Hete aquí un marco sistemático para analizar el conocimiento científico y tecnológico, así como la relación existente entre ciencia, mente, lenguaje y tecnología. En este libro Bunge se anticipó de forma preclara a la complejidad de la transdisciplinariedad, y a las dimensiones sociales y éticas de la ciencia y la tecnología actual.
En este making of Antoni Hernández-Fernández, editor y traductor de la presente edición, reflexiona sobre Filosofía de la ciencia y la técnica. Parte 2. Ciencias de la vida, ciencias sociales y tecnología. Tratado de Filosofía. Volumen 7.2., del físico y filósofo Mario Bunge (Laetoli).
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En la era de la Inteligencia Artificial (IA) y de los grandes modelos de lenguaje (Large Language Models, LLM, de sus siglas en inglés), hablar del proceso de traducción implica asumir que el peso del trabajo se ha trasladado, en buena medida, hacia la revisión técnica. En el ocaso del traductor raso, emerge la necesidad del revisor experto. Hace sólo unos lustros traducir una obra de estas características exigía fundamentalmente resolver problemas lingüísticos. Se debía encontrar el término adecuado, reproducir con precisión el estilo del autor, mantener la coherencia terminológica y, en definitiva, evitar la máxima del “traduttore, traditore”. Hoy un LLM puede generar en segundos una versión razonable, fluida y en apariencia fiable para el profano, de prácticamente cualquier fragmento de texto. Pese a la inmanencia de los problemas tradicionales, el reto aditicio reside en determinar si aquello aparentemente bien traducido es, además, conceptualmente correcto.
Así, se debe comprender primero cada argumento, para comprobar después que la solución lingüística adoptada funciona en español. No es un tema baladí, y dada la amplitud temática del presente volumen, la clave han sido los aliados humanos allende las máquinas. Por fortuna, en el proceso de revisión he compartido trayecto con Alfons Barceló, discípulo aventajado de Mario Bunge, así como con Serafín Senosiain, editor de la Biblioteca Bunge en Laetoli.
Porque, paradójicamente, la aparición de la IA no elimina la tarea de revisión, sino que la hace más visible, de hecho, crucial. La revisión ha ganado peso en todos los sectores, y lo seguirá haciendo. Se paga ya (y se pagará) mucho menos por las tareas que la IA automatiza, pero se debería pagar mucho más a aquellos capaces de detectar sus cada vez menos errores. Llévenlo a la medicina: si un sistema de detección en oncología basado en IA poseyera, pongamos por caso, una precisión y fiabilidad del 99.99%, ¿cuánto deberíamos pagar al médico capaz de detectar ese 0.01% de error en la detección de un cáncer?
Volviendo al universo del libro, un modelo de lenguaje puede ofrecer una traducción formalmente impecable y, al mismo tiempo, introducir pequeñas desviaciones terminológicas, o falsos amigos, que alteren el significado del original. La estadística de los LLM tiende a escoger étimos aparentemente más naturales, alterar términos que el autor utilizó con un sentido preciso en la lengua original, o eliminar matices que, por su carácter técnico, deberían conservarse. La fluidez estocástica del LLM no es una garantía de calidad: la traducción puede sonar perfectamente española y ser, sin embargo, conceptualmente errónea. De este modo, la edición de este volumen se situó en ese espacio entre traducción, conocimiento especializado y revisión crítica. En este sentido, la IA generativa es en una herramienta muy útil para el traductor, pero no debe sustituir su criterio: cuanto más especializada es la obra, mayor es la importancia de conocer la temática de lo que se está traduciendo.
Sin embargo, si se usan LLM debería reflexionarse sobre qué modelos se emplean: ¿son de código abierto y públicos, o pertenecen a empresas codiciosas que parasitan nuestros datos? Nos alertaba Bunge en 1985, en el capítulo 6 de esta obra:
“No hay necesidad, entonces, de temer a la mítica tecnología desbocada. Si alguien se siente amenazado por una máquina, sólo tiene que desconectarla; y si algún tecnólogo intenta hacer algo que no sea servir a sus empleadores, estos sólo tienen que despedirlo. A lo que sí debemos temer es a los dueños de la tecnología, pues son ellos quienes la utilizan para producir o prevenir cambios sociales.”
Me permito para concluir un avance y otra cita del libro, que espero disfruten ustedes leyendo (y estudiando), tanto como yo. Como avance decirles que tenemos ya en marcha la traducción y revisión del siguiente volumen (octavo y último) del Tratado de Filosofía de Mario Bunge. Trata de ética y, cómo no, aunque escrito en los años ochenta del siglo XX, Bunge de nuevo anticipa buena parte de las problemáticas sociales que nos siguen asediando. Les sorprenderá. En el caso del sector tecnológico, ante la llegada masiva de falsos profetas y advenedizos en la era de la IA, les recomiendo las meditaciones sobre tecnoética que ya aparecen en este volumen 7.2., donde nos advierte Bunge:
“Nos hemos acostumbrado a aceptar un nivel de riesgo razonable porque hemos experimentado los beneficios de muchas innovaciones tecnológicas, y también porque nos han inculcado la creencia de que lo nuevo siempre es mejor. El problema radica en que no sabemos lo suficiente para anticipar dichos riesgos, ni siquiera sabemos cómo cuantificarlos, y con mayor razón ignoramos el umbral por debajo del cual es razonable aceptar cualquier riesgo.”
Y, honestamente, además del contundente impacto laboral de la irrupción de la IA en la traducción y edición, creo que no hemos asumido aún los enormes riesgos de homogeneización lingüística y estilística del uso masivo de los modelos de lenguaje en el sector del libro. Porque las traiciones de los traductores al fin y al cabo humanizaban aquellos textos, fíjense, pero ahora temo más a las traiciones subrepticias de la IA, a las marcas de agua de los términos que aumentan su frecuencia según un algoritmo, y, sobre todo, a los señores feudales que las gobiernan, a los dueños de la tecnología. No los olviden. Ya lo previó Bunge. No vayamos a depender demasiado de ellos. Tras ceder a su particular ius primae noctis en nuestras tareas cotidianas, ya habremos perdido la dignidad. Habremos cedido a la descarga cognitiva.
Las reflexiones del Tratado de Filosofía de Mario Bunge son tanto una referencia imprescindible en todas las áreas de conocimiento, como un bálsamo ante la estulticia y la superficialidad imperantes en lo usos de las nuevas tecnologías en el siglo XXI. No se las pierdan.
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Autor: Mario Bunge. Título: Filosofía de la ciencia y la técnica. Parte 2. Ciencias de la vida, ciencias sociales y tecnología. Tratado de Filosofía. Volumen 7.2. Editorial: Laetoli. Venta: Todos tus libros.


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