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Barbie, una crítica al patriarcado que fracasa como fantasía

Barbie, una crítica al patriarcado que fracasa como fantasía

Hay películas autoconscientes, y luego está Barbie. Si en la fundamental La Legopelícula se dio con una fórmula perfecta a la hora de vehicular narrativa post-moderna y aventura, la que han ideado Greta Gerwig y Noah Baumbach sigue esa fórmula a pies juntillas (estamos, al fin y al cabo, adaptando un juguete) pero lo hace recordando al espectador que lo que están viendo es un conflicto de ideas, la reformulación de un símbolo femenino, es más, un retrato absolutamente intencional y profundo del Zeitgeist de los años en curso. Y decimos todo, todo el tiempo.

Decir que tanta intencionalidad arruina la experiencia sería una afirmación digna de matices. La película, al fin y al cabo, está siendo recibida con albricias por crítica y público: parece que es, justo, el producto que todos necesitaban. Pero todo huele también a excusa precocinada: en algún momento de la película, nuestra película, se consideró que Barbie era la nueva Rosa Parks, la próxima Clara Campoamor, que necesitaba serlo, y excusatio non petita, para montar su relato se optó por una pertinente sátira al patriarcado donde los desequilibrios entre mundos a lo Matrix (no falta el guiño a las pastis de Morfeo, pero con sandalias), la guerra civil de sexos que llevamos años librando se convirtió en el objeto de toda la jugada.

"El problema viene cuando la película insiste, una y otra vez, en esos postulados con una puesta en escena inexpresiva al margen de su colorido"

Resulta inteligente que Baumbach y Gerwig, pareja en la vida real, opten por plasmar todo el imaginario woke en un comentario a lo superficial y la masculinidad tóxica que, ojo, en el fondo está ideado para reformular la simbología de un juguete que puede, debe, seguir vendiendo. Feminismo e igualdad de derechos, pero en tiempos de grandes corporaciones, es inútil negarlo. El problema viene cuando la película insiste, una y otra vez, en esos postulados con una puesta en escena inexpresiva al margen de su colorido, que privilegia el discurso sobre la aventura y en la que la comedia aparece a golpes altamente irregulares.

"Como obra de fantasía es, eso sí, un verdadero desastre: Baumbach y Gerwig ni siquiera se molestan en pergeñar un salto adecuado al mundo de Oz"

Barbie es, por tanto, una película tremendamente representativa de los tiempos que corren, tanto en su espíritu como en sus virtudes, sus defectos y sus contradicciones. Es extrañamente carismática, esconde algún giro de guión interesante, se sigue con curiosidad pese al escaso calado de sus personajes (es lo que tiene, ya saben, que todo sea un símbolo) y la relación desequilibrada de todos sus elementos. Ryan Gosling y Margot Robbie están ambos fenomenales, puro carisma y cachondeo. Pero como obra de fantasía es, eso sí, un verdadero desastre: Baumbach y Gerwig ni siquiera se molestan en pergeñar un salto adecuado al mundo de Oz, quizá para demostrar que ni siquiera les importa semejante cosa. No hay ni una sola imagen interesante o estimulante al margen del limitado diseño de producción, arruinado también en parte por el poco lustre visual de Gerwig.

Resulta loable incorporar semejante cantidad de discurso (que agrade o no es otra cuestión) en un largometraje para todos los públicos. Creo, no obstante, que en su afán de cuestionar la superficialidad y el artificio social (pero sobre todo el patriarcado, palabra que pronuncian veinte veces en el filme) no hace sino perjudicar, precisamente, su autenticidad como relato. Barbie es, en todo caso, la película más representativa de nuestros tiempos que Hollywood vaya a estrenar este año.

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