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Confesiones íntimas de una monja

Las Cartas portuguesas son, en muchos aspectos, una obra singular. No solo por el misterio que, a lo largo de los siglos, ha rodeado la cuestión de las figuras reales que se encontraban tras los papeles de emisor y receptor del epistolario, sino por haber inspirado innumerables interpretaciones, lecturas y reescrituras. A esta estela hay que sumar las investigaciones académicas que, en último extremo, pretendían demostrar o refutar el vínculo entre el epistolario y la realidad. Con el tiempo, los estudios han ido decantándose entre la defensa de la autoría francesa del texto y la existencia de un original portugués perdido, debido a la pluma de Mariana Alcoforado, monja de clausura desde su infancia y hasta su muerte en el convento de la Concepción de Beja. El significado último de la obrita bascula entre lo verídico y la ficción: entre la sinceridad de una voz femenina que habla desde la experiencia, y con ello alcanza a resonar más intensamente en el corazón de los lectores, o la manufactura bien urdida de un escritor francés, Gabriel Joseph de Lavergne, conde de Guilleragues, habilidoso artífice de la palabra literaria, quien podría haber creado su texto a partir de unas cartas que cayeron en sus manos o, simplemente, las pudo haber traducido.

El resultado, en cualquier caso, es que las cinco cartas de una religiosa portuguesa, obrita tan breve como intensa, se han convertido en el centro de un universo en permanente crecimiento que se expande con nuevas investigaciones, traducciones y reinterpretaciones en los más variados lenguajes artísticos. En concreto, las traducciones al español de las Cartas portuguesas constituyen hoy un conjunto destacable, más aún si consideramos el mundo editorial hispanoamericano. Sin embargo, la primera impresión del epistolario parece no haber despertado en el medio literario español el interés que iba cosechando en algunas de las literaturas centroeuropeas a juzgar por las ediciones y traducciones de que fue objeto, por ejemplo, en Francia o Inglaterra. El contexto político ibérico de la época, aún reciente la guerra de la independencia de Portugal, no debió de favorecer la curiosidad por una obrita que se inscribía en un escenario luso y evocaba la presencia militar francesa en dicho territorio. Sea como fuere, la mayoría de las traducciones al español, con excepción de la primera, que data de 1894, se han realizado y publicado ya durante el siglo XX y primeros años del XXI, en algunos casos, de la mano de reconocidos escritores y poetas como Ida Vitale, Enrique Badosa, Francisco Castaño Clavero o Carmen Martín Gaite.

Con esta nueva traducción de las Cartas portuguesas se recupera para nuevos lectores la figura de la mujer desolada ante la experiencia del abandono y perdida en el laberinto de la crisis emocional, al tiempo que se revitaliza su discurso: la confesión íntima con la que la voz femenina trata de conmover, comprender y, por fin, aceptar.

Tres lenguas se entrecruzan en este volumen: el francés original en que se publican las cartas por primera vez en 1669; el portugués de documentada introducción con que se abre esta publicación realizada por José António Falcão, fruto de una exhaustiva investigación acerca de la vida de Mariana Alcoforado y de su contexto histórico, y el español, punto de llegada de una versión que se incorpora a la nómina de las traducciones españolas de las epístolas amorosas atribuidas a la monja de Beja.

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Autora: Sor Mariana Alcoforado (Atribuidas). Traductora: María Jesús Fernández. Introducción y notas: José António Falcão. Título: Cartas portuguesas. Editorial: La Umbría y la Solana. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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