —mi compañera— diagramaba los capítulos que aún no lograba resolver.
Tracé estrategias y cronogramas. Entrevisté a mis hermanos, primos, tíos. Repasé con obsesión los álbumes familiares en búsqueda de detalles mínimos. Grabé charlas con mi madre, mientras deambulaba en un Alzheimer terminal, quizá como un último mecanismo de supervivencia. Unos cuantos años antes de apagarse me dejó una carta: en letra cursiva relató su calvario y se liberó, por fin, del peso del mandato impuesto por mi padre. Hubo momentos en los que quise abandonar la investigación: desenterrar el pasado resultaba insoportable.
Pero todo empezó con aquella carpeta. Ese día tenía una fiesta en un club de rugby y solo me importaba elegir el vestuario perfecto. Algo interrumpió esa frivolidad adolescente. Sin motivo aparente —como abducida por una fuerza sobrenatural— bajé las escaleras de mármol del caserón familiar. Entré al estudio de mi padre, ya fallecido, abrí el tercer cajón del escritorio de algarrobo, sobre el lomo verde de cartón, en una etiqueta decía: “Candelaria Schamun / Salud”.
La abrí en silencio para no alertar a mi madre. Entre estudios médicos, análisis y papeles, había una partida de nacimiento: Esteban Schamun, 5 de octubre de 1981. Todos los datos coincidían con los míos. Aturdida, cerré el cajón. En ese instante comprendí que Esteban no era un hermano muerto: Esteban era yo misma.
Por miedo o por repetir el mandato, guardé el secreto. Para escribir este libro volví a abrir esa carpeta y, como quien borda, entrelacé dato por dato. La investigación me permitió entender aquellos papeles incomprensibles: al nacer, los médicos creyeron que era un varón sin testículos descendidos. Me bautizaron Esteban, como el primer mártir del catolicismo. Salí del sanatorio en brazos de mi madre envuelto en una mantita celeste. Pero al mes mi salud se complicó: vomitaba la leche materna y perdía peso. Mi madre sintió que me estaba muriendo.
Llegué al hospital deshidratado; los análisis eran incompatibles con la vida. Hasta que un estudio reveló el diagnóstico: hiperplasia suprarrenal congénita perdedora de sal. Esa alteración explicaba la descompensación clínica y la ambigüedad de mis genitales externos. No era un varón: era una niña con útero y ovarios. Entonces pasé a ser María Candelaria, la menor de tres hermanos, criada en una familia de clase media argentina.
Mi padre, notario y católico practicante, de misa diaria; mi madre, psicopedagoga y magnífica cocinera. En mi casa lo que abundaba era el silencio. Mi madre cuenta en la carta que los médicos plantearon un camino: medicación de por vida y cirugías “correctivas”. Mis padres, desesperados, obedecieron. A los tres meses sufrí la mutilación genital; luego vinieron tres operaciones más, las últimas en mi adolescencia. Escribiendo este libro entendí que uno evita preguntar aquello cuya respuesta no puede tolerar.
La investigación me llevó a encontrar la palabra que explica mi identidad: intersex. Un término que nombra a las personas con variaciones en sus características genitales, gonadales o cromosómicas. No es una enfermedad ni una elección: nacemos así. Representamos entre el 2 y el 4% de la población mundial, el mismo porcentaje que las personas pelirrojas, también como yo. Y aún hoy nuestros cuerpos son sometidos a cirugías innecesarias para encajar en un binomio rígido: mujer/varón. Ese que fui es un libro que celebra la imperfección, la amistad, el amor de los padres y la gratitud de los hermanos. Sobre lo urgente que es ponerle palabras al silencio.
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Autora: Candelaria Schamun. Título: Ese que fui. Editorial: Manos de Pan. Venta: Todos tus libros.


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