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David Foenkinos: “Cuando has conocido la muerte tienes necesidad de vivir doblemente, y un libro es un multiplicador de vida”

El escritor David Foenkinos entrevistado en Zenda

Al doblar la esquina se le ve aparecer en medio de la calle, convertido en un flanco asequible para todo aquel que haya leído sus libros y le pueda reconocer. Pero esta mañana su presencia pasa desapercibida y eso le hace reaccionar con una sorpresa divertida cuando llega el momento de saludarse. Después de todo, Madrid no es París y David Foenkinos ha cambiado tantas veces de registro que sus lectores ya se han hecho al hábito de descubrir a un escritor diferente en cada nuevo libro. “Y sin embargo siempre soy el mismo”, reconoce más tarde sobre su capacidad de reinventarse.

Sentado a la mesa de un restaurante italiano del centro, David Foenkinos (París, 1974) derrocha buen humor. Existen dos posibles explicaciones a su estupendo estado de ánimo: la primera es que sobre su cabeza cuelga un retrato de Roberto Benigni y se ha dejado contagiar por su espíritu; la segunda, más probable, es que todavía le dura la exaltación por haberse repuesto, aunque sea un poco, de la exigencia de escribir Charlotte (Alfaguara), novela que abandonó y retomó durante diez años. Tras dar forma al objeto de su obsesión y alcanzar el éxito con ella, incluyendo los Premios Renaudot y Goncourt des Lyceéns, el autor francés ha reinventado La biblioteca de los libros rechazados (Alfaguara), donde recupera el tono ligero para reflexionar acerca del éxito literario y el origen de la creación artística

El protagonista del libro es Henri Pick, un pizzero fallecido años atrás que, de la noche a la mañana, se revela como el autor de un auténtico fenómeno literario pese a que nunca nadie le vio escribir en vida. A partir de este descubrimiento algunos personajes tratarán de reconocerse en sus páginas mientras otros cuestionan la relación entre creación y manifestación.

En verdad, la biblioteca que sólo admite manuscritos rechazados ya existe, tanto dentro como fuera del papel. De hecho, fue Richard Brautigan quien ideó este albergue literario en su obra El aborto, y fue un apasionado seguidor el que le dio forma para rendirle homenaje, algunos años después de su muerte. No obstante, Foenkinos aprovecha esta idea bibliófila para componer una historia en la que los sentimientos navegan plácidamente hacia las profundidades de la memoria.

Este libro surge de una idea que es tan extravagante como bella, pero que es real: una biblioteca a la que van a parar aquellos libros que ninguna editorial ha querido publicar.

Cuando descubrí esta historia de La biblioteca de los libros rechazados la adoré, la encontré tan hermosa y tan poética. Y realmente fue por azar, leyendo el libro de Richard Brautigan. Después me enteré que existía realmente en los Estados Unidos y pensé que era magnífico que hubiese un lugar donde poder dejar todos los manuscritos que han sido rechazados. Así que inventé la versión francesa, en Bretaña. Resulta curioso que a partir de su publicación en Francia, donde ha tenido un gran éxito, se ha creado una biblioteca similar allí, en la misma Crozon, a la que acuden los jóvenes para depositar sus manuscritos. Sería bueno encontrar una ciudad en España para crear otra. Además todo el mundo tiene un original rechazado, porque el mundo entero escribe. Supongo que por eso se dice que hay más escritores que lectores.

¿La ha visitado?

No. Hasta ahora no he tenido la necesidad de estar sobre el lugar. Debe ser agradable ir a visitarla, pero ha pasado mucho tiempo desde la última vez que fui a Crozon, desde que tenía una novia que vivía allí. Ahora tengo claro que si voy será para conocer la biblioteca.

"Para mí la biblioteca de los libros rechazados suponía una idea realmente poética. El hecho de que no puedan enviarse los manuscritos por correo obliga a los escritores ignorados a tener que ir hasta allí. "

¿Por esa razón decidió desarrollar la historia en Crozon?

Puede ser. Pero más que por eso, para mí la biblioteca de los libros rechazados suponía como he dicho una idea realmente poética. Por ejemplo, el hecho de que no puedan enviarse los manuscritos por correo es muy importante, porque obliga a todos los escritores ignorados a tener que ir hasta allí. A Finisterre, el fin de la Tierra. Me imaginaba a toda esa gente atravesando Francia para dejar su manuscrito en un lugar salvaje y no demasiado habitado.

