Inicio > Libros > No ficción > Una especie a la fuga
Una especie a la fuga

No sé si será una casualidad —decía, no obstante, León Bloy que la casualidad es la providencia de los imbéciles—, o si, por arte de magia, sin que uno se lo haya propuesto, en esta ocasión un libro ha salido al encuentro del otro. Después de la lectura, con la lentitud y la atención que una obra de tanto fondo y de tanta enjundia merece, de este volumen de José Antonio Marina, llegó a mis manos la última novela de Olga Tokarczuk, Tierra de empusas, que, si no la he entendido mal del todo, viene a ser algo así como una especie de fina parodia de La montaña mágica, pero a la polaca, con muchos elementos propios del relato policiaco y una buena dosis de realismo mágico y misterio a la europea.

En esas páginas, el padre del protagonista, que se halla recluido en un sanatorio para tuberculosos en una zona agreste del sur de Polonia, casi en la frontera con Chequia, insiste en el hecho de que la mejor forma de definir a una determinada persona es conociendo sus adicciones. Sólo de esa forma lograremos llegar hasta el fondo de su alma, como una radiografía de sus propios pulmones.

Marina, con su habitual estilo —elegante, claro, diáfano y didáctico, pero sin bajar nunca la guardia en cuanto al uso de la terminología requerida en cada momento—, comienza por admitir que, en este primer cuarto de siglo, estamos rodeados por una autentica plaga de insensatez, con lo que, para poder sobrevivir, no nos queda otro remedio que buscar la vacuna adecuada para controlar tanto despropósito.

"En los primeros capítulos, José Antonio Marina, quizá con la intención de preparar al lector para lo que ha de venir algo más adelante, vuelve a la idea de ese ser humano en equilibrio frágil, inestable"

En las páginas preliminares, antes de poner en funcionamiento toda la maquinaria, Marina hace hincapié en el hecho de que, en estos tiempos, vivimos momentos históricos en que nuestras fuentes de certezas —y ahí incluye a la propia filosofía— están siendo desacreditadas, con lo que podríamos hablar de una “Contrailustración” en toda regla, de manera que las llamadas “conductas adictivas”, que más adelante explicará con detalle y diversidad de ejemplos, “son uno de los grandes problemas a los que se enfrenta nuestra cultura”. Es, para resumirlo aún más, la enfermedad de la sociedad moderna.

Comienza así una obra que, tras su lectura, nos parece equilibrada, nada alarmista —el autor, incluso, se siente con fuerzas como para sacarse, de vez en cuando, un conejo de la chistera en forma de humor nada corrosivo—, pero muy firme en sus convicciones, con la que Marina, antes de ir al fondo de la cuestión, alude a parámetros relacionados con la antropología, cuando asegura que el ser humano es una “especie bipolar”, un animal aún no fijado del todo, en plena y continua evolución, sin que sepamos del todo cómo terminará nuestra historia: una “especie a la fuga”.

Ayuda mucho a entender sus palabras el hecho de que no haya sido nada cicatero a la hora de descubrirnos sus fuentes más cercanas, que van desde sus propios maestros (el ineludible Husserl, entre ellos), a los que aquí rinde un merecido homenaje, hasta esas otras decenas de autores que conforman la completa bibliografía que se adjunta al final del volumen, en donde no faltan ni siquiera los más olvidados, como el escritor barroco don Diego Saavedra Fajardo, cuyos restos mortales descansan en la catedral de Murcia. Son citas que, aunque numerosas, no molestan, no entorpecen la lectura; muy al contrario, enriquecen el pensamiento del autor de estas páginas que cobran así el peso requerido, el alimento necesario.

"Quizá más adelante, si el tiempo y las fuerzas se lo permiten, José Antonio Marina podrá dedicarnos una obra sobre la adicción al internet"

En los primeros capítulos, José Antonio Marina, quizá con la intención de preparar al lector para lo que ha de venir algo más adelante, vuelve a la idea de ese ser humano en equilibrio frágil, inestable; un ser que intenta encontrar la felicidad para lo cual se necesita un cierto impulso que, a su vez, nos desestabiliza: el pez que se muerde la cola Muy pronto, aparece en la obra la primera definición de lo que se entiende por adicción: la tendencia a tomar drogas o a realizar actos —incluye aquí los juegos de azar, asunto al que no le damos la importancia que merece— de manera compulsiva, “aun cuando se conozcan sus efectos perjudiciales”. Y, a continuación, alerta al lector para que no confunda “adicción” con eso otro que denominamos “afición apasionada”, puesto que, en el primer caso, confluye el hecho de la pérdida de control, hasta el punto de producir el síndrome de abstinencia si se suspenden.

