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Bushido para la vida cotidiana (V): Honor y palabra

Bushido para la vida cotidiana (V): Honor y palabra

Honor y palabra… Conceptos que parecen sacados de alguna historia de caballería o de un relato de El Zorro. Términos difíciles de definir, sobre todo en un periodo en el cual han caído en desuso y en el olvido.

Las cosas y los acontecimientos son efímeros. Olvidamos con enorme facilidad.

Sin embargo, ambas actitudes forman parte del arsenal de cualquier samurái iluminado. Y, como iremos viendo a lo largo de esta entrada, ayuda a comprender algunas de las exóticas maneras de conducirse que tienen los mayores guerreros de la historia. Huelga decir que trataré de presentar algunas ideas que pueden sernos de gran utilidad en nuestra vida cotidiana y en el desarrollo de lo que constituye el verdadero objetivo de esta sección: el arte de la paz, sirviéndonos para ello de las lecciones extraídas del arte de la guerra.

"Inazo Nitobe afirma que el honor «reside en el hecho de que cada uno haga bien lo que le corresponde»"

Por norma general, se asocia «honor» a buena reputación. En líneas generales, es correcto, aunque tal vez sería más preciso señalar que, si bien la buena reputación parece estar más orientada a la galería, el honor apunta directamente a nuestro interior (lo que no quita que tenga una dimensión externa). Inazo Nitobe, por su parte, afirma que el honor «reside en el hecho de que cada uno haga bien lo que le corresponde». Desde mi punto de vista, empero, esta visión resulta un tanto vaga. Creo más bien que el honor es un pacto entre nosotros, nuestra dignidad y un profundo respeto por la dignidad del otro, incluso del enemigo. Esta última afirmación puede sonar un tanto desconcertante, si bien veremos que supone una de las mayores enseñanzas que podemos sacar de este concepto.

En la época de los samuráis, no era infrecuente que un guerrero se practicase un pequeño corte en el muslo en caso de no llevar cicatrices, pues esto suponía una deshonra (¿qué tipo de guerrero comprometido no lleva alguna marca en la piel?). Asimismo, no era raro que un luchador se dejase hacer una herida superficial para mantener intacta la dignidad y el honor del oponente.

Tampoco era extraño que —en contra de las enseñanzas de El arte de la guerra— en épocas de escasez los señores feudales enviasen arroz y provisiones al enemigo.

Enemigo… Una palabra curiosa, sin duda. ¿Habéis caído en la cuenta de que todo héroe o heroína necesita su némesis? ¿Qué sería de Sherlock Holmes sin Moriarty? La eterna «partida a medias» —como la que Holmes siempre mantiene con Irene Adler, ¿amiga o enemiga?— es lo que motiva al personaje.

El Hagakure nos recomienda: «Si sois abatidos en el transcurso de una batalla, hacedlo cara al enemigo». De este modo, quedará claro que luchasteis hasta el final y no tratasteis de huir. Asimismo, el «libro secreto de los samuráis» nos insta a cuidar el atuendo, incluido el más reservado, por si morimos en el campo de batalla. Descubrirnos sucios o con el sable el malas condiciones podría ser interpretado como un signo de dejadez. ¿Recordáis lo que estuvimos comentando a raíz de la etiqueta, el decoro y la acción anticipada? Como se puede apreciar, un sutil hilo rojo recorre todas las enseñanzas del bushido.

"El honor puede ser revisado bajo el prisma de un compromiso de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás"

Daisetz T. Suzuki afirma en El zen y la cultura japonesa que «el zen marcha de la mano con el espíritu del bushido (“el camino del guerrero”)». En realidad, dedica unas brillantes palabras al maridaje de zen y bushido. En este sentido, también los monjes chinos de Shaolin ejemplifican este matrimonio entre budismo y artes marciales.

De los diversos puntos de unión existentes, podemos señalar en este contexto la idea de la compasión. La compasión es un elemento fundamental en el desarrollo de un samurái, lejos de la visión —en ocasiones, y por desgracia, acertada— del guerrero irascible y caprichoso. El cultivo del zen evita que el guerrero se comporte de un modo perjudicial para sí mismo y para los demás. La disolución del ego, aspiración ineludible de toda arte marcial seria, resulta clave para la formación de un samurái.