¿Ha sufrido alguna vez un rechazo editorial?

Sí y no. Mi primera novela fue rechazada en todos lados pero fue aceptada por Gallimard, lo cual es raro porque es el sello francés más prestigioso. Al principio, cuando todo el mundo me rechazó, me dije que era normal, hasta que un día recibí una llamada de Gallimard diciéndome que estaban interesados. Así que supongo que jamás he sido rechazado porque al final terminaron publicándome. Por el contrario, en el libro hablo de que ser ignorado es más doloroso que ser rechazado. Es lo que pasa con el 99% de los libros que se publican, que tienen muy pocos lectores. Es la humillación que veo.

Pero mucha gente sueña con ver su nombre en la portada de un libro. ¿Significa eso que actualmente se publica demasiado?

Desde luego. En Francia hay un momento en el año que se llama la rentrée literaria, en el mes de septiembre. Se publican centenares de libros pese a que nadie va hablar de la inmensa mayoría y serán muy pocos los escritores que alcancen grandes cifras de ventas. Pero aun así muchos conservan el sueño de ver publicado su libro en algún momento, aunque el número de lectores no acompañe. Yo mismo no tenía muchos lectores al principio. Además, hay que tener en cuenta que ahora la gente lee muchos textos en Internet, cada vez más. De modo que si uno escribe tiene la oportunidad de compartirlo.

¿Cómo cree que es la relación entre el lector y la novela en estos tiempos tan tecnológicos?

Para mí es muy importante destacar que el libro es una declaración de amor a la literatura. En él remarco todo lo que la literatura me ha aportado: hablo de los bibliotecarios, de los libreros, de los editores, de los escritores y de los lectores. En general, hablo de todos los que aman la literatura. Simbólicamente el libro ocupa un lugar mágico porque tiene el poder de transformar la vida del lector. En ese sentido creo mucho en el poder de la literatura, porque a mí me salvó la vida y me la cambió. Todos los días se dice que cada vez despierta menos interés, pero sigue habiendo gente para la que encontrarse con Houellebecq debe ser maravilloso. Y resulta esperanzador ver cómo viven los comerciales que recorren todo el país para ir a ver a los libreros, o cómo estos resisten pese al cierre de librerías.

¿Acaso no es también una crítica al sector? Por ejemplo, a ese editor que ante el éxito del libro de Pick decide publicar una novela con el reclamo de haber sido rechazada 32 veces.

Al marketing, pero eso forma parte de la comedia social. No pretendo hacer una crítica. Adoro las ideas del marketing editorial, su creatividad es brillante. Es genial que un libro que ha sido encontrado en un estante de la biblioteca y que se convierte en un éxito dé a otro editor la idea de publicar otra novela rechazada. Para mí no es una crítica. Al contrario, pienso que ese editor es estupendo, aunque es cierto que en Francia muchos lectores han criticado su actitud. Es normal que todo el mundo quiera averiguar quién ha escrito el libro, y que mientras se resuelve el misterio de si fue Pick u otro muchos aprovechen el tirón para descubrir nuevas vías para sobrevivir.

Corríjame si me equivoco, pero en realidad hablamos de un fracaso disfrazado de éxito.

Exactamente. A veces algunos escritores son más inventivos en la vida real que en las novelas. Deberían dejar de escribir.

Quizá todos. La ayudante del bibliotecario dice en un momento dado que “los escritores están fatal de la cabeza y los que no publican deben de ser peores aún”.

Eso lo dice cuando el bibliotecario le cuenta que su idea genial: “vamos a recuperar todos los manuscritos rechazados para que la gente venga a dejar sus originales”. Entonces ella le responde que van a recibir a todos los depresivos de la literatura; que si el escritor resulta ya de por sí un poco psicópata, los frustrados deben ser peores. Piensa que será un desfile de perdedores, que la biblioteca se va a convertir en la Madre Teresa de todos los escritores frustrados, pero al final cambia de opinión.

"Cuando el escritor no come se vuelve ambicioso y sufre su fracaso, lo que lleva a muchos a pensar en el momento de escribir que son como Cervantes o como García Márquez."

Por estas y otras definiciones plantea al escritor como alguien excéntrico.

