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Barro tal vez

Eres joven, apenas cuentas 15 o 16 años. Llegas a un poema, a otro, a un tercero que atraviesa tu carne sublevada y se instala donde más corre la sangre. Entonces todo cambia: la vida parece bascular y dejan de importar (aunque aún importan) las mujeres, las tareas, las notas y el dinero que, fácil, ganas algunos fines de semana. El centro es el verso, la palabra poética, aquello que otros dicen, que escriben como si leyeran una radiografía en la que todos tus huesos están débiles y vulnerables.

Y poco a poco te vuelves literatura. Y el verso lo sostiene todo durante un tiempo que se supone largo para aquella edad. Poetas, libros, antiguas ediciones que quieres robar de la biblioteca porque en casa no abunda ese maná… El punto de equilibrio, la paz de los cementerios el día que no hay enterramiento, lo que debe de ser escuchar el canto de la ballena cuando no lo esperas, enfrentar tu mirada a la de un animal salvaje en medio de la jungla; eso es la poesía cuando no hay otros horizontes.

Luego el tiempo pasa; es algo inevitable. Y se lleva ese vértigo esencial que explota en el centro del pecho cuando se acerca el final de cada libro. La vida se impone y comprendes que nada es tan importante. Pero quedan las ascuas, el brasero picón calentando las extremidades y custodiando un fuego antiguo.

Y esas brasas se encienden, se rebotan indóciles en algunas ocasiones, como frente a un buen libro de poemas, como cuando el poeta dice, por ejemplo:

ESCRIBO poemas diminutos

que me hacen sentir

gigante a su lado,

no con el fin último

de engrandecerme

sino buscando ser

sorprendido por ellos,

despertar de la embriaguez

bien atado a la tierra

del reino de Liliput.

Atraviesa lo cotidiano José Alcaraz con El mar en las cenizas (Rialp, 2019), un libro de versos limpios y brillantes, merecido accésit del Premio Adonáis en 2018. Se centra el autor cartagenero en la relación del poeta con la palabra, con la creación poética, con el cuaderno en blanco y lo que implica (ESCRIBIR / como si cada golpe de tecla / (…) / fuera a llevar el dedo a la llaga de la vida), y atiza esa pasión primera, entregada, abierta en canal.

Con poemas breves y aparentemente plácidos, sencillos, Alcaraz plantea a lo largo de El mar en las cenizas casi una poética en la que creación lírica y vida se intercalan con la veloz fragilidad con la que una mariposa utiliza sus alas. Moldea el hecho de la escritura como barro de alfarero, razona a propósito de los miedos y las incertidumbres y acerca sus ojos al abismo. Hay, en este libro del escritor y editor cartagenero, una asunción del miedo: la creación es acercarse a las orillas de un lago oscuro y meter las manos en el agua sin saber qué monstruos la habitan, algo así como un temblor.

SIENTES un vacío
y tiemblas.

Pero sientes un vacío
porque lo cruzas
en un alambre.

Tiemblas
porque mantienes
el equilibrio.

Después del banquete hay que recoger la mesa

Lo leve y lo sutil, las pequeñas decepciones y los imperceptibles logros toman el peso de una ley en este poemario metapoético en el que el escritor se sincera, expresa sus miedos en voz alta. Alcaraz investiga sobre la construcción de su literatura, pero lo hace con el terror que genera la incertidumbre, la dificultad que supone esta orfebrería que talla una y otra vez la existencia misma. Entonces surgen los poemas sobre los poemas, y todo se equilibra, y todo es centro:

CALOR de manos aún en el cuaderno.

Restos de goma sobre las hojas,

borraduras límpidas, ese olor,

y el alba traspasando la celulosa.

Siempre un rumor de agua en los poros,

de estar escribiendo en ella.

Vendrán los días, olas usadas

donde ya flotaron frutas, jugaron niños,

se ahogaron hombres. Vendrán

a enjuagarse el tiempo,

a lavar en sus elipses mis manos,

que ya buscan palabras desvanecidas,

de nuevo ante el papel,

ensayando espumas.

El mar en las cenizas ayuda al lector a encontrarse con ese primer fogonazo de pasión por la poesía, abre la grieta que deja pasar la luz, que diría Cohen, perdida, que ataca directamente a esa promesa de entrega que los lectores hicimos en algún momento anterior.

Dice el poeta que para construir este libro, al que ha dedicado sus últimos cinco años de escritura, ha tratado de seguir ese verso de Rafael Cadenas en el que asume: “No quiero estilo, sino honradez”. Este accésit del Adonáis de 2018 es, sin duda, un misiva sincera, un ponerse ante el lector casi desnudo, mostrarle los mecanismos del poema en el poema mismo; una oportunidad de coger de nuevo la rosa incandescente, de volver al enamoramiento hacia los versos, aun teniendo las manos llagadas por las espinas.

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Autor: José Alcaraz. Título: El mar en las cenizas. Editorial: Rialp. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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