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Claudia Piñeiro: «Hoy ningún político se sabe el Preámbulo de la Constitución»

Claudia Piñeiro: «Hoy ningún político se sabe el Preámbulo de la Constitución»

«Cada hombre, cada mujer, carga con su propia maldición». Con esta frase demoledora arranca Las maldiciones, la última novela de la escritora bonaerense Claudia Piñeiro editada por Alfaguara. La autora, curtida desde hace tiempo en el domestic noir, se puso de largo en Zenda con un poderoso artículo sobre las mujeres de 50.

Claudia Piñeiro tiene una trayectoria literaria implacable, con incursiones en el género negro, el teatro, la literatura infantil y el periodismo. Es jurado de los más prestigiosos premios literarios, sus libros —leídos y disfrutados por miles de lectores argentinos— han sido traducidos a varios idiomas, convirtiéndose en una de las escritoras hispanoamericanas de mayor recorrido en todo el mundo.

Se atreve con el thriller en Las maldiciones, novela que presentó en la Librería Alberti de Madrid acompañada por María Fasce y Berna González Harbour. En la presentación también se habló de política, de brujería y de deseo. Junto con la idea de paternidad son los principales ingredientes de su novela.

"Los allí presentes obviamos a esos ladrones de tiempo que nos absorben: el fútbol, la festividad de Halloween…, para volcar nuestra atención en la literatura."

En una sala en el sótano de esta céntrica librería (recientemente engalanada con el Sello de Calidad de Librerías que concede Cegal) aguarda un grupo ensimismado de lectores de diversas nacionalidades. Esperan también María Fasce, escritora y editora; Berna González Harbour, periodista y escritora, y Lola Larumbe, propietaria de la librería. Aguardan asimismo varios allegados a la política (o sus fantasmas, hoy es Día de Muertos): Román Sabaté, asistente personal de Fernando Rovira, y el propio Rovira, director de Pragma, un nuevo partido político de Argentina.

Comienza el acto Lola que presume de tarde feliz en la que parece que este acto supone una “suspensión del tiempo”, pues todos los allí presentes obviamos a esos ladrones de tiempo que nos absorben: el fútbol, la festividad de Halloween…, para volcar nuestra atención en la literatura.

Turno para María Fasce que desgrana alguna de las teorías de Borges sobre el relato policial. Según dice: “Cualquier buen relato es en el fondo un relato policial. Leemos porque queremos saber qué es lo que va a pasar”. Fasce apunta “que mucho antes del éxito de La chica del tren, Claudia Piñeiro ya había trabajado con acierto el domestic noir, con novelas como La viuda del jueves. Como ocurre con las novelas de Patricia Highsmith” —sigue diciendo María— “cualquiera de nosotros en una situación determinada es capaz de realizar algo terrible”.

Continúa María aludiendo a la escasez de maestros del thriller (salva nombres como Pierre Lemaitre) y concluye alabando la trayectoria de Piñeiro, que en enero de 2018 verá cómo una de sus novelas es llevada a las salas de cine, Las grietas de Jara.

“¿Cómo es la Argentina de los últimos quince años?” —se pregunta María— “Para saberlo hay que leer las novelas de Claudia Piñeiro”.

Recoge el guante Berna González Harbour que comenta cómo todas las novelas de Claudia Piñeiro “nos dan una paleta de colores de la Argentina de hoy”.

Berna: Te has atrevido con un thriller político. Antes tus historias eran más unipersonales. Esta es una historia coral de varios personajes que aportan su punto de vista a la trama. Las maldiciones es un thriller bonaerense.

"Mi marido se emocionó viendo a Alfonsín citando la Constitución (en 1983 en un cierre de su campaña, era un momento de vuelta a la democracia tras la dictadura). Sentía añoranza por un discurso político que se perdió. "

Continúa hablando Berna sobre la política en la novela de Piñeiro: «la nueva política», una nueva generación que ha abandonado la ideología en favor del marketing, de tratar al votante como un cliente. Destaca Berna en ese sentido la potente construcción del personaje de Rovira, un aspirante a político carente de escrúpulos e ideología. Frente a él la autora ha colocado a un hombre, su secretario, que actúa como contraparte.

Berna: ¿Fuiste el radar, la antena que decía Tabucchi, ese tipo de escritora que adelanta lo que va a llegar? (se refiere Berna a políticos como Trump o Macri).

Claudia: Cuando escribí la novela ellos ya estaban, estaban luchando por ganar unas elecciones. Esa manera de hacer política ya existía: políticos que se conforman con la publicidad y el marketing, políticos que usan frases cortas y cuentas de Twitter. Esa es su imagen política. Así se construye hoy día un político. Hoy ningún político se sabe el Preámbulo de la Constitución. No dan explicaciones, hablan de manera que la gente les entienda. Ésa es la construcción del nuevo político.

El público asiente en silencio a esta definición de la clase política. Presencian con respeto y admiración esta charla de mujeres sobre política y literatura.

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Claudia: Mi marido se emocionó viendo a Alfonsín citando la Constitución [en 1983 en un cierre de su campaña, era un momento de vuelta a la democracia tras la dictadura]. Sentía añoranza por un discurso político que se perdió.  Para mí existe siempre una imagen disparadora que me lleva a crear, una imagen que está en el terreno de los sueños. En esta novela la imagen fue un hombre y su subalterno en una playa, Cariló. El jefe le pide a su empleado un sacrificio (personal o ético) por él y por la empresa. El empleado debe decidir si lo acepta para conservar su empleo, o no. Esa imagen es la relación de sumisión, de presidio. En la novela he trasladado esa relación a la política.

