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Carmen Domingo: «Una minoría trata de pisotear a la mayoría en aras de su diferencia»

Carmen Domingo: «Una minoría trata de pisotear a la mayoría en aras de su diferencia»

Foto: Guillaume Houzeaux.

Corren malos tiempos para la libertad. Entre la censura de la derecha «revivida» y las cancelaciones de la izquierda líquida, la cultura es un campo sembrado de minas por el que resulta peligroso transitar. Entre Scila y Caribdis, parece que el naufragio está garantizado. Desvelamos aquí algunas de las tácticas del segundo de estos míticos monstruos marinos analizadas por Carmen Domingo en #Cancelado: El nuevo macartismo (Círculo de tiza, 2023), un estudio que aborda la cultura de la cancelación, movimiento surgido en Estados Unidos y ya implantado en Europa, en virtud del cual el verbo «cancelar» ha adquirido un nuevo y siniestro significado: la posibilidad de desprestigiar, marginar y, en pocas palabras, destrozar la vida de una persona. Licenciada en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona y especializada en el estudio de temas feministas, Domingo desentraña los mecanismos y estrategias de esta caza de brujas del siglo XXI y reúne numerosos casos de personas afectadas, a partir del intento frustrado que sufrió Ana Iris Simón a causa de un artículo suyo en El País a favor de la institución familiar, y que le inspiró este libro. «¿Hay que seguir viendo Lo que el viento se llevó o eliminarlo de todas las filmotecas por racista?», se pregunta la autora. «¿Es Lolita una obra maestra de la literatura o prohibimos a Nabokov por pedófilo? ¿Perseguimos a J. K. Rowling por su opinión sobre lo que es una mujer? ¿Quemamos los cómics de Tintín en aras de una defensa de los pueblos colonizados por los europeos?»…

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¿Temes ser cancelada por este ensayo donde pones en la picota la cultura de la cancelación?

"Cada vez que alguien habla de libertad de pensamiento en un medio de comunicación échate a temblar: casi seguro que solo piensa en la libertad de su punto de vista"

—Bueno, te diré que cancelaciones ha habido, varias, pero claro, salvo algunas que se han atrevido a asegurar que no me llamaban por discrepar, es difícil demostrarlo. Lo cierto es que es una pena que en pleno siglo XXI la discrepancia, la discusión, esté penalizada, pero así es. Un tema como la cancelación debería estar en los medios día sí día también.

¿Por qué lo titulas «Nuevo macartismo» en vez de «Nueva Inquisición», por ejemplo?

—Por hacer un guiño a esta falsa izquierda posmoderna (la líquida, que dijo Bauman) que nos rodea, porque en realidad están haciendo lo mismo que hizo la derecha en los EEUU. Si pudieran, prohibirían todos los libros o a todas las personas que no dijeran lo que a ellos les interesa decir.

Hace apenas unas décadas Europa se liberó de la rígida moral religiosa, y ahora surge un movimiento que limita de otra forma la conducta humana. ¿Somos incapaces de gestionar la libertad de pensamiento, de conciencia y de expresión? ¿Necesitamos una especie de corsé, una policía autovigilante?

"Los que más están aplicando la teoría de la cancelación son grupos y sectores minoritarios de la sociedad que parece que intentan vengarse de la sociedad en que les ha tocado vivir"

—Pues yo no lo creo, pero no piensan como yo nuestros mandatarios y opinólogos cercanos al poder que, sin que les tiemble el pulso, tienen la osadía de defender su punto de vista en aras de una libertad que no solo no practican sino que, además, es la encargada de cancelar al de enfrente. Cada vez que alguien habla de libertad de pensamiento en un medio de comunicación échate a temblar: casi seguro que solo piensa en la libertad de su punto de vista.

¿Se podría decir que, en su origen, la cultura de la cancelación cristaliza la mala conciencia del hombre blanco heterosexual y poderoso que ha abusado de su hegemonía durante siglos en todos los órdenes? ¿Una causa en principio honorable que ha degenerado en histérica caza de brujas?

—Lo de las malas conciencias como justificante de malas acciones ya no lo compro. Quizás tengas razón, y eso sea parte de lo que explica su comportamiento, pero yo hubiera preferido que no se culpara de algo de lo que no tienen culpa y nos respetaran a todos. Entre otras cosas porque en realidad los que más están aplicando la teoría de la cancelación son los grupos y sectores minoritarios de la sociedad que, de momento, parece que lo que están haciendo es vengarse de la sociedad en que les ha tocado vivir. Es más, diría que es una minoría —que hasta hace unos años lo que defendía era que todos fuéramos iguales— la que trata de pisotear a la mayoría en aras de su diferencia.

La censura, el ostracismo, la purga social ha existido siempre, pero antes se conocían las fuentes de tales imposiciones. En cambio, la cancelación la ejerce un magma de seres invisibles y anónimos contra los que resulta imposible luchar.