Así pues, el honor puede ser revisado bajo el prisma de un compromiso de respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás, de la existencia de un «fondo insobornable», o la actitud de no dejarnos mangonear, al tiempo que damos siempre una salida digna y elegante al adversario, sabedores de que la partida no puede desarrollarse sin él.

Debemos asumir con sinceridad esta postura, pues, como señala Confucio, «la sinceridad es el principio y el fin de todas las cosas; sin sinceridad no habría nada».

También la sinceridad es un aspecto clave de la palabra, un término un tanto debilitado en tiempos de borrado de tuits e intimidades transitorias.

"Siempre nos queda el espíritu del bushido para corregir los desajustes que nuestro estilo de vida ha implantado."

Se dice que en tiempos de los samuráis, la palabra de estos era tan sólida como una rúbrica en un contrato. A este respecto, Yamamoto recoge la anécdota sobre Morooka Hikoemon, quien «fue requerido un día para que confirmara la veracidad de sus palabras, a propósito de cierto hecho. Pero él respondió: “La palabra de un samurái es más firme que el metal. Y puesto que estoy totalmente convencido de este principio, ¿qué pueden añadir a eso los dioses o los budas?”. El juramento quedó anulado».

Nuestra cultura, por su parte, ha tenido que desarrollar una potente maquinaria legal para paliar las deficiencias de dicho modelo de conducta en nuestro seno (a este respecto, invito al lector a no hacer extensivo el espíritu del bushido a todo Japón, y menos en la actualidad). Finalmente, como planteaba Hobbes, el hombre es lobo para el hombre, y la palabra ha quedado reducida a mera estrategia circunstancial.

Por fortuna, siempre nos queda el espíritu del bushido para corregir los desajustes que nuestro estilo de vida ha implantado.

Sin llegar a extremos teatrales ni histriónicos, debemos recuperar el verdadero sentido de la rectitud —a la que Sunzi dedica no pocas palabras en El arte de la guerra—. Según él, el gobernante recto será seguido por quienes estén a su cargo y será mucho más difícil de abatir, pues contará con un leal apoyo de su ejército, que será capaz incluso de dar su vida por él. Nada más lejos de mi intención plantear un compromiso tal, si bien sí puede resultar de utilidad destacar que la persona recta y que tenga en cuenta el bienestar de los demás gozará de más crédito y prestigio en todos los ámbitos de su vida, y esto le ayudará a llegar más lejos, luego más cerca de sus metas.

Las enseñanzas del guerrero dejan bien claro que debemos proteger nuestra dignidad, sin caer en la altanería ni en la hipersensibilidad. Asimismo, la defensa de la dignidad del prójimo (incluso del «enemigo») se convierte en un aspecto fundamental de nuestro desarrollo como seres humanos. Éste es el verdadero sentido del honor (en este sentido, honor se aproxima a justicia).

"Este mismo sentido de la rectitud nos ayudará a corregir los errores propios y ajenos, mediante el cultivo de la justicia y el perdón"

El cuidado de todos los aspectos de nuestra vida nos convertirá en personas previsoras (que no previsibles), poco dadas al pánico. Presentarnos antes los demás de manera decorosa dejará de ser un asunto frívolo para convertirse en un gesto de respeto hacia los otros.

Por otra parte, tenemos que alimentar la seriedad, en el sentido de responsabilidad, y ser coherentes con nuestras palabras; meditarlas antes de pronunciarlas y mantenerla una vez dada. De este modo, no podrá hacérsenos reproche alguno.

«Está mal murmurar, y tampoco es bueno alabar sin medida. Un samurái debe conocer su propia dimensión, observar la disciplina sin dejarse distraer y hablar lo menos posible», nos recuerda Yamamoto, así como que «aquello que tenga que ser dicho, siempre deberá decirse de forma sucinta, lo más lógica y claramente posible».

Este mismo sentido de la rectitud nos ayudará a corregir los errores propios y ajenos, mediante el cultivo de la justicia y el perdón, asuntos de los que hablaremos en la siguiente entrega.

Mientras tanto, os dejo con un suave sonido de ukelele de fondo y os dedico las palabras que constituyen el centro del Ho’oponopono, inspirado de la filosofía huna de Hawái: «Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias».