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Eñe 2017: una salida de emergencia contra la estupidez

Eñe 2017. Foto: Jeosm

Aquí les dejamos la peregrinación zendiana por el festival que, este año, ha dirigido el periodista y poeta Antonio Lucas.

 

El CIS apunta que, cifra arriba/cifra abajo, el 35% de los españoles no toca un libro nunca o casi nunca, mientras los informes de comprensión lectora muestran, por ejemplo, que los adultos patrios son los segundos de Europa que peor entienden lo que leen. De ahí que uno se emocione, incrédulo y orgulloso, al ver a centenares de personas haciendo cola para acudir a un evento que orbita en torno a la literatura, o al ser testigo de un par de motines —pacíficos: no llegó la sangre al río— protagonizados por tropa que quedó fuera de una sala con el cartel —metafórico— de no hay butacas en la que se celebraba una charla entre escritores. El culpable de estas buenas magníficas es el “príncipe de los poetas” (Raúl del Pozo),  Antonio Lucas, quien dirigió la última edición del Festival Eñe, un jubileo literario desobediente, libertario, abierto y vivísimo.

Mientras, ocultos bajo una estelada, un grupo de pirómanos abría la caja de Pandora política con nitroglicerina nacionalista, el Círculo de Bellas Artes albergaba un Eñe contra la estupidez, contra el fundamentalismo, contra el a mandar, señorito.  “Porque no es el mejor momento posible”, “porque las letras salvan, alivian, duelen, ríen, celebran, esclarecen, desasosiegan”, “porque los límites no siempre contienen”, que reza el manifiesto. En esta edición del festival, que arrancó el 27 de octubre —y que termina el 5 de noviembre—, Lucas ofreció un menú generoso y anarca en el que cupieron, entre otros, Antonio Escohotado, Javier Cercas, Santiago Alba Rico, Marta Sanz, José María Lassalle, Galán/Adanti (Mongolia), Karina Sainz Borgo o Juan Cruz.

En la tarde del viernes, en el Teatro Fernando de Rojas, Antonio Lucas presentó el festival asumiendo que “hoy es un día complejo, con un punto desolador”, y añadiendo, antes de leer el manifiesto, que “la cultura es el mejor antídoto posible contra la estupidez”.

El acto de inauguración, titulado Literatura y cine, fue moderado por el periodista Jacinto Antón. Los escritores Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, junto al cineasta Agustín Díaz-Yanes, conversaron sobre libros, autores y películas, pero también, por ejemplo, sobre la amistad o el pasado de líder de “cédula comunista” del autor de Tu rostro mañana.

Pérez-Reverte dijo a Marías que “hay gente que presume de luchador por la libertad con mucho menos mérito que tú”, y afirmó que, en su opinión, “sin lealtad, no hay amistad posible”.

Félix de Azúa se definió como “insoportable e impaciente” en La extrañeza como senda, un acto que compartió junto a Francisco Ferrer Lerín y Basilio Baltasar. También habló de su “parte tierna”, que se ha visto “obligado” a ocultar: “Un catalán está obligado a ocultar su ternura porque el sentimentalismo se asocia a algo español”.

También se coló el tema catalán en La realidad es novela, la conversación que mantuvieron Javier Cercas y el periodista Jesús Ruiz Mantilla. Aunque el segundo avisó de que lo que tocaba era “hablar del procès de hacer novelas”, el primero lamentó haber vuelto “a la política épica y sentimental, a los líderes carismáticos, a las soluciones mágicas”. “Es muy triste y muy raro”, añadió.

Marta Sanz, Ramón Andrés y Manuel Llorente conversaron sobre el dolor en la literatura. “Si se goza o se sufre cuando estás escribiendo… depende del día”, dijo la primera. “Nosotros, desde la Literatura Contemporánea, hablamos de un dolor que nació en el siglo XVIII, narcisista, de autocontemplación”, apuntó el segundo.

Chema Conesa, José Manuel Navia y Sofía Moro hablaron sobre fotografía en el acto dedicado a los cien volúmenes de la colección PHotoBolsillo. El primero dijo que la suya es “una profesión muy energética”, en la que “aparece esa especie de orgullo de autor, de artista”.

