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Catalunya para marcianos (o charnegos)

Catalunya para marcianos (o charnegos)

A raíz del denominado proceso soberanista de Cataluña (el procès), la cuestión catalana ha sido abordada en la ensayística numerosas veces y desde variados puntos de vista. Un libro que supone una andanada en la línea de flotación del independentismo es el de Fernando Savater, Contra el separatismo (Ariel, 2017), pues desde su concepción panfletaria (en el sentido etimológico), deja en pelota picada las bases ideológicas de los independentistas catalanes y demuestra que constituyen un imaginario colectivo, es decir, una construcción mítica antimoderna y profundamente antidemocrática. El humor, la claridad expositiva y la escritura ágil y luminosa son algunas de las características de esta publicación, cosas de las que adolece el opúsculo de Eduardo Mendoza, Qué está pasando en Cataluña (Seix Barral, 2017), en el que el Premio Cervantes reparte culpas entre la facción constitucionalista (unionista, dicen los sonrientes indepes) y la separatista, en un ejercicio muy propio de ciertos intelectuales que gustan de nadar y guardar la ropa para no abandonar su —digámoslo a lo cursi— espacio de confort.

"Un nuevo ensayo ha venido a enriquecer esta bibliografía, Catalunya para marcianos (Planeta, 2018), con el descriptivo subtítulo Tópicos, falacias y ensoñaciones del nacionalismo independentista"

Quien sí se moja hasta empaparse es Albert Boadella. Ya lo hizo en Adiós Cataluña. Crónica de amor y de guerra (Espasa, 2007), un atinado título para un ensayo premonitorio de la deriva que iba a tomar la situación catalana, pues Boadella, hombre de teatro, infatigable luchador por las libertades, persona cultivada y lúcido escritor, exponía sus ligazones sentimentales con su tierra natal y a la vez diseccionaba con bisturí la pulsión totalitaria de la manipulación nacionalista. Boadella publicó recientemente otro libro magistral, ¡Viva Tabarnia! (España, 2018), en el que, con su acerado sentido del humor, analiza las raíces del procès como si se tratase de algo surrealista, y contraataca con una munición que exaspera a los nacionalistas: la reivindicación de Tabarnia, una (¿utópica sería mucho decir?) región que se independizaría de una virtual Cataluña segregada para unirse a España.

Pues bien, un nuevo ensayo ha venido a enriquecer esta bibliografía, Catalunya para marcianos (Planeta, 2018), con el descriptivo subtítulo Tópicos, falacias y ensoñaciones del nacionalismo independentista. Su autor es Jaume Pi i Bofarull, pseudónimo de un intelectual catalán del que no tenemos más datos.

Pero atención, el libro no es ninguna marcianada, sino un inteligente análisis de la batería de principios ideológicos fundamentales del nacionalismo catalán desde un prisma irónico y socarrón. El libro, que sigue la senda clásica del maestro que dialoga con un discípulo para enseñarlo (o adoctrinarlo), tiene el siguiente planteamiento: un funcionario y miembro de Òdium Cultural (buen juego de palabras, pardiez), Oriol Conill i Pi, le muestra a Cucufato Redrojo, taxista andaluz (arquetipo del charnego, claro está), las raíces históricas, sociales, religiosas y sentimentales del independentismo catalán con la intención de ilustrar al conductor nacido en el pueblo de Guarromán (Jaén), pues si bien muestra un nacionalismo sobrevenido, necesita que le desbasten su nueva ideología secesionista.

"Los capítulos dedicados a la Edad Media son esclarecedores, ya que en esta época el independentismo cimenta buena parte de su ideario histórico-legitimista"

La exposición de hechos históricos escogidos por el autor para desmontar el discurso supremacista y victimista de los nacionalistas es inmejorable. Y ello por un doble motivo: porque demuestra la falsedad histórica de la supuesta singularidad nacional catalana y, sobre todo, porque lo hace con una carga irónica que hace inevitable que el lector suelte carcajadas de vez en cuando.

Las notas a pie de página que jalonan los capítulos (llamados “lecciones”) indican la raigambre de divulgación académica del libro, pues funcionan como un paratexto, remiten a fuentes documentales que reafirman lo sostenido, y también refuerzan la línea humorística subyacente al continuo desglose que se hace del pensamiento independentista, pues quizá el mayor acierto de este ensayo es, además de desatornillar con argumentos el mecano nacionalista, hacerlo a través de la historia comparada y del humor.

