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Borja Hermoso: «Hay que entrevistar a todo dios, pero procurando no hacer el ridículo»

Borja Hermoso: «Hay que entrevistar a todo dios, pero procurando no hacer el ridículo»

Borja Hermoso (San Sebastián, 1963) contempla el género periodístico de la entrevista como una conversación. Cuenta a Zenda en un bar de la Gran Vía que, cuando toca torear, se planta con un cuestionario completo, lo ojea sólo para leer la primera pregunta que lleva escrita y que, a partir de ahí, tira millas. Apuesta por la sinceridad, la intensidad y, sobre todo, la honestidad. El periodista de El País, forjado previamente en la Universidad de Navarra, en Radiocadena Española en Pamplona, en Diario 16 y en El Mundo, acaba de publicar La conversación infinita: Encuentros con la escritura (Siruela, 2023), donde plasma el fruto de veintiocho encuentros con, entre otros, Ernesto Cardenal, Fernando Arrabal, Irene Vallejo o George Steiner. Les une la sabiduría y, sobre todo, su forma de expresarla. Hablamos sobre su libro, periodismo, youtubers, ruido y poesía, etcétera.

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—Señor Hermoso, ¿cuál es la pregunta que más se hace a usted mismo?

"Cuando termino la entrevista, me voy al primer sitio que pillo para tomar un café, una caña o un vino, según la hora, e intento asimilar cómo ha salido la cosa"

—¿Por qué? Fíjate qué sencillez de pregunta, ¿no? Cuando hablas de los porqués… Probablemente, porque tengo un concepto de mí mismo que siempre tira al desastre. Ejemplo: siempre pienso, y lo explico en la introducción del libro, que las entrevistas podrían salir mejor. Por qué. Por qué llevo tan mal, y no consigo superarlo, el tema de la previa. Lo paso horriblemente, como si fuera un becario. Al final, a veces me ayuda, lo de ir con tensión y tal. Pero, ¿por qué, joder? ¡Que acabo de cumplir sesenta tacos!

—Escribe, en concreto: “Calibro, preparo, leo, estudio, dudo, siento miedo, replanteo, pregunto, repregunto, elijo, descarto, escribo, publico y siempre extraigo la misma conclusión: pudo ser mejor”. ¿Siempre le queda ese agujero? ¿Nunca ha acabado con la sensación de haber cortado las dos orejas y el rabo?

—A toro pasado. Igual cuando ya la he publicado y gente de la que te fías te dice que es cojonuda, te lo empiezas a creer. Pero en el momento en que la hago, no me entero de nada, y cuando la he acabado, tampoco mucho. Cuando termino la entrevista, me voy al primer sitio que pillo para tomar un café, una caña o un vino, según la hora, e intento asimilar cómo ha salido la cosa. Y empiezo: “Esto tal, no sé qué, tiene mala pinta, de aquí me va a costar sacar un titular…”. Ese es el tema. Sí, es a toro pasado cuando, alguna vez, dices: “Pues salió bien”.

—¿Hasta qué punto sus entrevistas se acaban transformando en autorretratos, como escribe Nuccio Ordine en el prólogo?

—El pobre Nuccio… Este libro es otro: que se muera alguien del que te has hecho amigo… Yo tengo pocos amigos, no soy fácil, y me hice amigo de Nuccio. En dos o tres encuentros intensos. Y cuando me mandó el prólogo y leí eso, no estuve muy de acuerdo. El prólogo me pareció maravilloso y me emocionó, pero discrepé: creo que lo fundamental es que no estés en la entrevista. Lo que pasa es que es imposible que tú no estés. Siempre hay una intención. Y cuando hay una intención, estás ahí.

—Una constante en estas entrevistas es tu preocupación o tu crítica a la educación que se está dando en los últimos años.

"Una entrevista debe ser de verdad. Debe ser honesta. Se abusa tanto de la palabra honesta que me da un poco de cosa..."

—Sí. Totalmente. No sé si hay un autorretrato mío a golpe de hacer entrevistas a otros, pero sí que hay unos criterios objetivos: ¿cómo no vas a seleccionar a Steiner o a Habermas? Y luego hay otros que son míos: un personaje me interesa. Dentro de esto, me interesa una serie de temas. El de la educación es uno de ellos. Quizá porque tengo mellizos de catorce años y otro hijo de treinta. O sea, se me ha pasado tan acojonantemente rápido cuando me afectaba la educación como alumno a cuando me afecta la educación como padre de alumno, que igual, por eso, me obsesiona un poco. Y porque hay cosas que no marchan.