En la tarde del viernes también se proyectó el documental Vida y ficción, de Edurne Portela y José Ovejero.

El director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, el músico Niño de Elche y el artista Pedro G. Romero protagonizaron, según Lucas, uno de los encuentros “más excitantes” del festival: Paradojas de la cultura. Flamenco, rebelión y arte contemporáneo. “El flamenco es una construcción artística que nace en el lumpen —dijo Romero—, tanto en gitanos como en no gitanos. Es un arte subalterno, de delincuentes, prostitutas, drogadictos y borrachos”.

La declaración de independencia en Cataluña, los populismos y las redes sociales vertebraron Para una nueva conversación española, el encuentro que reunió a Eduardo Madina, a José María Lassalle y a Montserrat Domínguez. El exdiputado socialista dijo estar convencido de que Puigdemont quería convocar elecciones, aunque se echó para atrás en cuanto vio la que se estaba liando en Twitter. “Conozco a muchos políticos que no sólo invierten tiempo en las redes, sino que son muy permeables y modifican su criterio político”, agregó.

La jornada del sábado la arrancamos yendo al encuentro Una literatura para el fin del mundo, con Karina Sainz Borgo moderando a Sergio del Molino y a Rodrigo Fresán. El escritor argentino dijo que el apocalipsis “se ha devaluado, como la idea de futuro”: “Tengo la impresión de que mi infancia fue la última gran infancia futurística”. Por su parte, el español señaló que, para un autor, “el mejor placer de crear un mundo es destrozarlo”.

Acto seguido, Manuel Jabois entrevistó al fotógrafo Alberto García-Alix, quien recordó haber llegado al oficio como “un entusiasta”: “En el laboratorio, te das cuenta de que el mundo es tuyo, y crece el interés al mirar”.

Caballero Bonald recibió el primer Premio Festival Eñe. Lucas dijo del poeta jerezano que es “uno de mis maestros”, miembro de su “santoral laico” por ser “un ejemplo cívico” de “la insumisión contra la estupidez y la vanagloria”. “La voluntad de escribir lleva consigo una serie de elementos que te van fatigando al mismo tiempo que se fatiga la maquinaria”, declaró el autor de Ágata ojo de gato.

Con veinte minutos de retraso comenzó Pensar como conjura, el encuentro entre Antonio Escohotado y Francisco Jarauta. El autor de Los enemigos del comercio se refirió a su pasado rojo, señalando que su “deseo de favorecer al prójimo” hizo que “nos olvidáramos de nosotros mismos”. Entre otros, elogió a Camus: “Con ese coraje no ha vuelto a haber personas”.

A las ocho y cuarto, en el teatro Fernando de Rojas, Lucas moderó un encuentro titulado Maestros del periodismo, protagonizado por Raúl del Pozo y Manuel Vicent. El café Gijón, las nuevas tecnologías y la literatura en el periodismo se abordaron en un rato delicioso, entrañable y cargado de risas y sabiduría. Cómo no, hubo un coletazo relacionado con Cataluña: “Los nuevos periodistas tienen que alertar contra el nacionalismo: es la extrema derecha” (Del Pozo).

Sobre columnismo hablaron David Gistau y Juan Soto Ivars en el salón de columnas. “La columna —contó el periodista de ABC— es el género menos periodístico de todos”. El de El Confidencial contó cómo Arcadi Espada mutó en Lucía Méndez que, a su vez, mutó en una ausencia.

Terminamos con Edu Galán y Darío Adanti, quienes, entre otras hazañas, intentaron quemar obras de Marta Sanz y de Antonio Lucas —salvando, a la vez, la biografía de Chenoa—, defendieron la calidad del chiste de “van dos y se cae el del medio” y deleitaron con la descripción que hizo sobre Rodrigo Rato la periodista Carmen (“Mamen”) Gurruchaga en un libro sobre el expresidente de Bankia. Al final, no vino la policía.

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