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Cumbres Borrascosas es los amantes de Teruel: tonta ella y tonto él

Cumbres Borrascosas es los amantes de Teruel: tonta ella y tonto él

No tiene (casi) nada de malo practicar la disciplina de la novela rosa, incluso en su acepción más truculenta. Acuérdense de Misery y su adictivo efecto en la enfermera que en el cine interpretó Kathy Bates para constatar consoladores efectos. Pero convertir Cumbres Borrascosas, el clásico literario de Emily Brontë, en una versión turbo de Crepúsculo más efectista y pasada de rosca podía valerle a la británica Emerald Fennell alguna que otra crítica. Porque eso es precisamente lo que ha hecho.

" Fennell aborda una novela rosa donde el amor imposible adopta tintes de masoquismo"

La realizadora de Saltburn y Una joven prometedora aborda su tradicional subversión de expectativas, su provocador juego sexual, en este caso del gótico, por la vía del popular best seller. Una travesura de lujo, un Crepúsculo de tonalidades Lana del Rey, un Bridgerton siniestro. Un cómic del romanticismo a ritmo de anacrónicas canciones de Charli XCX que recuerdan al cierre del Dracula de Coppola a ritmo de Annie Lennox.

Y no, no tiene nada de malo gastarse 80 millones de Warner Bros en semejante empresa. Fennell aborda una novela rosa donde el amor imposible adopta tintes de masoquismo, una fantasía erótica femenina donde la heroína interpretada por Margot Robbie obtiene tanto placer de la dilatación de los tiempos amorosos con Heathcliff, de la tortura propia y la de su partenaire, como de las masturbaciones que Fennell pone en escena en toda su viscosidad.

Quizá la directora confía en que su soterrado y extravagante sentido del humor, junto con los escenarios góticos servidos por la novela, eleven el puro juego kitsch de un film que coquetea con la fantasía erótica de manera innegable. Convertir Cumbres Borrascosas en un young adult siniestro, a medio camino entre Tim Burton y el porno europeo, no es malo, pero no consigue emocionarnos del todo con el cuento, rematando un largometraje que pide demasiada inversión hasta que llega al turbio tercer acto de la venganza sórdida. Es lo que tiene querer ser provocador y travieso con un material de peso.

"Sus recursos efectistas pero expresivos son una bicoca visual pero no generan impacto sentimental en el espectador más allá de la calidad de la postal"

Cumbres triunfa cuando coquetea con el terror, con esa siniestra casa de muñecas que parece sacada de Hereditary, de suelos rojo sangre y paredes de la nueva carne de Cronenberg, confirmando a Fennell como una esteta capaz de crear espectáculo enfermizo con el diseño de producción, la música y una dosis razonable de descaro. Su fábula enlaza desde el comienzo la excitación de una erección con la muerte de un ahorcado y obsequia con un par de escenas de sexo entre porquería dignas de un videoclip gótico. Descarado, sí, pero tampoco genial: sus recursos efectistas pero expresivos son una bicoca visual pero no generan impacto sentimental en el espectador más allá de la calidad de la postal y cierta sonrisa cómplice por su macarrismo.

Margot Robbie está impecable trasladando la expresividad de su Harley Quinn al personaje, pero Jacob Elordi no llega a plasmar las contrariedades de Heathcliff, tan víctima como verdugo. Quizá lo más rebuscado de todo es que Fennell piense que el amor de ambos fuera en realidad perfectamente posible, el colofón a un chiste erótico para chicas jovencitas que busca sacar el dedo de en medio al fenómeno de Los Bridgerton de Netflix compitiendo en alucinante vestuario mientras se apunta el tanto de sus modernos anacronismos.

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