"La izquierda, justificando la cancelación en aras de las minorías, de las víctimas, de la raza, de la lengua... se atreve con todo"

—Hay varias diferencias del antes frente al hoy. Una vez se generaliza, desde la izquierda, la cultura de la cancelación, esta llega a la sociedad y somos nosotros mismos los que hemos visto cómo se aplica, los que muchas veces ni nos atrevemos a opinar, no vaya a ser que nos quedemos sin trabajo. O sea, nadie se atreve a decir «el rey está desnudo». Es más, por momentos te diría que atreverse a decirlo es casi una temeridad.

Y todavía resulta más horrible que esas hordas pseudojusticieras sean supuestamente de izquierdas. ¿Cómo explicar ese aparente sinsentido?

—Pues no tengo ni idea, se me escapa por completo, pero así es. Es más, te diría que la derecha no se atreve a hacerlo para que no la señalen. Mientras que la izquierda, justificando la cancelación en aras de las minorías, de las víctimas, de la raza, de la lengua… se atreve con todo.

Uno de los efectos más preocupantes de la cultura woke que subrayas es el de propiciar el resurgimiento de la derecha, incluso de la más extrema. Parece que, por desgracia, los hechos te dan la razón.

"En la facultad de medicina se habla de sexo sentido. Es fácil que se nos vaya de las manos si no ponemos un poco de sensatez"

—Claramente, si cancelas, quemas, y prohíbes los libros de Amelia Valcárcel, o borras de tu catálogo Lo que el viento se llevó, ¿cómo luego criticar que Ron DeSantis prohíba libros con temática LGBT o que no se estrene el Orlando? ¿Qué está bien, o qué está mal? ¿Por qué unos pueden hacerlo y otros no? Es más, ¿cómo defender lo primero en aras de las minorías, sin pensar nunca en la sociedad de forma global?

Este movimiento nació en Estados Unidos y también se ha implantado en Gran Bretaña. Sin embargo, en países de tradición católica, como España o los de Sudamérica, su influjo parece menor. ¿Tiene esto que ver con el tipo de mentalidad forjada por el puritanismo anglosajón?

—No, yo creo que parece menor por el momento, pero que si no seguimos advirtiendo en contra será igual de perjudicial aquí. En las universidades de nuestro país ya te preguntan por tu «nombre sentido». Y en la facultad de medicina se habla de «sexo sentido». Es fácil que se nos vaya de las manos si no ponemos un poco de sensatez.

¿Qué caso o casos de cancelación te impresionan más por la injusticia que suponen? Personalmente, me irrita de forma especial el de J. K. Rowling, una mujer que forjó su fama y fortuna de la mejor manera posible, haciendo leer a los niños.

"Ya nadie habla de lo que realmente es importante, de las necesidades reales, nos tienen entretenidos con la cortina de humo de las diversidades en todos los sectores culturales, y así no pensamos en la realidad"

—El de Rowling es de lo más irritante, pero el de las películas canceladas porque no hacen o dicen lo que crees tú que deben hacer o decir; los novelistas leídos setenta años más tarde que nos parece que no son políticamente correctos… y luego ya las tonterías que vemos a diario, los conguitos negros que parece que ofenden, vender tapones para «seres menstruantes», para no hablar de mujeres; la imposibilidad de realizar según qué conferencias…

¿No subyace una feroz hipocresía tras esta especie de nueva moralina? Las diferencias económicas se acentúan cada vez más y, mientras hay más series protagonizadas por actrices y actores de color, en las cárceles de EEUU los afroamericanos siguen siendo mayoría.

—Lo que es en realidad es una estafa y un despropósito. Ya nadie habla de lo que realmente es importante, de las necesidades reales. Nos tienen entretenidos con la cortina de humo de las diversidades en todos los sectores culturales, y así no pensamos en la realidad. Es más, me encantaría saber si detrás de tanta diversidad e inclusión están sueldos para los actores y actrices racializados o de minorías equivalentes a los que son… llamémosles normativos, que ya ni sé ni cómo llamar a alguien del montón.

¿Qué se puede hacer para frenar esta marea de pensamiento único y castrador de la libertad humana que tanto costó conseguir?

—Educar a la población. Es el único remedio que se me ocurre, pero ya se han ido encargando los distintos gobiernos de que la educación cada vez eduque menos.

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Autora: Carmen Domingo. Título: #Cancelado: El nuevo macartismo. Editorial: Círculo de Tiza. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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Ricarrob
Ricarrob
7 meses hace

Sin desperdicio esta entrevista a esta juiciosa mujer en la que su objetividad sobre estos temas es insuperable. Esperemos todos que sean modas pasajeras, el sarpullido posmoderno, porque si no, veo un futuro de lucha por la igualdad de derechos de los blancos, hombres y heteroxesuales y por la libertad de opinión; lucha contra las censuras inquisitoriales.