No hay que generalizar. Todos los escritores son muy diferentes: desde Modiano, que no quiere hablar, a Houllebecq, que tampoco quiere. Quizás no sea un buen ejemplo, pero hay tantas maneras de vivir la literatura como escritores. Eso quiere decir que no hay un método, que no hay una escuela. Cuando el escritor no come se vuelve ambicioso y sufre su fracaso, lo que lleva a muchos a pensar en el momento de escribir que son como Cervantes o como García Márquez.

Dice que la primera novela es siempre la de un alumno bien aplicado, que solo los genios son de entrada unos estudiantes desastrosos.

Sin duda. Pero porque el arte se hace a partir de la imperfección, desde el error, el borrador o la aproximación. Se hace desde cualquier cosa que se nos escape. El éxito es muy extraño. Por ejemplo, el éxito que tuvo en Francia La delicadeza y que en cambio yo no veo qué hay de particular en ese libro. No lo comprendo, ya que escribí el libro como lo había hecho antes. Todo eso es totalmente improbable e imposible de medir, por suerte. Con La delicadeza hubo gente que dijo que había utilizado la receta para el éxito, pero de ser así la hubiese utilizado antes.

Es verdad que se habla de fórmulas para el éxito literario.

Sobre esto hay una historia genial. Es en la película Stardust Memories, de Woody Allen, donde el protagonista conoce a una mujer muy guapa pero totalmente loca y otra menos atractiva pero genial. Entonces imagina que es un doctor que puede hacer una operación cogiendo el espíritu de una y el cuerpo de la otra, pero finalmente se enamora de la chica fea e insoportable. Eso mismo pasa con la literatura; puedes tener todos los ingredientes y aun así es posible no triunfar. Es verdad que cuando un libro tiene éxito la gente intenta repetirlo después. Cuando La delicadeza obtuvo un éxito tan importante me dije que no haría ningún libro que se le pareciera. Para mí la literatura es explorar, investigar. Charlotte es una historia muy diferente y Los recuerdos (Seix Barral) también lo es.

Respecto a la evolución de su trayectoria, ha pasado del tono ligero de sus primeras novelas y el estremecimiento que le causó la obra de Charlotte Salomon a una especie de suspense cómico.

Sí, y al mismo tiempo soy siempre yo. Y eso está bien porque el lector me sigue.

Dice que Charlotte le ha cambiado la vida.

En todo caso, diría que Charlotte ha supuesto una mayor concentración para mí, de éxito y de premios literarios. Escribiendo este nuevo libro he podido encontrar la energía de un hombre joven, también su humor. Pero la ligereza en el tono no impide la gravedad ni la melancolía. Después de Charlotte, La biblioteca de los libros rechazados es como una nueva vida, como si lo hubiese dejado con mi mujer. Hay cosas de Charlotte que me impactaron enormemente, porque era una artista completamente olvidada. Ahora se estudia en los colegios, se organizan exposiciones y le dedican placas conmemorativas. Su éxito me ha causado mucha emoción y todavía forma parte de mi vida.

Tiene que sentirse muy reconfortado por haber recuperado a Charlotte Salomon del olvido.

Es más que un placer. Es muy, muy fuerte. He inaugurado exposiciones suyas pero la vida de Charlotte está lejos de acabar. Estoy trabajando en una película. Mi objetivo es conseguir que la gente la considere realmente como una gran artista del siglo XX.

"Un libro no tiene mucho interés si los personajes no tienen una evolución, un descubrimiento personal."

Su vida ha cambiado pero hay inclinaciones que persisten, como el empeño de guiar a sus personajes en la búsqueda de sentimientos que desconocen.

Lo que me interesa es que los personajes no saben qué tienen en el fondo de ellos mismos y que el libro les permita revelárselo. Un libro no tiene mucho interés si los personajes no tienen una evolución, un descubrimiento personal. Mi personaje favorito en este libro es el crítico literario, porque va a conocer el fracaso y a experimentar la humanidad, la humillación. Finalmente se persuade de que tiene que buscar algo y va a encontrar otra cosa. Va a encontrar el amor. Cada personaje tiene su momento importante en la historia.

Tampoco les evita el derecho de no reponerse al duelo.

Siempre me digo que tengo que explorar ciertos temas cuando escribo una novela pero hay cuestiones que siempre vuelven, como la memoria. Lo que me interesa es explorar nuevas cosas todo el tiempo, pero incluso si son diferentes se reconoce siempre el estilo.

