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Cinco poemas de Mario Vega

Cinco poemas de Mario Vega

Digamos que fue ayer (Edit. SONAMBULOS) defiende una poesía que parte de una tradición poética irónica, clara, que no pretende enmascarar el mensaje que quiere transmitir, que busca la comunicación contigo, lector, mon semblable, mon frère, y que entiende al poeta no como un iluminado que habla en el lenguaje de los dioses, sino como un ciudadano más, otro mindundi que acabará criando malvas, y que, a veces, de tarde en tarde, se pelea con un folio en blanco en busca de las palabras exactas que testimonien qué sintió, cómo vio el mundo; quién fue”. (Alejandro V. Bellido).

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ÚLTIMA

Vayamos todos juntos —ahora sí—

que no quiero estar solo en el ocaso

ni al llegar la tormenta.

 

Vayamos, pues, sentados junto al fuego

a contar cada uno nuestra historia:

 

Mi infancia son recuerdos

de los que no me acuerdo.

Mi juventud no quiero revivirla.

Lo que me toca ahora no lo sé

y tampoco me importa, así que vamos

más allá del ayer y del presente

—pues nunca hay una edad

propicia para la melancolía—

a contar lo que tenga que venir

sin lastres como que

fui un hijo de papá muy bien peinado

y luego ángel caído,

pero he de confesar que siempre fui

un pájaro, un pirata, un resignado

inconformista, un fuera de la ley

que sabe bien que apremia la conciencia

mucho más tras un ERTE.

 

Es ahora que vengo aquí a contaros

cómo pienso vivir

con la sinceridad que me permita

tan solo un inocente “todavía”.

 

Vayamos todos juntos —ahora o nunca—,

que no quiero estar solo en el ocaso

ni al llegar la tormenta

cuando se apaguen todas las palabras.

 

ALBADA DE VIERNES

Or ne hais riens tant com le jour,

Amins, ke me depairt de vos.

 

«No odio nada tanto como el día,

amigo, porque me separa de vos.»

GACE BRULÉ

Mira la luz del alba

que irrumpe cada noche a despedirnos,

pero aún no es de día y aún no exigen

con sus cantos de alondra las alarmas

que aceptemos su orden requerida.

 

Mira la luz del alba en este piso

donde no llega el sol, pues no le importan

los patios interiores mileuristas.

 

Mira la luz del alba recordando

qué rápida es la noche cuando ayer

aferrada a otro cuerpo ajeno al tuyo

pensabas que valdría más dormir.

 

Vete a la ducha, amiga, que amanece,

con los dedos manchados de café

que yo friego las tazas,

y siempre al fin nos sobra algo de tiempo

para cinco minutos

que pagas en carreras.

 

Vete, que ya es la hora, como el pájaro

que no sabe de ramas ni de fuentes.

Por mucho que te mientas, que te diga

debimos descansar

anoche, o que te diga

debimos dormir menos.

Por mucho que me tienten esos ojos

tan bonitos, detrás de esas ojeras

que no hacen sino hablar

de este compromiso con la vida.

 

Ahora vete y regresa por la noche

que yo lo haré más tarde,

más injustificado,

de seguro más pobre,

sabiendo que mañana es por fin sábado

esperando ese día a la semana

en el que al fin habremos

aprendido a mirar

sin miedo ni rencor la luz del alba.

 

INSTRUCCIONES PARA UN PANEGÍRICO

La meta es el olvido.

Yo he llegado antes.

  1. L. BORGES

 

Tan joven y tan viejo…

 

Espero que en mi muerte

escriban como fui tal como soy

sin falsas apariencias y un poquito

de como quise ser

—es complicado

saberme bien por dentro lo que solo

saben un par de amigos—.

 

Que digan que llevaba siempre prisa,

que nunca fui cobarde,

que siempre fui cordial.

Aunque el error fue siempre mi maestro

todo lo que aprendí sobre el fracaso

yo mismo lo busqué.

Odié amar lo mismo que odié odiar

y a quien me amó le di buenas razones

para odiarme lo justo para un rato.

 

Que digan todo esto,

que digan que reí mucho y bien alto,

más alto que ninguno,

que digan que reí mejor que nadie.

 

RECUERDOS

A Margarita, Alfonso y Gonzalo

 

Recuerdos de ti, abuela, en la cocina

cantando coplas y cuplés, de ti,

al salir del colegio y la moneda

que me entregabas en secreto siempre.

Recuerdos de ti, abuelo, de tu risa,

de llorar en el centro comercial

cuando salí corriendo y tú caíste

escaleras abajo al perseguirme.

Recuerdos de ti, abuelo, aún presentes,

apretando tu mano con mi mano

lejos del sordo ruido de la urbe

hace algunas semanas.

Allí está esa cocina que aún recorren

pasos no demasiado familiares,

allí aquel viejo centro comercial

medio vacío aún hoy igual que entonces,

allí mi mano aún atenazada

de aquel retiro amable.

Así es como se ordena la memoria

en aquellos lugares

que podría volver a visitar,

aunque lo dudo mucho.

 

Son ya algunos los años

o son tan solo días que os he visto,

rincones de recuerdos,

pero seguís aquí, en la realidad,

—puede que porque quise conservaros—

frecuentemente liberados de ella

para lograr así por un instante

retener esta lágrima,

para guardarme algo

que no puedan robar, para no veros

muertos, deshabitados, solos.

 

EL INSTANTE

Tú consiguiendo urdir el verso exacto

en solo un par de líneas cuando escribes

el WhatsApp que me dice que has salido.

Tú hallando ese sonido que conmueve

y silencia a los pájaros

si te oigo subir las escaleras.

Tú y toda tú, tus leves movimientos

que con poquita cosa

ya ponen a la altura del betún

a Shakira, a Rihanna, a Telezusa

y a todo lo que aspire a la belleza.

 

Será que estoy idiota, pero dudo

que pueda preferir otro momento.

Sucede que no logro imaginarme

más feliz que al mirarte

lenta, lentísima cruzar la puerta

—así te veo, igual que en una peli

de esas de adolescentes— y advertir

tu sonrisa, ese gesto tan radiante

y humilde cuando llegas y me encuentras

friendo las patatas.

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Mario Vega (Oviedo, 1992) estudió el Grado de Maestro de Educación Primaria pero actualmente no ejerce como maestro, sino que trabaja no sabe muy bien haciendo qué en la Administración General del Estado. Director de Ediciones Maremágnum donde ha participado como antólogo en Piel fina. Poesía joven española (Maremágnum, 2019) y copresentador del caótico podcast Que tenemos que hablar de muchas cosas, un programa de poesía en el que no se habla de poesía. Su último libro publicado fue La mala conciencia (Hiperión, 2019, Premio Valencia Nova).

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Autor: Mario Vega. Título: Digamos que fue ayer. Editorial: Sonámbulos. Venta: Todostuslibros y Amazon

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