—En su opinión, una entrevista debe…

—Joder, debe tantas cosas… No, no debe tantas: debe tener pocas, pero intensas. Una entrevista debe ser de verdad. Debe ser honesta. Se abusa tanto de la palabra “honesta” que me da un poco de cosa…

—De los creadores de “fascismo” y “libertad”, llega…

—La honestidad, la empatía, la resiliencia… Creo que una entrevista debe ser honesta. Lo creo de verdad. Las mías pueden estar mal, algunas peché, puede que alguna esté bien, y si de las veintiocho hay dos cojonudas, pues mira qué bien, pero honestas son las veintiocho. De hecho, he hecho otras entrevistas que no están. No porque no fueran honestas, sino por otros factores. Pero, como se suele decir, los que están, son. Y son honestas. Eso no te garantiza nada: ser de verdad, ir de verdad. 

—Y un entrevistador nunca debe…

"Pero no soy un ingenuo. Un youtuber tiene todo el derecho del mundo a hacer la entrevista que le salga de..."

—Hacer de entrevistado. Ponerte tú en primer lugar. Es imposible no estar, por la intencionalidad de las preguntas, por el tono que quieres dar a la entrevista: a veces buscas un tono y consigues otro. Pero ponerte tú como objeto de la noticia… mal. Y si en alguna ha pasado, mal. Horroroso. He conocido a entrevistadores de esos y me repatean. Mal, mal.

—Hace unas semanas, José María García, que es de todo menos tonto, atizaba a Ibai Llanos por entrevistar a Messi y no hacerle una sola pregunta que mereciera la pena. No sacó el tema del fisco, por ejemplo. ¿Un youtuber puede ser tan buen entrevistador como un periodista?

—Seguro que podrían, pero no lo demuestran. Y te hablo generalizando. No me he leído ni he escuchado todas las entrevistas de los youtubers. Soy muy retrógrado en este aspecto, todo lo que sé de los youtubers lo sé por mi hijo de trece años, que es un fanático del fútbol y me cuenta lo de la Kings League, el partido de los youtubers del otro día, etcétera. Pero no soy un ingenuo. Un youtuber tiene todo el derecho del mundo a hacer la entrevista que le salga de…

—De donde le salga.

"Entiendo que una entrevista te puede traer problemas, pero, como te decía: se la dan al youtuber porque saben que no va a haber problemas. Y, normalmente, no los hay"

—Eso. Y puede que no le apetezca o que no crea conveniente preguntarle a Messi por el fisco. Pero vamos a darle la vuelta: es que Messi, o Piqué, le da la entrevista a Ibai porque sabe que no va a preguntarle según qué cosas. Ese es el proceso. Y no me la va a dar a mí o a ti, porque uy, uy, uy. A veces me sorprendo a mí mismo utilizando trampitas: “Oye, que esta entrevista para El País Semanal, que ya sabes que el tono no es de ir a pillar, que no es actualidad pura y dura”, tal. Son trampitas para que te den la entrevista, pero dices: “Joder, ¿por qué tengo que contar estas cosas para conseguir que me la den?” En realidad, estos personajes son gente con el culo pelao y con cierto relieve como para estar en disposición de hacer frente a un periodista. Si te preguntan por el fisco, contesta. Verdad o mentira. ¿Piqué es tonto? No. Como el Butano: son todo menos tontos. Entiendo que una entrevista te puede traer problemas, pero, como te decía: se la dan al youtuber porque saben que no va a haber problemas. Y, normalmente, no los hay.

—¿Usted ha preguntado siempre lo que ha querido? ¿Alguna vez se ha autocensurado por el qué dirán, por las cancelaciones y derivados?

—Voy a hacer en El País dieciséis años. Estuve otros dieciocho en El Mundo y, antes, en Diario 16. En los tiempos que corren, y trabajando en un periódico como El País, la cancelación, la cultura woke, el feminismo, perdón, el neofeminismo, que no es lo mismo, me la soplan a dos bolsillos. Me dan igual a la hora de hacer mi trabajo. Tengo mis ideas, mi forma de pensar. Creo que estamos viviendo, en gran medida, una gran pamema. Con gente haciendo carreras gracias a tratar según cómo según qué temas. Entonces, estos temas, te lo digo de verdad, no me afectan. Ni siquiera trabajando, repito, en un periódico como El País. Donde he tenido problemas.

—¿Qué problemas?