Los capítulos dedicados a la Edad Media son esclarecedores, ya que en esta época el independentismo cimenta buena parte de su ideario histórico-legitimista, distorsionando sin rubor los hechos medievales para construir un relato en el cual Cataluña no fue un principado de la Corona de Aragón, sino una entidad política en sí misma desvinculada del resto de España. El autor de Catalunya para marcianos se ceba con la intelectualidad de brocha gorda del movimiento secesionista al abordar episodios del Medievo como las figuras de Wifredo el Velloso, del rey Jaime el Conquistador y de los almogávares.

"La recurrente tergiversación de las causas y consecuencias de la Guerra de Sucesión por parte de los independentistas ocupan jugosas páginas"

Asimismo, unos de los capítulos más jugosos son los dedicados a las señas de identidad, ese cajón de sastre en el que caben los símbolos patrimonializados por el nacionalismo como son la señera, Els segadors, la barretina, el caganer e incluso el pa amb tomàquet, cuyos orígenes podrían remontarse a la segunda mitad del siglo XIX, cuando los emigrantes andaluces y murcianos llevaron a las industriales tierras catalanas algunas recetas de su gastronomía popular: pan, un chorreón de aceite y tomate restregado.

La recurrente tergiversación de las causas y consecuencias de la Guerra de Sucesión por parte de los independentistas ocupan jugosas páginas, así como la alianza, desde finales del siglo XIX, de un sector de la Iglesia catalana con las tesis nacionalistas, cuyo paroxismo llegará bajo el gobierno de Jordi Pujol, en el que su mujer, Marta Ferrusola (la Pujola), desempeñará un papel importante por su obsesión en conseguir que Juan Pablo II diese alguna muestra de proximidad al nacionalismo catalán, sobre todo cuando visitó la abadía de Montserrat en 1982, pero como el papa polaco se negaba, la molt honorablesa se enfurruñaba y lloriqueaba, diciendo: “Aquest home no en sentén, aquest home no ens estima”, es decir “Este hombre no nos entiende, este hombre no nos estima”.

"Los últimos capítulos, centrados en la espiral independentista del procès, se leen con una sonrisa en la boca, pero también con un poso de amargura"

La etapa gubernativa de Pujol (al que se denomina “nuestro Gran Timonel”) centra varios capítulos, pues se rastrea el origen de la fortuna de su padre y cómo el hijo, aupado (no va con segundas, ¿eh?) a president de la Generalitat, multiplicó el patrimonio familiar con prácticas corruptas. El autor se desenvuelve en el terreno irónico con maestría cada vez que describe episodios pujolianos, pero también son desternillantes algunas alusiones a Pascual Maragall y, sobre todo, a José Montilla, al que bautiza como gafe, como cuando en 2004, visitó con pompa ministerial su pueblo de origen, Iznájar (Córdoba).

Los últimos capítulos, centrados en la espiral independentista del procès, se leen con una sonrisa en la boca, pero también con un poso de amargura, porque se constata que la crispación inducida y alimentada con gasolina por el nacionalismo ha dividido a la sociedad catalana y comenzado a generar su ruina económica.

Estamos, por consiguiente, ante un ensayo de una erudición tan bien expuesta que resulta muy asequible, que se lee de un tirón (como los best sellers de calidad), con el que nos vamos a reír (a veces por no llorar) y que considero ideal para disfrutar este verano. Y para regalarlo. Incluso a algún nacionalista catalán.

En ese último caso, por favor, que el paquete lleve un lazo amarillo.

Agradecerán el detalle.

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Sinopsis de Catalunya para marcianos

Oriol Conill i Pi, funcionario de la Generalitat y destacado dirigente de Òmnium Cultural, dicta al taxista andaluz, y por tanto charnego, Cucufato Redrojo García 47 lecciones para que pueda convertirse, como desea, en un buen catalán. Con buenas dosis de cinismo, este catalán de pura cepa le cuenta al converso todos los tópicos, invenciones y ensoñaciones históricas en las que se basa el movimiento secesionista.

El resultado es una crítica vehemente que levantará ampollas porque cuenta hechos y usa argumentos que son considerados tabú en el mundo nacionalista y su entorno, y que tampoco suelen desplegar sus opuestos por timidez o prudencia.

Autor: Jaume Pi I Bofarull. Título: Catalunya para marcianos. Editorial: Planeta. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro