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David Vicente: “Los personajes de Isbrük se purgan a través del sexo”

David Vicente: “Los personajes de Isbrük se purgan a través del sexo”

Crónica de la presentación de Isbrük, de David Vicente, premio internacional de novela corta Ciudad de Barbastro.

 

Alcalá no es Innsbruck, pienso mientras me dirijo a Alcalá de Henares, cuna del conocimiento allá por el siglo XVI. La Casa Natal de Cervantes, una de las primeras universidades de Europa fundada por Cisneros, las representaciones anuales de Don Juan Tenorio… Alcalá de Henares es cultura sin ser Innsbruck.

El pasado sábado 18 de noviembre me acerqué (la magia de la literatura) a la capital del Tirol en Austria. Lo hice gracias a la especial propuesta de la editorial Pre-Textos en consonancia con la asociación cultural La Posada de Hojalata, que dirige David Vicente.

El plan comprende la presentación de la novela ganadora del Premio Internacional de novela corta Ciudad de Barbastro, Isbrük, de David Vicente, en un acto orquestado por Javier Rodríguez, librero y alma literaria de la ciudad. Este acto viene maridado con una propuesta teatral ya que, aunque las noches del Tenorio quedaron atrás, la asociación La Posada de Hojalata representa en el Corral de Comedias un fragmento de la novela de Vicente.

En Alcalá por la mañana el frío bloquea. Sé que si busco Innsbruck en alguna aplicación meteorológica no me asaltará la sorpresa, su temperatura media anual es de 9 grados. Visito esta bella ciudad ilustrada seducida por el elegíaco texto de David Vicente, compañero de Zenda. Tampoco Isbrük es Innsbruck, me dice el autor unos días antes de la presentación: “Isbrük es un lugar imaginario, deslocalizado en el mapa”.

Antes de llegar al Corral de Comedias de Alcalá donde, desde el siglo XVII, miles de personas han vivido vidas ajenas, a partir de grandes textos clásicos de nuestra literatura hablada —y que ahora encamina su repertorio de la mano de La Abadía—, soy consciente de que me dirijo a la puesta de largo de una metáfora: “A lo largo de la novela, Isbrük se convierte en una metáfora para el lector. Un símbolo, entre otras cosas, de la soledad. Un espacio que es susceptible de ser habitado en algún momento de nuestra vida por cualquiera de nosotros”, puntualiza David Vicente.

 

Casi dos centenares de personas asisten a esta presentación. Una cantante, acompañada por un pianista, nos introduce en un territorio de soledad. Su interpretación de Bjork nos arrulla y nos coloca en el punto de partida. Acto seguido dos personajes vestidos de blanco iluminan un paisaje gélido. Anja y Andreas, una pareja que se enfrenta y se reconoce en un diálogo abrupto, espinoso y lleno de belleza. Hay pureza y sencillez en la puesta en escena y en ella sobresalen las palabras de Vicente. El texto conmueve y aniquila a partes iguales. En escena hay también tomates (así empieza la novela) y un huerto aunque en seguida éste se desvanezca para dar espacio a la locura y la muerte. Hay sexo que estrecha la constante distancia entre la pareja a la que al final le sobreviene la fatalidad ya escrita —la de la novela de Vicente— que es también la nuestra.

Tras la actuación presentan Isbrük el escritor Luisgé Martín, la concejala de cultura María Aranguren y su autor, David Vicente. Comenzamos.

 

María Aranguren destaca la determinación firme de Vicente para dedicarse a la escritura y alaba la labor de La Posada de Hojalata, una asociación donde jóvenes y adultos pueden aprender a amar la literatura y el teatro. Gracias a su existencia —señala— el desarrollo personal de esos niños es mucho más enriquecedor. Serán mejores personas cuando sean adultos. Aranguren comenta que Isbrük resultó seleccionada entre 176 trabajos que se presentaron al premio internacional de novela Ciudad de Barbastro, que se celebra desde 1970.

"Hay algo que define a los buenos escritores y a los malos escritores, y es la ambición. La ambición mal medida lleva a libros ridículos."

Isbrük es una novela que describe —avanza Aranguren— a través de gestos cotidianos, la existencia tortuosa de los personajes, que introducen la idea del eterno retorno. Es una novela muy cinematográfica cargada de tristeza poética.