Berna: ¿Este tipo de políticos no existían ya? (los que decían lo que el elector quería escuchar).

Claudia: Sí, pero siempre desde una ideología previa. Menem es el ejemplo más cercano a la nueva política (es peronista, pero con un discurso más banal, más conectado con el aquí y el ahora).

Berna: ¿Has tenido problemas para hablar de este tema en Argentina?

Claudia: Siempre quieren que diga que el personaje es Macri, pero no tiene que ver. Rovira tiene otras circunstancias, otro pasado, aunque su partido político sea similar a Pragma [el partido político que aparece en Las maldiciones]. Narváez [otro político] sí que tiene que ver más con el personaje. Quise hacer en Las maldiciones una estructura del estilo de House of Cards, que en algún momento de la narración se quebrase la realidad y no se supiera en qué país se desarrolla la trama.

Berna: Por un lado encontramos en Las maldiciones la ambición del poder pero por otro también hay sentimientos (el amor o la paternidad).

Claudia: Me interesa contar una novela de personajes y que estos tengan un conflicto. En el marco del poder son más difíciles de resolver. Y he llevado la situación al abismo para que el personaje haga el camino del héroe. El personaje se da cuenta en un determinado momento de que es él quien está manejando al amo. Quería trabajar esa tensión entre poder y libertad. La novela empieza como una road novel en la que él está escapando.

Respecto a tu pregunta, el tema crucial de la novela es la paternidad más que la política. La literatura está para hacer preguntas más que para dar respuestas. De algún modo además la paternidad tiene que ver con la política: las democracias latinoamericanas son paternalistas (todos dependemos de una persona). En Europa tienen democracias más parlamentarias. Nosotros… da la sensación de que necesitamos que alguien nos agarre de la mano y nos lleve.

Berna: El protagonista, o su conflicto con la paternidad, es de lo más complejo y mejor tratado en la novela. Cuando arranca la novela recuerda que se fue de la ciudad porque la novia que tenía quería tener un hijo, y él no. Y luego la suerte que tiene al trabajar para Rovira que le pide que tenga un hijo (por ser Rovira estéril). Hay dos momentos curiosos: el que ya has comentado, que Román ha tenido que hacer lo que debía para “donar esperma” y el otro es que dos o tres años después se da cuenta de que es su hijo, que le quiere como a un hijo, y de ahí esa huida con el niño con la que arranca la novela. Hay otro momento curioso en lo sentimental: el deseo.

Claudia: Me parecía que el personaje de Lucrecia, la mujer del político, se merecía tener deseo. Se merecía, como mujer, tener una revancha, por decirlo de alguna manera. El deseo de ella es su libertad (algo que ella decide al margen de lo que quiere su marido).

Es un personaje complicado en la novela, pues ésta comienza con el personaje ya muerto. Lo que un cadáver en una novela negra es el motor que dispara la búsqueda de la verdad, en esta novela, que es política, el cadáver lo que hace es molestar (o no) al político. En la política sólo se trae el cadáver al primer plano si sirve, si lo van a votar más por ser viudo.

Me daba pena que el personaje de Lucrecia no tuviera un momento de deseo.

Berna: Me parece uno de los momentos más bellos de la novela.

Claudia: ¡Sos la única persona que me hizo el comentario! Para mí era muy importante ese momento en la novela y a muchos lectores les pasa desapercibido. Es el único momento de libertad de esta mujer que vive sometida.

Berna: Otro asunto es “La China”, otro de los personajes, la periodista. Es la movilera (unidad móvil), una mujer tan argentina y tan global, tiene una actividad intelectual maravillosa. En los agradecimientos citas a varias periodistas que escriben buenos libros.

Claudia: Además (esto es un chiste interno) a María O’Donnell le dicen “la china”, por eso puse así el personaje, porque me parece una de las mejores periodistas que tenemos.

Berna: La periodista está escribiendo un libro, La maldición de Alsina. ¿Existe?

Claudia: Existen registros históricos de una maldición en la Ciudad de La Plata: cuando fue la fundación llamaron a una bruja para que acudiera y maldijo diciendo: “Ningún gobernador de la provincia de Buenos Aires será presidente de la Argentina”. Eso se viene dando, abona el mito.

Berna: En el libro la periodista soporta la investigación desde el punto de vista objetivo. Pero también hay una bruja y quisiera que hablaras de ella.

Claudia: En todo el libro hay magia atravesando la relación con el poder porque en muchos países según en qué tiempos el poder está relacionado con la magia.

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Hablando de magia, de los nuevos brujos de la política, concluye la charla y comienzan las preguntas de los asistentes. Una de ellas se refiere a su trabajo como dramaturga, con obras como Un mismo árbol verde, que Piñeiro considera una desconexión entre una novela y la siguiente. Claudia Piñeiro desvela que está trabajando en un guion cinematográfico sobre la vida de Alfonsín y confiesa que le gusta más la escritura que la documentación o la investigación previa, aunque concluye sonriendo: “la investigación me ha llevado a sitios preciosos”.

Termina la conversación y las voces se van apagando poco a poco. Abrazos, firmas…, y al subir desde el sótano y enfrentarse a los primeros vientos del otoño nos asalta una pequeña bruja: «¿Truco o trato?». Un buen resumen para un thriller como éste: política y segundas intenciones.

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