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Centinela de los sueños

“Ésta es la historia de Duncan, un heroico fox terrier, y de su dueño, Jimmy, el muchacho empeñado en salvar a su perro de la muerte. Pero también la de Maureen, reportera del Daily Mirror, y Scott, viudo y padre del joven Jimmy. Y de muchos más. Cuando estalla la batalla de Inglaterra, cuando caen las primeras bombas a finales del verano de 1940, cada vida cuenta, y cada una de ellas tiene un destino que cumplir”.

Una historia emocionante novelada por Emilio Lara y publicada por Edhasa. Hablamos con él en la que es también su casa, Zendalibros.com.

—¿Por qué escribe Emilio Lara?

(Sonríe el novelista, pues hace algún tiempo, al hilo de otro asunto, Emilio comentaba el hecho singular de que nadie le había preguntado nunca las razones que lo impulsan a escribir. Me mira, burlón)

—¡Por fin! (risas). Me alegra que me hagas esa pregunta (más risas). Pues yo escribo, sencillamente, para vivir vidas alternativas, porque cada novela es tan mi vida como la vida real. Y también, ahora lo sé, para encontrar mi lugar en el mundo.

—¿Cómo se le ocurre esta historia tan singular, tan dura y tan desconocida?

"Realmente, aquel hecho histórico me enamoró desde el primer instante, porque yo sabía que ahí había una novela"

—Porque leí un reportaje dedicado a ella en el XL Semanal. Arranqué la hoja y la guardé en una carpeta azul con gomillas, de esas de toda la vida, que sigo utilizando como en mi época de estudiante. Hago eso con frecuencia, cada vez que encuentro una historia que pueda serme útil, o que simplemente me atraiga. Pero esta historia de las mascotas ya no me la podía quitar de la cabeza; me obsesionó desde el primer momento y seguí recabando durante semanas toda la información que pude por internet, guardándola en las otras carpetas, las del ordenador. A medida que avanzaba en la investigación, se solidificaba más la narración en mi cabeza. Realmente, aquel hecho histórico me enamoró desde el primer instante, porque yo sabía que ahí había una novela.

—Curioso. La historia atrapa al novelista, y no al revés…

—En realidad, siempre he trabajado así, desde la primera novela. En primer lugar me asalta la historia, que siempre llega por sorpresa y desde afuera, aunque también es verdad que un escritor siempre anda a la caza de buenas historias que contar, pues digamos que uno está alerta, con los sentidos puestos, por puro instinto. Y cuando esa historia aparece, al menos en mi caso, se produce un auténtico flechazo, porque ya no puedo parar de pensar en ella. Después vienen —eso a nivel interno— los personajes, a los que dedico una construcción basada en mis lecturas, pero también en el cine. Casi al mismo tiempo, comienzo a idear la estructura. En unos meses todo ese magma se funde en mi cabeza y me pongo a escribir para tratar de darle forma.

—Sus novelas están muy estructuradas, con mucho orden.

—Sí, sí, porque fíjate, yo con la estructura funciono como si fuera un director cinematográfico, o un montador. De hecho, hasta que la estructura no está perfectamente organizada, clara y delimitada, no comienzo a escribir. Y debo decir que esto es a lo que dedico más tiempo de preparación, porque es lo que más me cuesta.

(Sonríe esta vez tímido, como si acabara de desvelar un secreto inconfesable)

Es que mira, yo entiendo la novela como una laboriosa y muy cuidada artesanía, pues tal vez he heredado esa forma de enfrentarme a la escritura de mis lecturas de juventud, la novela que considero más pura, que es la del siglo XIX, aunque siempre teniendo muy presentes —para aprender de ellos— a los escritores actuales que se han mantenido fieles a ese mismo concepto de escritura, pero revisándolo y actualizándolo. Me refiero a Arturo Pérez-Reverte y Juan Eslava Galán. Ellos son capaces de convertir cada novela nueva que publican en un tour de force. Sus obras son pura didáctica.

—En El relojero de la Puerta del Sol aparecía, con una presencia documentada y singular, la ciudad de Londres. En Centinela de los sueños vuelve a aparecer, y es tratada con detalle, casi cinematográficamente. ¿Dónde está el origen del amor por esa ciudad?