Luisgé Martín: Hay algo que define a los buenos escritores y a los malos escritores, y es la ambición. La ambición mal medida lleva a libros ridículos. No concibo que alguien quiera ser escritor con mayúsculas y escriba sin ambición. Isbrük, a pesar de su tamaño y a pesar de que aborda el gran argumento de la literatura, es una novela absolutamente ambiciosa y lograda.

Hay una frase en la novela: “Tengo una extraña sensación a mitad de camino entre la felicidad y el desastre”. El autor hurga en esto en la novela, plantea cómo la vida se convierte en una constante pérdida, cómo se pasa de la felicidad al desastre. Y David Vicente apuesta por el desastre.

Isbrük habla de la soledad, aquí y en todos los lados, antes, ahora y mañana. Habla de personajes que tienen, en distintas circunstancias, un muro, una incomunicación. Isbrük, el pueblo, es otro personaje con el que David juega.

"La novela tiene una ambición experimental, no es una novela convencional. Vicente juega con las palabras, le interesa hurgar en cómo renovar el lenguaje y las formas en la literatura."

Isbrük es un territorio mágico, como la Santa María de Onetti. Un territorio en el que todo pesa, lastra. En él…, a pesar de que la luz está en todo el libro, es una luz que mata las pupilas.

La novela tiene una ambición experimental, no es una novela convencional. Vicente juega con las palabras, le interesa hurgar en cómo renovar el lenguaje y las formas en la literatura. Juega con el tiempo, con los puntos de vista, los ángulos de los personajes… ¡Hasta Isbrük habla en primera persona! Es una novela vertiginosa, breve. No hay follaje…, bueno, sí, un poco.

[Luisgé Martín arranca con su presentación de la novela las primeras risas entre los asistentes. Con un diálogo lleno de ritmo y humor, Vicente y él atrapan la atención del público]

– Luisgé Martín: Es una pequeña obra maestra que merece ser proclamada. Cuéntame el por qué del título.

– David Vicente: Dice mi agente que tengo la manía de poner malos títulos (risas). Isbrük es una metáfora de todas nuestras soledades. Además, Isbrük es más literario que Villarrobledo de Abajo.

– Luisgé: ¿De dónde sale este pesimismo?

– David: No era consciente de ese pesimismo literario. Me di cuenta al ver una entrevista que le hacían en un festival a Haneke sobre su película Amour ( su cine también tiende al pesimismo, aunque él manifestó que lleva 40 años felizmente casado). La verdad es que no tengo ninguna obra alegre, soy un “pesimista optimista”.

– Luisgé: Me parece muy oportuna la comparación con Haneke, por su ambiente opresivo. Hay un pesimismo en el que se encuentra redención (así es el de las obras de Haneke), pero tú, David, no dejas espacio para la salvación.

– David: Es la muerte de los personajes la que los acaba uniendo. En la muerte está la esperanza de los personajes.

"Soy mal lector de poesía. Con la novela soy más crítico. Como no soy poeta, la poesía la disfruto, la leo por instinto, no le busco las tripas."

– María Aranguren : Ésa es la tristeza poética que le da belleza al texto.

– Luisgé: Hablemos de Mario Benedetti…

– David: Soy mal lector de poesía. Con la novela soy más crítico. Como no soy poeta, la poesía la disfruto, la leo por instinto, no le busco las tripas. Benedetti es mi poeta favorito, su poema “Soledades” define la novela: “Ellos tienen razón/esa felicidad/al menos con mayúscula/no existe/ah, pero si existiera con minúscula/sería semejante a nuestra breve/presoledad…”: personajes que están solos pero que desean esos diez centímetros que los separan para tocarse. Son personas que no saben salir del círculo de soledad en que se han metido. Hay un miedo, en la pareja, a confesar que se es infeliz, pues parece que la responsabilidad de nuestra felicidad la tiene el otro. A estos personajes les falta sentarse a hablar.

– Luisgé: Andreas y Anja se comparan consigo mismos en la época en que fueron felices. Somos cada vez más infelices aunque objetivamente seamos felices, porque tenemos un pasado en el que creemos que lo fuimos.

– David: Todo el mundo pierde cuando se compara con sus sueños. Y cuando consigues alcanzar tus sueños también pierdes, porque solo sueñas la parte bonita del sueño. Me gusta mucho una frase de Ray Loriga: “Uno tiene que estar a la altura de sus sueños o saberse desprender a tiempo de ellos”. Los personajes no se desprenden a tiempo de su sueño de felicidad y estabilidad. El problema es querer estar a la altura de nuestros sueños.

