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Carta a George Lucas

Querido y admirado George Lucas:

No te conozco, pero siento como si te conociera, y mucho y muy bien. Son tantas las películas tuyas que he visto, tantas veces que las he visto, y que incluso las he estudiado y meditado… Para mí eres un amigo muy querido y especial, distinto a otros que tengo, aunque sean muy buenos. Nuestra relación está hecha de películas, de historias, de mitos, de aventuras, de personajes maravillosos, de mundos extraños y espectaculares.

No sé si sabes que escribí un libro sobre La guerra de las galaxias; La guerra de las galaxias, el mito renovado. Lo escribí en 2005, en un tiempo fantástico para mí, lleno de aprendizaje, de diversión, una auténtica experiencia que me fue muy enriquecedora y que luego pude compartir con todos los lectores.

Primero fueron tus películas, pero gracias a ellas llegué a ti. Pude conocer que eras un tipo sencillo, con sus peculiaridades por supuesto, pero sencillo, muy creativo, muy inteligente, que como él mismo decía —como tú decías— estaba metido en el mundo de las películas porque le divertía.

Nos divierte a todos, a muchos, a muchísimos. Nos alegra la vida. Como los buenos libros, como los buenos cómics, las películas nos hacen felices, o al menos, desde luego, más felices. Y tú haces unas películas excelentes, verdaderamente espectaculares. Miguel Juan Payán, que hizo una biografía estupenda sobre ti, tituló su obra George Lucas. El mayor espectáculo del mundo, y creo que está muy bien puesto el título, porque tus películas, no sólo las escritas y dirigidas por ti, sino también las producidas —pienso en Willow, que me gusta mucho—, son trepidantes, fabulosas. Son sueños, en realidad, a veces con algo o mucho de pesadilla —quizá por ejemplo todo lo relacionado con el Lado Oscuro en La guerra de las galaxias—, pero al final, casi siempre, sueños, buenos sueños.

Yo soy fan de Indiana Jones desde el principio, desde que muy niño fui a ver En busca del arca perdida, con mis padres y  mis hermanos. Lo mismo puedo decir de La guerra de las galaxias, que me deslumbró desde la primera vez que la vi, como a tantos, quizá como a todos. En realidad puedo decir eso, que todas tus películas, incluso quizá las que triunfaron menos, son deslumbrantes, divertidísimas. ¿Tuvo menos éxito Tucker. Un hombre y su sueño, dirigida por Francis Ford Coppola y protagonizada por Jeff Bridges? Fue una película que me encantó. Qué coches tan maravillosos. Tú eres un enamorado de los coches, desde chico, desde tu infancia en Modesto, California.

He leído, en el libro de Payán, que de pequeño llegaste a tener una colección de más de 500 cómics. Eso explica muchas cosas. También las explica que vieras tanta televisión en tu infancia, que la televisión te nutriera tanto, que todo ello, a la vez que otros materiales e influencias, como los mitos, la ciencia-ficción, diese lugar a la saga de Star Wars, a la de Indiana Jones.

En general un escritor, y yo creo que en esto un director no es muy diferente, quiere dar en sus obras lo que busca como lector, en este caso también como espectador. Tú y Spielberg, por ejemplo, queríais renovar ciertos géneros, ciertas historias, que os habían hecho felices de niños, y así nació, por ejemplo, Indiana Jones. He leído que Spielberg tenía el proyecto desde antiguo de hacer una película de James Bond, cosa que no pudo hacer, pero sus Indiana Jones, a partir de historias tuyas, tienen concomitancias con James Bond, y es curioso, porque muchos años más tarde haría Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, y encuentro que recuerda mucho a Indiana Jones, quizá en el exotismo, la aventura, la acción…

Por el libro de Payán sé que no te gustaba especialmente escribir, aunque lo hicieras tan bien, y tampoco dirigir. Lo que te gustaba era montar las películas, pero que para montar con independencia tenías que dirigir las películas, y para poder dirigirlas tenías que escribirlas. Al final terminaste como productor porque, a lo mejor me equivoco, la experiencia de filmar la primera película de La guerra de las galaxias te dejó exhausto, físicamente exhausto —aparte de que te llevó al hospital—, y preferiste dejar la dirección a otros profesionales, como Irving Keshner en El imperio contraataca y Richard Marquand en El retorno del Jedi.

Por cierto que hace poco Eduardo Torres-Dulce, al que también admiro mucho, me dijo que él pudo entrevistar en su día a Richard Marquand, y que le dijo que él había puesto su oficio para hacer la película, y que en general tú le hacías caso a todo lo que te proponía, respetando su trabajo.

