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Cómo se escribe un pequeño libro mágico

No os mentiré: habría preferido que este texto lo escribiera otra persona (como Blas Ruiz Grau, por ejemplo). Y lo habría hecho porque escribir sobre mí mismo o sobre mi trabajo me sigue pareciendo algo extraño. No obstante, entiendo que uno es quien mejor puede hablar de sus propias obras y actos. Es una cuestión de responsabilidad.

De modo que diré que La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta, publicada por Urano, surgió, casi como el resto de mis novelas, por error. Así es: he escrito novelas que iban a ser un cuento y viceversa; he escrito filosofía cuando me planteaba escribir un thriller. He escrito esta novela sobre el amor y el perdón cuando lo que pretendía era narrar una historia ultraviolenta.

"Lo primero que llamará la atención del lector que se haya acercado a mi obra anterior será la sorpresa"

En ocasiones, el puzle que supone la creación literaria o de cualquier tipo, en realidad, no se deja formar a la primera de cambio. Las piezas están ahí, pero no siempre encajan donde nosotros habíamos previsto. En este caso, lo primero que llamará la atención del lector que se haya acercado a mi obra anterior será la sorpresa: «¿Cómo? ¿Un filósofo y un escritor casi serio metido en una historia a caballo entre lo infantil y la autoayuda? ¿Has cambiado a Faulkner por Coelho?», y una serie de preguntas que, con toda probabilidad, me serán arrojadas en algún momento del camino (por cierto: no he cambiado a Faulkner por Coelho, aunque no me importaría vender aunque fuera la mitad de ejemplares que él).

En cualquier caso —cada cual tiene sus placeres culpables— debo admitir que soy tan aficionado a la literatura más dura como a los libros de desarrollo personal, a la filosofía de aquí, de Oriente o de cualquier parte del mundo; al misticismo, si se quiere ver así (aunque siempre con un pie en el suelo). Y en esas precisamente estaba un poco antes de escribir la historia de la abuela.

"El actor Ashton Kutcher había difundido la noticia de una anciana chilena que, a sus noventa años, recorría a diario decenas de kilómetros en bicicleta para vender huevos, su medio de subsistencia"

Concretamente, me hallaba redactando El mensajero, la novela que, con un poco de suerte, verá la luz después de la que hoy nos ocupa, y que supone un claro homenaje a mi maestro Guillermo Arriaga. En principio, iba a narrar las peripecias de un escalador que se pierde en el Everest. Presentaba todos los elementos de un texto de desarrollo personal o motivacional novelado, pero que acabó convirtiéndose en cuatro historias y media —lo explicaré en su momento— bastante literarias (estas cosas no habría que aclararlas, por redundantes, pero es así).

Al terminarla, la guardé en un cajón para que madurase y pasé a la siguiente: el germen de La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta. Aunque, claro está, yo aún no lo sabía.

El actor Ashton Kutcher había difundido la noticia de una anciana chilena que, a sus noventa años, recorría a diario decenas de kilómetros en bicicleta para vender huevos, su medio de subsistencia. La historia me fascinó y pensé que podía emplearla como contrapunto de la historia sobre la venganza que me traía entre manos.

Ilustración: Adri.

Me puse a ello. Escribí unas cincuenta páginas que quizá algún día ponga a disposición del público para que todo el mundo pueda hacerse una idea de por dónde iban los tiros (nunca mejor dicho). Después me atasqué. Y seguí así varios meses (dos). Mi lema es sencillo: si no te has enamorado de una novela en un par de meses, apárcala de momento.

"La abuela es mi libro más «japonés», aunque se desarrolle en México"

Tras darle algunas vueltas, llegué a la feliz conclusión de que la solución estaba delante de mis narices: ahí estaba mi oportunidad de volcar mis intereses en materia de desarrollo personal, mi filosofía de vida y de transmitir un mensaje de esperanza en tiempos difíciles; ahí podía reflejar mi amor por la cultura zen (La abuela es mi libro más «japonés», aunque se desarrolle en México y esté protagonizado por una anciana de noventa años en lugar de por un samurái, un campesino o un monje). Rendir un homenaje a nuestros mayores, personajes escasamente presentes en la literatura ¡y menos como protagonistas!, y el reto de escribir desde la perspectiva de un personaje femenino siendo yo varón fueron desafíos que me atraparon al instante.