– Luisgé: ¿Estamos condenados o se puede escapar?

– David: Estamos condenados a la derrota. La derrota vital es nuestro destino. A pesar de toda nuestra felicidad, la propia muerte nos derrotará. Nadie puede pasar por la vida sin que la vida le atropelle. Lo que nos queda son las victorias del día a día, las únicas posibles, las victorias pírricas.

– Luisgé: Me ha interesado mucho cómo usas la sexualidad como forma de expresión. Es la forma de expresión más íntima y sincera. Los personajes tienen una sexualidad brutal, que golpea y a la vez una sexualidad llena de ternura y silencios. Lo que no pueden zanjar las palabras lo zanjan los cuerpos.

– David: Uso mucho la sexualidad. En esta novela la he tamizado mucho. En el mejor de los casos asemejamos el sexo al amor, pero en Isbrük le di la vuelta para que el sexo fuera lo que mostrase sus frustraciones. Es el peaje que pagan sus frustraciones. Los personajes se purgan a través del sexo.

– Luisgé: ¿Habías escrito antes novelas cortas?

– David: Solo escribo novelas cortas (risas). Me siento muy cómodo y creo que tenemos tendencia a “engordar” las novelas, parece que hay novelas que se venden al peso. No es crítica, pues también creo que hay novelas (como 2666 de Bolaño) que merecen las páginas que tienen. La novela breve en España tiene mala colocación. Pienso mucho en algo que decía Chejov: “El arte de escribir es decir mucho con pocas palabras”.

"Soy un escritor brújula. Sí que lo tuve claro según me acercaba al final: tenía que acabar como comienza."

– Luisgé: Me gustaría resaltar cómo el amor que sienten los personajes no garantiza (más bien lo contrario) que la relación sea buena, ni que ese amor genere felicidad. ¿El amor siempre es útil?

– David: No. Es una parte de la vida. A veces nos enamoramos de quien nos hace sufrir.

– Luisgé: En la novela Luisa se echa un novio que inspira ternura y nos inspira dolor y ya apuntas a que el desengaño está en el germen de la relación.

– David: Hay una frase de Unamuno que dice: “Vivir es volver”. Creo en ello. Por eso hay ese algo cíclico. Está bien volver a caer en los mismos errores y las mismas felicidades. El mundo es “ ver volver”, eso es así.

– Luisgé: La novela acaba como empieza, ese “ver volver” está patente. ¿Tuviste el final claro desde el principio?

– David: No, nunca lo tengo claro en las novelas. Soy un escritor brújula. Sí que lo tuve claro según me acercaba al final: tenía que acabar como comienza.

 

Luisgé concluye el acto y da el turno a las preguntas de los asistentes que planean sobre el optimismo de los textos de Vicente; cómo el pasado, de dónde venimos, marca nuestro presente; cómo a Isbrük llega gente que parte de una estación cercana a la soledad…

“Quería que la novela fuera minimalista” – responde David a la pregunta sobre su economía en el lenguaje – “trato de reducir el lenguaje al mínimo”.

Como en la novela, el acto comienza y termina del mismo modo. Los primeros acordes de Imagine nos embargan con la promesa de un mundo sin violencia (ni contra las mujeres ni contra los animales), de un territorio dominado por el respeto y la tolerancia. La música envuelve el recinto y nos transporta al territorio de las emociones, un territorio cuya visita también propone el autor madrileño con su novela, un escritor que lleva años conformando sueños, pequeñas victorias pírricas (como él las llama) en la literatura en castellano.

David Vicente revela que se sintió en shock cuando le comunicaron el fallo del premio, apenas oía lo que le decían. Ahora está centrado en la promoción de Isbrük al tiempo que persigue cada día otra de sus pequeñas victorias, La Posada de Hojalata, que dirige en Alcalá de Henares. Muchos de sus alumnos del curso de escritura manifiestan poco antes de la presentación de Isbrük que han crecido exponencialmente gracias al trabajo de David. El autor, ajeno a este tipo de alabanzas, defiende el trabajo diario de escritura, pues para él, “escribir es una necesidad”.

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Autor: David Vicente. TítuloIsbrükEditorial: Pre-Textos. VentaAmazonFnac y Casa del libro

 

Fotos: Gabriel Vicente