Me resulta difícil decir qué película de la primera trilogía me gusta más, qué película de este trío mágico. Debo decir que las demás me resultan interesantes, en muchos aspectos, pero yo me quedo, como mucha gente —mucha gente de mi generación y otras de alrededor— con las primeras. El Episodio IV es el que presenta el mundo, el Nuevo Mundo, nunca mejor dicho, y todos sus elementos, y me parece fantástico. Pero la segunda, El imperio contaataca, creo que está más cuajada, mejor hecha, mejor terminada. Tú dijiste en su momento que te parecía “mejor película que la primera”.

Sin embargo es la tercera, El retorno del jedi, la que lleva al extremo, a mi modo de ver, todo el material presentado en la primera y en la segunda, y en mi opinión es la más espectacular, trepidante e imaginativa. Ahora pienso que las tres forman una misma película; de hecho cuando escribiste la historia original pensaste hacer una película de 18 horas, y empezaste por la segunda trilogía, por el Episodio IV, V y VI, porque era la que te parecía que tenía más interés para el público. Creo que tenías razón, a la vista de los resultados, tal vez, y porque a mí me interesa más lo que cuenta la primera trilogía que rodaste que la segunda o la última ya con Disney. Pero reconozco que en esta opinión intervienen muchos otros factores, no sólo los cinematográficos.

No sé muy bien lo que estás haciendo ahora. Cuando escribí mi libro leí que querías, al terminar Star Wars, hacer “películas que nadie quiere ver”. Es decir, imagino, películas muy de autor, muy personales, muy artísticas, aunque naturalmente la saga galáctica y otras que has hecho también lo fueron. Lo fueron a su manera. Pero yo comprendo lo que querías decir.

Leí en una entrevista cómo declarabas que La guerra de las galaxias te gustaba, pero que nunca pensaste que te iba a ocupar 20 años. Luego transcurrió más tiempo. Recuerdo que escribí en mi libro que tú decías que había que elegir bien los proyectos y sus temas, porque una película era como un matrimonio, un compromiso, una relación que duraba mucho tiempo, con todo lo que implica un matrimonio. Ahora pienso que Arturo Pérez-Reverte afirma algo parecido, y dice que ya en los últimos años piensa que debe elegir muy bien las novelas que va a escribir, porque quizá ya no le queden muchos años para escribirlas.

Y es cierto, cuando eres joven te preocupa lo que estás haciendo, realizar el camino que has elegido, o al menos ése fue mi caso con la escritura y los libros, pero cuando ya tienes una edad empiezas a ver la luz al final del túnel, y el túnel es la vida. No tiene por qué ser un túnel oscuro, o completamente oscuro, pero ya ves el final, y eso hace que vivas y trabajes de otra manera, con lo que esto repercute en toda tu existencia.

Para escribir esta carta he vuelto un poco al material que utilicé para escribir mi libro; incluso me he puesto en el DVD el Episodio IV, Una nueva esperanza. Ahora siento que vuelvo a un territorio muy agradable para mí, el de los héroes, tan positivos, de La guerra de las galaxias, el de Indiana Jones, el de “el mito renovado”, como dijo Joseph Campbell, y que en el fondo tú has desarrollado en tantas historias, en tantas películas. He tenido muchos héroes, y a algunos de ellos les he escrito cartas como ésta, más o menos recientemente, héroes como Don Quijote, Tintín, Superman, Batman, James Bond… héroes de ficción y de verdad, como tú, todos de verdad en realidad, y los que tú has creado ocupan un lugar muy destacado para mí desde la infancia.

He jugado con mi hermano pequeño a ser Indiana Jones y Luke Skywalker; yo tenía una espada de luz y también una nave de La guerra de las galaxias, que era mi propia cama, para navegar por mis sueños. Compré muñecos de tu maravillosa saga, jugué con sus naves, como uno más, no muy diferente a otros miembros de mi generación. Y todo ello me ha traído hasta aquí, George, a escribirte esta carta, y también a otros sitios, pero también hasta aquí. Todo confluye en todo, como me parece que tú viste con claridad hace mucho tiempo, “hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…” Así arrancaban tus películas galácticas.

No sólo es admiración lo que siento hacia ti; es afinidad, cercanía y cierta intimidad, aunque no nos hayamos visto nunca. Tú también eres un “héroe” para mí, como Han Solo, Leia Organa o Indiana Jones, y desde hace años personas como tú, como mis queridos escritores, son todavía más importantes para mí que los héroes de ficción.

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