Quizá más adelante, si el tiempo y las fuerzas se lo permiten, José Antonio Marina podrá dedicarnos una obra sobre la adicción al internet. De momento, aquí deja unas cuantas, y muy certeras, pinceladas con las que nos advierte del abuso de estas nuevas tecnologías, así como de la pérdida de tiempo que nos producen, con la disminución de las horas de sueño, el nerviosismo constante, la ansiedad y el miedo a estar perdiéndonos algo importante. Y concluye, para aviso de navegantes: “Cuando estos efectos se agravan y la conexión se vuelve obsesiva, estamos ante una adicción a internet”.

Tampoco elude otra cuestión que nos lleva a todos de cabeza, y que es motivo de confrontación y severa disputa entre los ciudadanos: las llamadas noticias falsas que nos alejan de la verdad. También en ese aspecto Marina se queda corto y deja al lector con la miel en los labios. La clave podría estar cuando, líneas más adelante, habla de los interesados en la política en la actualidad, donde hallamos a los más polarizados, los ideologizados, los fanatizados, “mientras que el resto de la ciudadanía se desentiende, dejándoles el campo libre”.

"Sobre la dichosa IA, que a todos nos está volviendo un poco majaretas, el autor de estas páginas envía a todo el personal un mensaje de tranquilidad que uno recibe con sumo gusto"

No menos peligrosos serían aquellos otros virus que forman parte de nuestro día a día, como la devaluación de la verdad, la equiparación de todas las culturas, la glorificación de la opinión personal y la imposibilidad de ponerse de acuerdo en temas ideológicos. Algo que, si miramos a nuestro alrededor, nos resulta ciertamente familiar, al orden del día.

La pregunta a la que hace frente de inmediato, y que todo lector podría llevar incorporada en su mente cuando se enfrenta a un libro como el presente, es por qué no todos somos adictos: a pesar del ambiente en el que uno vive, a pesar de la presión de los colegas, hay gente que logra rechazar esos cantos de sirena. ¿Qué recursos tienen para no dejarse llevar? ¿Qué los protege?

De no menor interés es todo lo referente a ese proceso que nos lleva hacia la adicción, en ocasiones un tanto misterioso y particular: el aspirante adicto ¿va perdiendo la voluntad y la libertad o es que esas cualidades no las tuvo nunca o son facultades que sufren eclipses?

La inmensa riqueza de ideas que Marina pone sobre el tapete, como un reto del que sale bastante airoso, nos lleva a evaluar otros aspectos tan cercanos a todos nosotros, sus lectores, como pueden ser el suicidio, la felicidad, el habla interior, la Inteligencia Artificial, la memoria o la libertad. Sobre la dichosa IA, que a todos nos está volviendo un poco majaretas, el autor de estas páginas envía a todo el personal un mensaje de tranquilidad que uno recibe con sumo gusto: la IA podrá dirigir la acción de un robot, “pero para dirigir al ser humano debería robotizarlo primero”.

"La definitiva resolución de los problemas más candentes comienza, según Marina, por lo pequeño, por lo vulgar y cotidiano, que llega a las más altas manifestaciones de nuestro espíritu"

No menos curioso resulta todo lo referente al habla interior, sin duda, uno de los fenómenos más misteriosos de nuestra mente. Y mucho más si tenemos en cuenta que, desde los estudios de reconocidos neurólogos como John Hughlings Jackson, sabemos con precisión que hablamos no sólo para decir a los demás lo que pensamos, sino también para decirnos a nosotros mismos ese mismo pensamiento.

José Antonio Marina, que se define a sí mismo, no sin cierta ironía, como un “optimista bien informado”, deja, pues, aquí constancia de que vivir no es razón suficiente para vivir. Y se detiene en otro asunto inquietante: esos niños que no sienten interés por nada, que viven en un mundo plano, sin alicientes. Una pasividad que, nos advierte, podría hacernos retroceder a formas de vida arcaicas.

Asoma aquí, a lo largo de la obra, que vale la pena, aunque haya que leer con cierto esfuerzo y máxima atención, un Marina más íntimo; una persona de carne y hueso, cercana y comprometida con nuestro tiempo, capaz de enmendar la plana a ciertas vacas sagradas de estos últimos tiempos, como es el caso de Jean-Paul Sartre, a quien no tiene inconveniente alguno en llamarle, no sin elegancia, exagerado.

La obra concluye con el obligado regreso a los orígenes, a la filosofía. La definitiva resolución de los problemas más candentes comienza, según Marina, por lo pequeño, por lo vulgar y cotidiano, que llega a las más altas manifestaciones de nuestro espíritu. En tanto que la misión de la filosofía es conducirnos a la acción, “porque es ella la encargada de hacer reales las soluciones”.

—————————————

Autor: José Antonio Marina. Título: La vacuna contra las adicciones. Editorial: Ariel. Venta: Todos tus libros.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios