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Campeones de humildad

Damian Lewis, en Billions

Nunca faltan los ricos celosos. Lejos de conformarse con tener “todo en la vida” —como acusan los cándidos de otros estratos menos facultados— opinan con sus diablos insaciables que todo implica Todo, y ello supone incluso posesiones de suyo inaccesibles al pudiente, como sería el caso de la humildad. Un accesorio de primera mano, muy útil para hacerse perdonar la incómoda presencia de algunos cuantos millones de dólares.

"El nuevo humilde es como el nuevo rico: tanto le urge que todos se vayan enterando que apenas tarda en radicalizarse."

En los tiempos dorados de la Inquisición, ser rico era invertir en comprar indulgencias. La Santa Madre Iglesia tenía ventanillas especiales para los pecadores dispuestos a purgar sus transgresiones en riguroso cash. Situación impensable a estas alturas, cuando el acaudalado debe sobrevivir perseguido por la viva ojeriza de legiones de inquisidores freelance a los que mil fortunas repartidas no bastarían para sobornar (ya se sabe: los ricos son golosos desde cuando son pobres). Por eso lo de hoy es invertir en buena conciencia.

Ciertamente los sponsors de los Borgia no se hacían más piadosos por comprar indulgencias, sino justo lo opuesto: una vez pertrechados con un salvoconducto a prueba de sospechas, podían conducirse como Lucifer mismo sin perjuicio de su pío renombre. Algo no muy distinto pasa con el visado de la humildad, que para funcionar óptimamente debe ostentar el sello de la buena conciencia. Esto último, además, en lugar bien visible, no sea que al populacho le dé por sospechar de su autenticidad.

¿Qué tendría de raro que entre tantas humildes millonadas se colaran millones fariseos? ¿Y cómo se hace para reconocer al buen millón, o desenmascarar al millón pérfido, desde el mal parapeto de un estrato social que experimenta vértigo entre tanto dígito? Igual que hace tres siglos, la solución está en la buena imagen: el saldo natural de la humildad y la buena conciencia debidamente posicionadas y proyectadas en otro nivel. Esto es, A Gran Nivel, pero eso no se dice porque it defeats the purpose, ¿cierto? Ya quedamos en que íbamos a ser humildes.

"Quieren que el mundo sepa que recién descubrieron la injusticia y se aprestan a darle su merecido en nombre de los pobres de este mundo."

El nuevo humilde es como el nuevo rico: tanto le urge que todos se vayan enterando que apenas tarda en radicalizarse. Si sus abuelas fueron devotas conocidas de la Vela Perpetua, él se hará ver y oír como impulsor de causas de las que anteayer mismo no tenía noticia y hoy abraza con celo de mujaidín. Ya sea porque vieron la luz en Varanasi o la pasaron bomba en Varadero, los humildes recientes no son menos notorios que los nuevos ricos, por más que tampoco ellos parezcan darse cuenta del papelón.

Emular la empatía de cartón del nuevo humilde es tan fácil como seguir dos pasos simultáneos: 1. Arrugar la nariz hasta hacer una auténtica mueca de repulsión. 2. Sonreír ampliamente. ¿Quién ha visto extrañeza más gentil? ¿No es acaso ese rictus espontáneo y afable que evidencia el afecto natural entre los visitantes de la tienda de mascotas y el bebé chimpancé? Una cosa, eso sí, es que te sonrían, y otra muy diferente que te compren. Y aun si eso pasara, habría que ver lo que regatearían. Una cosa es que sean nuevos humildes, otra que los dineros no les roben el sueño (como tanto se jactan quienes carecen de ellos).

Nunca faltan los ricos envidiosos. Han buscado el sentido de la vida sin encontrarle aún la etiqueta del precio, de modo que compiten con los pobres por superarlos aun en sus dominios. Se les ve exagerar el celo en las preocupaciones sociales, tal como a sus ancestros se les vio darse golpes de pecho ante el altar. Quieren que el mundo sepa que recién descubrieron la injusticia y se aprestan a darle su merecido en nombre de los pobres de este mundo. Se diría que buscan algún salvoconducto válido por millones pasados, presentes y futuros, y hasta parece que ni se acuerdan de ellos. Pero claro, no son más que millones. Aunque sean de dólares. Dinero suficiente, en todo caso, para que nadie dude que en todo lo que toca a la humildad son ellos Los Primeros, no faltaría más.

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