"La entrevista es un cuerpo a cuerpo, pero soy una persona muy educada. Mis padres y el colegio al que fui me enseñaron cuatro o cinco rudimentos de cómo andar por la vida"

—Con entrevistas puntuales. Alguna de las cuales está aquí, como la de Pascal Bruckner. ¿Qué pasa, que no hay que entrevistar a según qué personas? No: hay que entrevistar a todo dios. Yo hubiera entrevistado a Hitler, pero hubiera procurado no hacer el ridículo. No, nunca me he cortado. Sí que, a veces, me he quedado con ganas de insistir más. Y me he preguntado por qué no he insistido más. ¿Por qué? Porque, efectivamente, la entrevista es un cuerpo a cuerpo, pero soy una persona muy educada. Mis padres y el colegio al que fui me enseñaron cuatro o cinco rudimentos de cómo andar por la vida.

—¿Qué rudimentos?

—Ser educado. Saber donde estás. Probablemente, tengo pocas virtudes como periodista. Pocas. Hice periodismo porque no tenía ni idea de qué hacer. Esa fue toda mi vocación. Tengo poquitas virtudes, pero tengo una que creo que me funciona bastante, y es que, en tiempo real, en todo momento, soy capaz de ponerme en el lugar del otro. En una entrevista, eso es impagable. Y si el otro es Steiner, tiene ochenta y ocho años, está malito y llevas casi dos horas de conversación, tienes que cortar. Sobre todo, porque el tío te ha recibido en su casa. ¿Cómo iba a soñar yo que iba a entrevistar a Steiner en su casa de Cambridge?

—Uno de los mayores sabios del siglo XX.

"Volviendo a los rudimentos: no molestar, tener cuidado, y, a falta de otras virtudes, me preparo las entrevistas como si fueran algunas tesis doctorales. Hasta pasarme de frenada"

—Un sabio, y no sólo. Me voy a otra cosa importante: estos y estas son sabios, pero no sólo por la acumulación de conocimientos que tienen, sino por cómo lo cuentan. Por la capacidad que tienen de una cosa que yo llamo “multinivel”. Ser transversal, si lo prefieres. Hay gente de esta que si me hubiera hablado de la fenomenología de la percepción, la epistemología y la ontología del ser, la razón práctica y la razón pura, yo me hubiese enterado del ocho por ciento. Pero es gente que sabe hablarte en un nivel… Primero, saben cómo eres; segundo, saben que es una entrevista para un periódico o un semanal, no para una gaceta de filosofía pura de la universidad. Perdona, que me disperso. Volviendo a los rudimentos: no molestar, tener cuidado, y, a falta de otras virtudes, me preparo las entrevistas como si fueran algunas tesis doctorales. Hasta pasarme de frenada. Dices: “Luego no te vale para nada”. Creo que sí te vale. Si no te vale para la entrevista, te vale para la vida. Que te quiten lo bailao.

Quintero me dijo una vez: “Las preguntas inesperadas nacen del sillón del psicoanalista; las trascendentes, de Aristóteles y los griegos, y las sorprendentes, de los niños”. ¿Ha dejado el hombre de hacerse estas preguntas?

—Muchas de las respuestas de este libro hablan de temas trascendentes. Porque los que las dan mejoran las preguntas. Son capaces de cosas trascendentes. Y es verdad que se ha dejado de hablar de muchas cosas trascendentes. Aquí hay comunes denominadores que, para mí, son trascendentes y trascendentales. Hay una brutal dictadura del ruido, de la prisa, de la prisa falsa. ¿Frente a eso? El tiempo, el silencio, parar y templar, no decir la primera gilipollez que se te pasa por la cabeza, sino pensar y, entonces, decir, o la vida y la muerte, que son los dos puñeteros únicos ingredientes de este sarao…

—Parece que queremos olvidar eso.

—No, no lo parece: lo queremos olvidar. A los críos, por ejemplo, les ocultamos, como gato panza arriba, que hay una cosa que se llama “muerte”. No quiero amargar a los críos, pero quiero que sepan que nos vamos a morir todos… hasta que se demuestre lo contrario.

—A finales de mayo, el zoológico de Leipzig sacrificó a una cebra de quince años que no pudo ser reubicada ni utilizada para la reproducción y se la sirvió a unos leones. Unos testigos presenciaron cómo un gran gato se la jalaba, se indignaron, protestaron en redes y el cuidador, si bien no ha sido despedido, ha pasado de ocuparse de las fieras a estar pendiente de, según contó en Bild, “cabras enanas, conejos gigantes y periquitos”.

