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De imprecisiones y ostracismos en la vigencia de Chaves Nogales

De imprecisiones y ostracismos en la vigencia de Chaves Nogales

Mi enhorabuena en primer lugar a Carlos Alsina (Onda Cero, programa dedicado a Chaves Nogales, 1 de enero de 2018) por la dramatización que supo preparar de los tres episodios de A sangre y fuego y que muchos esperábamos con ilusión. Y no nos defraudó. Me emocionó sobremanera la actualidad que transmite la palabra y la atención que conlleva la ausencia de imagen. Magníficas. Me sentí afectada en particular por el relato tercero, “El refugio”, ya que, aunque los nueve episodios que componen el libro los edité por vez primera en 1993, ha sido en 2013 cuando añadí este último para las ediciones de Renacimiento y Libros del Asteroide. Llevaba muchos años guardado y consideré que por su dramatismo y oportunidad debía aparecer en el momento adecuado. Y salió publicado conjuntamente con otro relato, inédito hasta entonces, titulado “Hospital de sangre”. Antes que en España se había publicado en Evening Standard (Londres) y en Weekly News (Nueva Zelanda), en inglés, y en castellano en dos revistas latinoamericanas, Bohemia, de Cuba y Sucesos para todos, de México, entre 1937 y 1938.

"Soy recopiladora y editora literaria de toda la obra hasta hoy conocida de Chaves y no sólo de la Obra Narrativa Completa que tan bien se cotiza."

Las personas que han manifestado sus opiniones sobre Chaves Nogales estos días (Carlos Alsina y en especial Santos Sanz Villanueva, por citar sólo los últimos que  han comentado en Zenda) han debido de manejar alguno de mis trabajos o visitado la web manuelchavesnogales.info. Pero sólo hay tenues referencias, cuando las hay, a una Obra Narrativa completa del año 1993, ya olvidada o perdida, dicen, limitando a ella todo el trabajo de investigación sobre el periodista. ¿Lecturas demasiado rápidas? Me voy a permitir recordar aquí algunos pasos de mi trabajo para aclarar inexactitudes, lo que me obligará a emplear un nivel de personalismo que lamento y por el que pido disculpas.

Quiero en primer lugar añadir algo a las manifestaciones del profesor Sanz Villanueva en su artículo publicado en Zenda titulado “Vigencia de Chaves Nogales” (dos de enero de 2018). Como el profesor Sanz Villanueva ha sido para mí siempre un referente intelectual de primer orden (acudí a sus valiosos ensayos en mis primeras aproximaciones a Chaves Nogales), no voy a contradecirle, pero sí me atrevo a sugerirle que ahonde un poco más en sus apreciaciones relativas a mi trabajo. En este sentido le sugiero en primer lugar la biografía del periodista, Chaves Nogales. El oficio de contar, Premio Domínguez Ortiz de biografías de la Fundación Lara en 2011, libro que, dicho sea de paso, firmo con asiduidad en los numerosos clubes de lectura que frecuento o al final de conferencias, encuentros, mesas redondas y demás; obra ésta que sin embargo los “grandes conocedores” del tema de Chaves Nogales parecen no conocer o reconocer. Y, por otro lado, y esto es lo verdaderamente importante para mí, también soy recopiladora y editora literaria de toda la obra hasta hoy conocida de Chaves y no sólo de la Obra Narrativa Completa que tan bien se cotiza, en opinión de Sanz Villanueva, en las librerías de viejo, y que ha convertido al periodista, en opinión de algún otro crítico, en conocido y, sobre todo, rentable. Esa Obra Narrativa Completa tuvo otra edición en 2009, y la Obra Periodística otras dos, en 2001 y 2013, hasta completar cinco tomos bastante voluminosos de Obra Completa, en ediciones a mi cargo de la Diputación de Sevilla. Todas esas ediciones y reediciones se agotaron de inmediato. Y de ellas, de los textos en ellas recogidos, ha salido toda la obra del periodista hasta hoy conocida y editada en los distintos sellos.

