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El año Planetario de Dolores Redondo

El año Planetario de Dolores Redondo

Son las seis de la tarde. En tres horas comienza la cena en la que se anunciará el ganador del próximo Premio Planeta. Dolores Redondo remueve el azucarillo en una taza de café. Está aquí, cómo no, para ceder el testigo, porque fue ella quien se lo llevó el año pasado. A la autora de Todo esto te daré  le parece bonito el hall del hotel donde conversamos. Habla del lugar como si no lo hubiese visto antes. Como si no hubiese concedido decenas de entrevistas en estas butacas donde ahora contesta a las preguntas de un periodista. Queda claro que la adrenalina convierte en decorado cualquier cosa y que de la noche en que se convirtió en Planeta, Dolores Redondo recuerda otras cosas. “Aquel día llegué aquí a las cuatro de la mañana, con mi Planeta en la mano, a buscar a mi marido para tomarme mi primera de champán con él y brindar. Salí sobre las cinco y a las ocho ya estaba de vuelta, para contestar a una entrevista tras otra. Todo fue muy rápido”.

La vida de un Planeta es dura. Y hace ya un año que ella ejerce de tal. ¿Qué ocurre en ese tiempo? ¿Cómo es un año planetario en la vida de un escritor? La respuesta de Dolores  Redondo es tan sencilla como demoledora: para ella no ha terminado. Doce meses atrás, Dolores Redondo se alzó con el premio literario más antiguo y de mayor dotación económica en España. La edición número 65, para más señas. Lo hizo además con una novela que nada tenía que ver con la que había sido hasta ese momento su signo de identidad: La trilogía del Baztán, una saga que ha vendido más de un millón de ejemplares en 31 países y que la convirtió en la reina del misterio y el género negro. Las posibilidades de fallar eran altas, pero Todo esto te daré se convirtió en uno de los premio Planeta más leídos en años, hasta tal punto que Dolores Redondo sigue promocionándolo.

"Todo esto te daré se salía por completo del universo Amaia Salazar y plantaba a Dolores Redondo en otro registro. Uno que podía desconcertar."

Las preguntas sin embargo están ahí. ¿Qué hay detrás de un premio como éste? ¿Cómo se asimila? ¿Suma o resta? Hay dos Planetas, dice Dolores Redondo. “El Planeta de aquella noche”, como se refiere ella al suyo, ese que gira enloquecido la polea de la entrega, la foto, el discurso, la rueda de prensa, y que no deja de ser un oropel, un trofeo, asegura la escritora. “El premio real, el otro Planeta, es el que puedes recibir o no: el respaldo de los lectores. Y yo lo he tenido. Mi Planeta no acabó esa noche con la fiesta o las entrevistas del día siguiente, ni con la presentación del premio quince días después. Ha sido un año magnífico, un año que no ha acabado… ni va acabar, de momento. Voy a Portugal a presentar el premio Planeta. Luego a Italia y Francia. El libro ya se ha publicado en Alemania y Holanda”.

Todo esto te daré se salía por completo del universo Amaia Salazar y plantaba a Dolores Redondo en otro registro. Uno que podía desconcertar. “Mucha gente me decía: ¿ahora que tienes a los lectores cautivos con Amaia Salazar les vas a cambiar de tercio? Pero yo tengo otras historias que no caben en el universo de Amaia y que quiero contar desde otra perspectiva. Por eso, una vez que tenía la novela en marcha y cuando sabía que la iba a presentar al Planeta, sentí una ilusión mucho mayor”, responde Redondo antes de una brevísima pausa. Su compañero de premio, el finalista de aquella edición, Marcos Chicot, ha llegado también a Barcelona  y se acerca a saludar. Hay camaradería entre ambos y no es de extrañar, compartieron juntos meses de promoción.

Que el Planeta es un premio comercial forma parte del pack. A nadie sorprende, porque va de eso. Preguntar por el asunto, aunque redundante, es obligatorio. Así que Dolores Redondo no se salva. ¿Cómo es la fortuna o el estigma del Planeta? Ella, que es una mujer poco dada a la hipérbole, responde sin despeinarse, sin alzar la ceja siquiera. Es un premio que llega a miles de lectores, asegura. En efecto. La novela que compite y gana ese premio tiene una tarea:  llegar a la biblioteca de esas personas que compran, como mucho, dos o tres libros al año. Va a buscar a ese lector puntual que puede —o no— convertirse en lector a tiempo completo.

"¿Cómo es un año planetario en la vida de un escritor? La respuesta de Dolores Redondo es tan sencilla como demoledora: para ella no ha terminado."

Por ese motivo, por el cebo de la vitola Planeta, el año de Dolores Redondo ha tenido una importancia adicional: le concedía una red de seguridad para variar el registro. “El Planeta te acerca a un lector que llega a tu obra de otra forma. La etiqueta de novela negra que ha beneficiado a las novelas de Amaia puede funcionar también como un lastre, porque quizá exista un tipo de lector que lo asocie con lo escabroso o que quiera leer otro tipo de cosas. La denominación de origen del Planeta está asociada a una lectura a la que puedes acercarte con confianza, porque no te va a agredir. Ese es el espíritu del Premio: acercar la literatura a las personas. Es sin duda un trampolín ,aunque el riesgo de perder lectores, estaba. Afortunadamente no ha ocurrido”, dice.

Ejercer de ganador de un Planeta es algo que no se interrumpe. Comienza, a lo bestia, a las once y  media de una noche que se convierte en semestre, incluso en año entero: entrevistas, presentaciones, firmas. A Dolores Redondo le han tocado todas más una. Lleva doce meses sin parar.

-¿Cuánto toma promocionar un Planeta?

-La gira del Premio Planeta acaba cerca de navidad, pero es que me ha tocado una gira bestial a la que se sumó una gira de clubes de lectura. Tengo un compromiso grande con ellos. Involucra a pequeñas bibliotecas de comunidades o provincias, que piden encuentros con los autores. La gente viene de los pueblos en autobús, se quedan en lugares que puedan acoger a 500 o 700 personas. Es un baño, una paliza emocional.

-¿Algo que le haya impresionado de esos encuentros?

-La edad de los lectores. Era gente mayor, personas que han trabajado muchísimo y han llegado al placer de la lectura diaria justo cuando han dejado de trabajar.

"Ese es el espíritu del Premio: acercar la literatura a las personas. Es sin duda un trampolín, aunque el riesgo de perder lectores, estaba. Afortunadamente no ha ocurrido."

-¿Qué le han dicho?

-Una cosa que me gustó. Muchos se disculpaban al momento de decirlo, y yo les contestaba que no, porque lo que decían era en realidad un premio.

-¿Y qué era?

-Me decían que Todo esto te daré era mejor… Nunca te puede molestar que un libro mejore al anterior. Esa debe de ser la intención y el espíritu que te domine mientras escribes: superarse.

La tarde se apaga y se acerca la noche. Al lobby del hotel llegan todavía más invitados para la señalada cena donde se dará a conocer al ganador de este año. A pesar de eso, del pronto relevo, a Dolores Redondo le queda todavía Planeta por cortar. De momento, y aunque evita dar detalles, está escribiendo varias historias. Muchos proyectos en marcha, responde cuando se le pregunta por el cuarto libro del Baztán. Muy discreta la escritora, que de momento, marcha rumbo a Portugal, Italia y Francia, con su Planeta bajo el brazo. Su año planetario sigue. No ha terminado.

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