"Madrid es una ciudad tremendamente interesante, sobre todo durante estos años 30 y 40 por lo que decidí una participación breve en esta novela"

—Si me preguntaras por una ciudad para vivir, te respondería que Roma, sin lugar a dudas. Ahora bien, si me peguntas por una ciudad interesante, esa es, para mí, Berlín. Sin embargo, el lugar que me fascina, literariamente hablando, es Londres. La ciudad en esta novela es un escenario imprescindible, pues es aquí donde se desarrollan los hechos históricos que me sirven de base para contar la novela. Pero hay algo más. Precisamente ha sido la literatura anglosajona la que ha hecho evolucionar, en gran medida, mi voz de novelista. También en Centinela de los sueños quería incluir, aunque solo fuera de pasada, la ciudad de Madrid, y por eso elegí un episodio que por fuerza tenía que transcurrir allí. Madrid es una ciudad tremendamente interesante, sobre todo durante estos años 30 y 40, por lo que decidí una participación breve en esta novela, pero ojo, no ha de verse como un cameo, sino más bien como una deuda de amor.

—La novela es también un catálogo de citas, libros, música y cine.

—En ese sentido debo decir que he disfrutado con esta novela más que con ninguna de las anteriores. Está llena de guiños y referencias literarias y musicales, empezando por la protagonista, Maureen, un trasunto de Maureen O’Hara, una de las actrices preferidas de John Ford, y sin duda la mía. Ella y los papeles que solía interpretar en el cine encajaban con el tipo de mujer que yo necesitaba para esta historia: fuerte, independiente, decidida; capaz de seducir y amar con ternura y, llegado el caso, defenderse con resolución y valor. También he procurado enriquecer con música la novela y las historias de amor que en ella se desarrollan. Elegí el último concierto de Mozart (el que escribió antes de su magnífico Réquiem) porque además de ser una pieza magistral, fue elegido por Sydney Pollack para ser la banda sonora de Memorias de África, una historia que he leído con delectación y cuya adaptación en el cine sigo viendo emocionado. Quería hacer —y hacerme— ese guiño.

—Hay ya un territorio Lara bastante identificable.

"En mi territorio literario está muy presente el paso del tiempo y el amor, en cualquiera de sus formas"

—Supongo que a la larga eso es inevitable. En mi territorio literario está muy presente el paso del tiempo y el amor, en cualquiera de sus formas; amor romántico, el amor a los animales, el amor paternal y por supuesto, el amor a los amigos. Creo que amar es el mejor sucedáneo de la eternidad, y a mí me interesa encararlo literariamente.

—Por eso, tal vez, en la dedicatoria de tu novela reza un rotundo “A mis amigos”.

—Exacto. Mis amigos son fundamentales en mi ecosistema vital. Por eso me pareció adecuada esta dedicatoria, porque creo que no es genérica sino amplia, en el sentido más completo de la palabra.

—Al igual que en la novela anterior, Tiempo de esperanza, con los niños, ahora son las mascotas las que se ven sometidas a la injusticia de un hecho aterrador. El inocente sufre en sus novelas.

—Bueno, yo tuve un perro (un fox terrier, por cierto, como el de la novela). El cariño del hombre hacia la lealtad y el amor incondicional que un perro ofrece me parece uno de los rasgos de honor que aún salvan al ser humano, que lo hacen ser de nuevo inocente y tierno, que, en parte, lo devuelven a la niñez. Como narrador he intentado contar la herida de la inocencia.

—Los coprotagonistas son dos jóvenes, Jimmy y Thomas. ¿De nuevo los niños?

"Quizás en la literatura actual, Harry Potter haya conseguido esa mirada renovada reseteando el canon clásico literario"

—Bueno, más bien son adolescentes de 13 o 14 años. Es que ellos me permiten echar mano de los recursos de las novelas de aventura y aprendizaje, que siempre han sido mis favoritas; Dickens, Stevenson… En ellas los chicos son los protagonistas de los hechos, casi siempre trágicos, que los llevan a crecer, a desarrollarse completamente como seres adultos en esa etapa difícil del aprendizaje de la dureza y el sacrificio. Quizás en la literatura actual, Harry Potter haya conseguido esa mirada renovada reseteando el canon clásico literario. Los chicos de mi novela son el punto de inflexión entre la mirada de los adultos y la parte menos dura de esta trágica historia de las mascotas.

—Churchill, los reyes de Inglaterra, Suñer, los duques de Windsor, el duque de Alba, hasta un cameo de David Niven. ¿Es más difícil contar un personaje imaginario o uno histórico?

—Si te digo la verdad, me resulta muy sencillo encarnar a los personajes históricos. Es más, me divierte mucho hacerlo. Por supuesto, procuro documentarme antes, claro, con biografías, libros de historia y el inevitable cine.

—Esta novela es más esquemática, más rítmica, más sintética. ¿Una nueva mirada de Emilio Lara?

—He procurado, y me he esforzado mucho en ello, en que esta vez la escritura fuese al hueso, para lo que necesitaba una prosa más despejada y sintética. Ha sido un trabajo muy duro, pero creo que ha merecido la pena. Ahora le toca el turno al lector. Ojalá sea tan feliz leyendo Centinela de los sueños como yo lo he sido escribiéndola.

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