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Camisetas y mascarillas

Detalle de la portada de El Mundo del 19 mayo de 2006.

Reproduzco una columna publicada hace catorce años en Diario de Burgos. Su titular fue La camiseta. Entonces apenas me fijé en la mascarilla del voluntario de la Cruz Roja:

Veintiún millonarios juegan al fútbol en un estadio de París. El camerunés Samuel Eto’o, el mejor jugador de África, consigue que el balón se cuele en la portería del Arsenal. Antes de que repitan el gol ya oigo petardazos. Supongo que también explotan en Barcelona, Yaoundé y cientos de lugares más: a los culés ya no se les va a escapar el partido. Cinco minutos más tarde, millones de telespectadores de todo el mundo (entre ellos, 14.254.000 españoles) contemplan el segundo gol del Barça. A partir de entonces se desata la euforia. Los hinchas del nuevo campeón de Europa celebran el triunfo hasta en la Cibeles de Madrid. En Barcelona, como suele ocurrir en cualquier otra metrópoli en situaciones similares, la fiesta degenera al cabo de unas horas: piaras de gamberros saquean tiendas, destrozan farolas y cabinas, se enfrentan a la policía.

El jueves toca hacer recuento (un centenar de heridos, cuarenta y tantos detenidos, cien mil euros en desperfectos) y recibir a los héroes. Medio millón de aficionados sale a la calle para aclamarlos. Un inmenso tráiler recorre la Ciudad Condal mientras los ídolos beben, cantan y bailan ska.

Ese mismo día se bate un récord. En Canarias y Almería desembarcan 623 inmigrantes en cayucos y pateras. Uno de ellos, según los teletipos «un hombre de origen subsahariano», despierta el interés de las cámaras: viste una camiseta azulgrana, con el escudo del Fútbol Club Barcelona pero sin el logotipo de Nike. El viernes aparece en un par de portadas de diarios nacionales junto al hombre que le atiende, un voluntario de la Cruz Roja con el rostro cubierto por una mascarilla sanitaria. Ambos miran a la cámara. He buscado en Internet si alguien los llegó a entrevistar pero no he encontrado nada, a pesar de que cualquiera de los dos podría haber contado bastantes cosas. Sólo interesó la foto, la camiseta.

Vuelvo a 2020.

"El fútbol ha estado en barbecho durante la pandemia, pero los inmigrantes no han dejado de jugarse la vida en pateras y cayucos."

Hace unos días, Jorge Valdano escribió en El País: «Conviene aclarar que no se volverá a competir por capricho de los futbolistas, sino porque es necesario mover la máquina de producir dinero que le da trabajo a 185.000 personas en España y a millones en el mundo. Seamos claros: la que tiene prisa es la industria, no el juego».

Y este viernes el diario canario La Provincia publicó que «desde el pasado 14 de marzo han sido interceptadas un total de 26 embarcaciones con un total de 895 personas, por las 246 que lo hicieron el año pasado en 17 pateras o cayucos. Esto significa un incremento del 263%».

Detalle de la noticia publicada en La provincia.

El fútbol ha estado en barbecho durante la pandemia, pero los inmigrantes no han dejado de jugarse la vida en pateras y cayucos. Y sin mascarillas. En la foto publicada por el periódico de Las Palmas no vemos ninguna. Son un lujo.

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