Decidí contar la historia de un modo sencillo, en la línea de El principito, El alquimista (¡saquen sus garras!), El caballero de la armadura oxidada, Juan Salvador Gaviota, o de Una historia verdadera, la película de David Lynch. Algo que pudiera ser de utilidad a un público amplio, de todas las edades, sin llegar a escribir un libro infantil o abandonar mi compromiso con la literatura.

El resto fue encadenar una serie de azares que dieron como resultado la obra que espero pronto tengáis en vuestras manos.

"A día de hoy, la literatura ya no va sólo de literatura"

Sé que lo que voy a decir tal vez resulte irrelevante, pero siempre me gusta añadir un trazo impreciso, una frase incorrecta o un plano desenfocado para imprimir humanidad a todo aquello que hago; para huir del relato triunfalista y cosmético. En este sentido, diré que me presenté a un concurso. Quedó desierto. Pero mi editora, Rocío Carmona, magnífica escritora y persona excepcional, me llamó para comunicarme que, no obstante, estaba interesada en publicar la novela. Ni que decir tiene que la tristeza no me duró ni dos segundos.

El resto de esta parte de la historia debemos escribirla entre todos y entre todas.

No quisiera desaprovechar esta oportunidad para compartir con vosotros mi visión sobre la literatura en el siglo XXI. Una literatura que, frente a lo que opinan algunos agoreros apocalípticos, no va a desaparecer (el ser humano siempre necesitará historias).

Si únicamente querías saber algo sobre la génesis de la novela, puedes dejar de leer aquí. Si bien me gustaría que me acompañaras hasta el final.

En líneas generales, mi idea es que, a día de hoy, la literatura ya no va sólo de literatura. Permitidme que lo explique.

"Vivimos en una cultura audiovisual y, lejos de suponer un inconveniente, podemos servirnos de ella como estímulo para explorar otras vías"

Esta novela no habría visto la luz sin las aportaciones de Flu, mi esposa (excelente terapeuta, acróbata y yogui), y de mi hijo Adri (con catorce años en ese momento), quien se ocupó de las ilustraciones que acompañan al texto.

Vivimos en una cultura audiovisual y, lejos de suponer un inconveniente, podemos servirnos de ella como estímulo para explorar otras vías y dotar a la literatura de la capacidad de ofrecer experiencias múltiples y servir de canal de comunicación entre las personas. Es por ello que decidí apostar por un apoyo iconográfico fuerte y, además del brillante trabajo con la cubierta que hizo Luis Tinoco, recluté un pequeño y valiente ejército de fotógrafas y cineastas, antiguos y destacados alumnos míos, para que se ocupasen del aspecto visual. Énkar Neil, autora de las fotografías que aparecen en esta nota, aportó su sensibilidad poética y su buen hacer tras la cámara, y Juan Bermúdez realizó un atípico e hipnótico booktrailer que, en lugar de cantar las «virtudes» de la novela, hacía protagonistas a los lectores y lectoras y a los sentimientos que la novela haría que aflorasen en ellos.

Foto: Énkar.

Por otra parte, me consta que, a fecha de hoy, una pequeña compañía formada en su práctica totalidad por mujeres se encuentra adaptando la novela a un espectáculo circense (¡circense!). Ardo en deseos de ver el resultado…

No estoy descorriendo la cortina, no quiero mostrar la tramoya. Únicamente deseo señalar que un libro no es fruto de una labor solitaria. Además de los correctores, traductoras, maquetadores, imprentas, gabinetes de prensa y marketing, están los amigos, la familia, los lectores beta (gracias, Blas, Luis, Rober, Diego, JM, Silvi, Gonzalo, Su, César, Chevi, Juan, suegri, Bruno…), que convierten al libro en un asunto colectivo. Que hay mucho trabajo, en ocasiones ingrato o poco reconocido, detrás de cada página. Que un libro no está terminado cuando lo dice el autor o la autora, sino que es la lectura por parte de los demás lo que cierra el círculo.

Por eso, te invito a que nos acompañes en este viaje y lo hago con una sencilla pregunta: ¿te atreves a subir en esta bicicleta?

Booktrailer de La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta

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Autor: Gabri Ródenas. Título: La abuela que cruzó el mundo en una bicicleta. Editorial: Urano. Venta: Fnac 

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