"Queremos seguir convenciendo a la gente de que un animal es igual que un ser humano. Para mí, no. Adoro a los animales: he tenido perros, me vuelven loco los caballos, pero no es lo mismo"

—¿Dónde está el problema? Estoy seguro de que los que estaban ahí viendo eso y montaron el cirio estaban así (se frota las manos): “¡Hostia, mi momento de gloria en las redes! ¡La que voy a montar!”. Si no se ha podido hacer nada por ese animal, y se va a morir, o va a sufrir… He visto cómo a un caballo, cuando se rompe una pata, se le pega un tiro porque los dolores que tiene son terribles. No sé: si se puede curar, se cura; si no, se sacrifica. Pero protestar por ver cómo un león se come a una cebra…

—Queremos hacer veganos a los leones.

—Queremos seguir convenciendo a la gente de que un animal es igual que un ser humano. Para mí, no. Adoro a los animales: he tenido perros, me vuelven loco los caballos, pero no es lo mismo. A la vez te digo: por supuesto que hay perros mucho mejores que muchos seres humanos. Esto lo aprendí de Savater y comulgo con él: un ser humano no es lo mismo que un animal. Ya está. Y creo que hay animalistas de muy buen talante y animalistas haciendo carrera con los mismos temas, o parecidos, de los que hablábamos antes.

—Volvamos al ruido y a la, como decía, “prisa falsa”. Steiner le dice que “no hay que tener miedo al silencio”. ¿Hay demasiado ruido en el mundo?

"Desde el punto de vista subjetivo, reconozco que, a medida que cumples años, tienes menos paciencia para según qué cosas: para la tontería, la grandilocuencia, el convencimiento de que tienes razón sí o sí..."

—Lo que más hay en el mundo es ruido. Lo digo desde dos niveles. Objetivamente: hay mucho ruido. Con o sin sonido. Para mí, ruido es ver actitudes o movidas que a lo mejor no tienen decibelios, pero hacen ruido. Subjetivamente: reconozco que me llevas a un concierto de AC/DC y me encanta. El ruido, cuando toca, me encanta. Pero cuando no toca, me jode. Entonces, desde el punto de vista subjetivo, reconozco que, a medida que cumples años, tienes menos paciencia para según qué cosas: para la tontería, la grandilocuencia, el convencimiento de que tienes razón sí o sí… Para mí, todo eso también es ruido.

—La introducción de La conversación infinita la escribió en otoño de 2022, en el Monasterio de Silos. ¿Qué hacía ahí?

—Pues un reportaje que se llamaba “En busca del silencio”. Miento: hice un reportaje para El País Semanal que se tituló así, que constó de varias cosas, me hice un retiro de silencio y meditación en una montaña de Mallorca. Estuve tres días callado, sin que nadie supiera que era periodista. Sólo lo sabía el director de la red de meditación, que era Pablo d’Ors. Me hice el retiro enterito y me gustó mucho, para repetir. Y me fui a ver a un anacoreta que vive en una montaña en Alcañiz, Teruel. Un tío que lleva siete años solo, cuidando de una ermita. Me fui a Silos tres días, donde ya había estado, y a un par de sitios más. Luego, volví a Silos para rematar el libro. Por eso lo acabé fechando ahí.

—Permítame, para ir acabando, que le robe una pregunta: “¿Es optimista con respecto al futuro de la poesía?”

—Sí. Con respecto a lo que opina a la sociedad de la poesía, soy muy pesimista.

—¿Por qué?

—Ponte en un banco aquí a leer un libro de poesía. Ya verás cómo te miran: como si fueras un ornitorrinco.

—Sin embargo, con muchas comillas, la “poesía” de Instagram funciona a las mil maravillas.

—Pues bienvenida sea. Te digo que soy optimista para la poesía: creo que siempre habrá poesía y gente con vocación y con habilidad de hacer poesía. Algunos con vocación y sin habilidad… de todo (risas). Son tantas las conversaciones como la nuestra con las que, sin ser poesía, suelo pensar: “Joder, si estos tres (señala a unos tipos que están en una mesa cercana), a quienes no conozco, supieran de qué estamos hablando, dirían: ‘Pero estos, ¿de qué hablan?’”. No creo que el común de los mortales se plantee estas movidas del tiempo, el silencio, lo lírico, la poesía, lo que está detrás o lo que está debajo. Son cosas que no las ves, pero que están. El alma, la espiritualidad… No soy religioso, y hay muchísima gente que no es religiosa, pero que a lo mejor sí es espiritual. Entonces, soy optimista con respecto a la poesía porque me parece indestructible: va pegada a muchas cosas.

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Autor: Borja Hermoso. Título: La conversación infinita. Editorial: Siruela. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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