Querido y añorado Sean Connery:
Contigo yo distingo claramente entre tus papeles de joven y de mayor, y aunque de joven destacaste mucho (¿cómo no recordar a tu James Bond, para muchos el mejor James Bond?) para mí fue de mayor que realizaste tus mejores trabajos, tus papeles más inolvidables. Yo siempre te recordaré como el monje Guillermo de Baskerville de El nombre de la rosa o Ramius, el comandante del Octubre Rojo, por mencionar sólo dos papeles, aparte de los que ya he mencionado.
A este respecto puedo contar una anécdota. Hace muchos años, hace quizá demasiados años, fui con un chica al cine —los dos éramos muy jóvenes—, a ver Sol naciente, donde ya eres un muy maduro actor, con tu pelo blanco —con peluquín— y tu barba blanca, y recuerdo muy bien que la chica, que era muy guapa y muy inteligente, me dijo que tú le gustabas más así, de mayor, que de joven. No lo olvidaré. Y hace unos días mi madre me decía que mejoraste mucho cuando te dejaste la barba, como actor y quizá como hombre, y que cuando eras joven no eras particularmente guapo en su opinión. Ella iba a ver tus películas de James Bond cuando también era joven.
Yo pienso que guapo o no eras un hombre atlético, alto —me parece que medías 1.88, que es bastante para alguien de tu edad, e incluso de la mía—, y me da la impresión de que siempre fuiste muy buen profesional, alguien que trabajaba con seriedad siempre. Sólo así se explica la gran carrera que hiciste, sin contar con esa presencia tuya que ya digo que llenaba las pantallas y las películas, las historias que éstas contaban.
Eres uno de mis actores favoritos, sin duda, quizá el favorito, aunque me gustan mucho otros. Pienso ahora que tal vez tus películas me gustan tanto porque las haces tú, porque las eliges tú, y, en efecto, porque las llenas tú. Es posible que eligieras muy bien los guiones de tus proyectos, y que luego tu trabajo subiera de nivel las propias películas. No lo sé, el caso es que puedo destacar tus propias actuaciones, el tiempo en el que estás en pantalla, en filmes como Los intocables o Los inmortales, por ejemplo, con dos papeles magníficos en mi opinión.
Moriste en 2020 y acaso te debería haber escrito cuando todavía estabas vivo. No me hubieras contestado, pero mi carta hubiera sido diferente, el tono hubiera sido diferente. Me gusta escribir a tu personalidad, digamos, a tu aura, al infinito. Hace años le escribí un libro a mi padre después de que muriera, un libro de cartas que llamé Cartas al infinito. El infinito era la muerte, mejor dicho, la no-muerte, la inmortalidad.
Tengo entendido que sólo ganaste un Oscar, y al mejor actor secundario, por Los intocables, un papel que de todos modos tú hacías principal. Me parece poco Oscar para tan gran actor, aunque creo que el público premió sobradamente tus actuaciones. No es nada raro oír, como apunté al principio, que fuiste “el mejor James Bond”, y que tus actuaciones llamémoslas “maduras”, como las que acabo de citar y otras, hasta el final, me parecen soberbias. Acabo de ver Los últimos días del Edén, por ejemplo, que la vi hace años, y es una película preciosa.
La que me gustó menos en su momento y ahora me ha gustado mucho más (una película de aventuras y acción muy bien hecha), es La Liga de los Hombres Extraordinarios. Ya aprecié en su momento que estaba muy bien hecha técnicamente, pero es que ahora me ha divertido mucho más, y tú como siempre estás impecable en tu papel. Es obvio que la película no ha cambiado; el que ha cambiado soy yo. Espero que para bien.
También me gustó mucho La trampa, muy entretenida y también muy bien hecha. También lo está La Roca, divertida y trepidante.
Me apetece ver de nuevo El hombre que pudo reinar, con el gran Michael Caine, que es una película que tiene mucho prestigio y que yo no pude valorar demasiado en su momento, quizá porque era demasiado joven cuando la vi.
Ahora, estos días, haciendo memoria para escribir esta carta, he caído en la cuenta de que hiciste de Ricardo Corazón de León, un pequeño papel, muy significativo, al final de Robin Hood: Príncipe de los ladrones. Y cómo olvidar tu papel de rey Arturo en El primer caballero. Ahora que lo pienso “el primer caballero” era Lanzarote (Richard Gere), pero también lo eras tú, el rey Arturo, primus inter pares, “primero entre pares”.
¡Cuánto trabajaste, cuántas estupendas películas hiciste! Felicidades por tu excelente carrera y mi gratitud por tanto como hemos disfrutado, tantos, de ella.


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