Esta novela es el retrato de un barrio, el Polígono Puerta de Madrid de Alcalá de Henares, más conocido como el Lianchi, de lo que fue y de lo que sigue siendo, donde las historias sangran y las vidas se rompen, donde crecer y vivir es más difícil y donde el estigma persigue a sus gentes para siempre.
En este making of Jorge Matías cuenta cómo escribió La frontera azul (Altamarea).
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Llevadas por una nostalgia incomprensible, algunas personas viven empeñadas en retratar nuestro pasado reciente como un territorio casi mágico que la modernidad se encargó de destruir, un poco como aquella canción de Melendi en la que el cantante desea seguir sin gais. La frontera azul surge de la ira contra los movimientos nostálgicos que parecen impregnarlo todo de un tiempo a esta parte.
Nunca me ha interesado escribir sobre las clases medias o mejor situadas económica y socialmente. Estoy harto de los pequeños problemas de esa gente, de su insustancialidad y de sus lloros con billetes. Me interesa la gente rota y la que está a punto de romperse y en el libro hablo de personas que no tuvieron nada y a nadie interesaron. Su existencia es más rica, más compleja y más intensa que la de todos esos personajes aburridos de sí mismos y hartos de viajar y cenar fuera. Su existencia no cabe en Instagram. Su existencia merece palabras que casi nadie ha tenido para ellas, merece respeto y merece que se sepa que el mundo les viene grande, les es hostil y ejerce una violencia constante contra ellas. Escribir sobre algunas ha sido doloroso y complicado. He procurado que aparezcan en alguna de sus pequeñas odiseas para ayudar a retratar al protagonista, el Lianchi, que respiraba y respira con ellas. El barrio es un ecosistema propio, uno de hormigón y sollozos y no llegar a fin de mes, de risas y drogas, de saberse al margen, un lugar donde no hay sitio para la nostalgia porque hay que sobrevivir. Los recuerdos, noticias, anécdotas e historias de la gente que pasea por las páginas de La frontera azul, tenían que ser bellos y sucios y, a veces, graciosos. El amor, el desamor, la muerte y las vidas precarias, existen en el Lianchi, pero no se desarrollan igual que fuera de él.
Sin un rumbo fijo, al principio solo tenía una idea difusa de lo que quería escribir en concreto. Probé muchas formas de explicar cómo fue la vida en aquel polígono. Al final, escribí desde las tripas, que es la única forma de contar todo eso, y puse toda la carne que tenía en el asador, dibujé personas del pasado en mi mente y describí esos dibujos en las páginas, quise que el hormigón se sintiera en toda su dureza y que las paredes del barrio se pudieran oler a través de las palabras y que se entendiera la simbiosis que existe entre el hormigón y la chatarra y los perros y las plantas moribundas y las personas que habitan o habitaron el barrio.
La frontera azul me absorbió por completo y corregí docenas de veces lo escrito porque sería injusto no haber escrito las mejores palabras para los peores momentos. A veces me descubría de madrugada reescribiendo algún capítulo entero sin ser consciente de la hora porque soy un escritor desordenado y obseso. Me preocupaba mucho que todo el conjunto tuviera la misma consistencia y que la ira no se comiera el texto. Además, tenía que dejar claro que la clase social pesa mucho, que la vida depende del código postal, que así fue en ese tiempo idílico que algunas personas intentan vender, y que no hay orgullo ni vergüenza. Es, quizá, un libro rencoroso, un puzle de historias, de vidas y muertes, de gente rota que se recompone como puede, que merece que se hable de ella lejos del género quinqui y lejos del safari por la pobreza. Merecen, en fin, imponerse con violencia sobre la nostalgia.
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Autor: Jorge Matías. Título: La frontera azul. Editorial: Altamarea. Venta: Todos tus libros.


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