Quizá sea una novela sobre una novela.

Una novela sobre la literatura, sobre la creación de una biblioteca particular.

O una novela policíaca. Al fin y al cabo todos los personajes buscan un reconocimiento: ya sea personal, profesional o sentimental.

Es muy difícil escribir una novela policíaca, porque es la primera vez que escribo conociendo toda la historia con anterioridad y es verdad que a veces tengo la impresión de que el lector va a descubrirlo muy rápido. Pero adoro la idea de que el lector se sorprenda con el final y al mismo tiempo es muy divertido escribir una investigación así. Es un desafío porque no es mi manera de escribir.

¿Cree que la literatura se ha convertido en un refugio solo para escritores?

Creo que el problema no es que haya más escritores que lectores. Hay cada vez menos lectores pero la media de edad es de diez años. Con Charlotte estaba muy contento porque obtuve el premio literario más importante para la juventud, el Goncourt des Lyceéns. El libro se leyó en todas las clases y lo estudiaban en el colegio. Y aunque me entristece ver que cada vez hay más librerías que cierran, menos jóvenes que leen, no hay que ser pesimista. Un buen libro puede llegar a todo el mundo, incluso si hay menos gente dispuesta a llegar a él. Pero es normal que se lea menos; tenemos Facebook, pasamos mucho tiempo en las redes sociales, hay series geniales… Tenemos todo a nuestra disposición, es solo que la vida cambia. Pero la literatura resiste bien, mucha gente la ama.

La literatura resiste pero ha perdido el valor esencial de la cultura.

Hay que redoblar la motivación, es también el tema del libro. Hay que encontrar las historias, hay que encontrar un buen pizzero que haga una buena pizza; después de todo nada es más placentero que una buena pizza y un buen libro. Porque son la misma cosa. Si tú trabajas tu masa, estás trabajando tu alma. Yo trabajo mi masa todos los días aunque no sepa cómo saldrá mi próxima pizza.

¿De dónde le viene el amor por los libros?

De casa no, yo leía muy poco. Estuve muy enfermo cuando tenía 16 años y después de esa experiencia empecé a amar la vida artística, los museos, la pintura, la música, leer, escribir… Cuando has conocido la muerte tienes necesidad de vivir doblemente, y un libro es un multiplicador de vida. Es por eso también que Charlotte Salomón me interesa tanto, ella decía que para amar hay que haber muerto una vez. Charlotte era un genio, a todos los niveles.

¿Cuál fue el primer libro que le impactó?

Estuvieron Lolita, de Nabokov; Jane Eyre, de Charlotte Brontë; Martin Eden, de Jack London; La promesa del alba, de Romain Gary; Dostoyevski … No hay uno solo. He leído muchos libros de golpe y muchos me han marcado toda la vida.

¿Pero un momento concreto?

Recuerdo la vez en que Kundera me llamó por teléfono: “Hola David, soy Milan, gracias por La delicadeza. Fue increíble. En mi casa tengo dibujos enmarcados de Milan Kundera.

"Supongo que a veces leemos un libro que no es necesariamente el libro que ha escrito el autor. Para mí la lectura es un encuentro entre el lector y el autor."

Por último, dice que la lectura es egoísta, que cada lector busca reconocerse en la obra. ¿No tiene miedo de la lectura que alguien pueda hacer de su obra?

Esto es algo que he remarcado porque no es un libro autobiográfico. Todo el mundo se reconoce porque cuando leemos un libro siempre nos buscamos en él. Es muy extraño porque la gente luego se decepciona. En Estoy mucho mejor (Seix Barral) el protagonista tiene un dolor de espalda muy fuerte y una vez un lector me dijo: “Oh, yo también he tenido dolor de espalda”. Cuando le dije que jamás he tenido dolor de espalda me preguntó que por qué había escrito eso entonces. Supongo que a veces leemos un libro que no es necesariamente el libro que ha escrito el autor. Para mí la lectura es un encuentro entre el lector y el autor, es por eso que cuando alguien me dice que tiene ganas de dejar el libro yo le comprendo y le animo. Si el libro es aburrido es culpa del escritor y no hay por qué sentirse culpable de no terminar un libro.

Fotografías de Sara Baquero Leyva