"Abelardo Linares, editor de Renacimiento, sigue empeñado en desterrarme a Manchuria (como hacía Stalin con los disidentes) borrándome de las seis obras de Chaves Nogales que la Diputación de Sevilla le encargó y le subvencionó."
 Los textos, ya digitalizados para la edición a partir de originales de difícil localización, tras un arduo trabajo filológico y sin más contraprestación que el puro deseo de que el periodista llegara a ser conocido, se fueron enviando desde la Diputación a Libros del Asteroide, Espasa Calpe, Almuzara y Renacimiento para su publicación en libros individuales a medida que fueron requeridos. Por tanto, fueron “rescatados” por estas editoriales, pero a partir de los editados por la Diputación, nunca descubiertos por ellas. Como me fue tan laborioso fijar esos textos, algunos conservados en pésimas condiciones, a veces ilegibles, no me cuesta nada distinguir enseguida que, en efecto, todos los publicados por los citados sellos, incluso las ediciones de La Table Ronde y otras en otras lenguas, han salido de nuestro trabajo. Del mío y del que realizó el equipo que me acompañó en la Diputación de Sevilla: Alberto Marina, Pablo J. Vayón, Mar García Gordillo, Pedro Pardo Jiménez, Elena Cuasante, Olalla Colás, Pilar González Fandos y otras personas. Quien hace trabajo filológico y quien estuvo cerca lo sabe bien. Y también, aunque parezcan ignorarlo, lo saben las personas que por razones que se me escapan no contribuyen a aclarar el malentendido.

Y hay otra cuestión que ya he explicado con anterioridad, pero quizá sea preciso seguir insistiendo en ella, en tanto Abelardo Linares, editor de Renacimiento, siga empeñado en “desterrarme a Manchuria” (como hacía Stalin con los disidentes) borrándome de las seis obras de Chaves Nogales que la Diputación de Sevilla le encargó y le subvencionó para que realizara en ediciones ilustradas de las que yo misma me encargaría (sin subvención en mi caso). Linares fue la persona que se arriesgó a sacar las obras de Chaves con ilustraciones, como en mi opinión debían ser publicadas, por lo que mi agradecimiento a él fue ciego, es decir, sin contratos ni contraprestaciones, confiada sólo en la bondad del producto. Y estas obras también las comenta el profesor Sanz Villanueva en el artículo arriba citado. Por ello me desvío hacia esa otra cara del asunto, la que tiene que ver con Renacimiento. Fue importante el éxito editorial y comercial de las seis obras de Chaves que este sello editó, en ediciones a mi cuidado, a partir de 2009, a saber: Juan Belmonte, matador de toros (2009), Lo que ha quedado del imperio de los zares (2011), Crónicas de la Guerra Civil (2011), La defensa de Madrid (2011), A sangre y fuego (2013) y Cuentos, obra ésta última que toma el nombre de La bolchevique enamorada (novelita ya editada por mí junto con las Narraciones maravillosas en 1993), y que trabajé durante el año 2012, pero que fue eliminada, “abortada”, antes incluso de salir la edición. Para esa edición aporté textos, aún inéditos, que verán la luz en su momento.

"Para confirmar la autoría de un texto, como el profesor muy bien sabe, sólo hay dos caminos: o la firma del autor o la demostración exhaustiva de dicha autoría, pero nunca los pálpitos."

A pesar del éxito de las publicaciones arriba señaladas, Linares ha decidido ir eliminándome en las sucesivas ediciones, aunque en las nuevas siga conservando, con mínimos cambios, todos los elementos propios de las por mí preparadas, y que iban precedidas en todos los casos de notas explicativas que servían para contextualizar y aclarar aspectos fundamentales. Incomprensible, pero cierta, la actuación de este editor, cuya labor editorial valoro en otros casos.

Respecto a La defensa de Madrid y este asunto ya he hablado en la web (“A mi trabajo acudo” y “A mi trabajo acudo, una vez más”), por lo que no insisto en ello. Tan sólo, para información del doctor Sanz Villanueva, manifiesto mi opinión sobre un punto concreto que él parece defender: los textos añadidos por Linares como de Chaves no lo son, porque no llevan su firma. Para confirmar la autoría de un texto, como el profesor muy bien sabe, sólo hay dos caminos: o la firma del autor o la demostración exhaustiva de dicha autoría, pero nunca los pálpitos. Y acerca del comportamiento del editor, que siempre ha hablado a través de personas interpuestas, sólo quiero apuntar que no contestó cuando le solicitó aclaración sobre el tema Remedios Fariñas Tornero, que ha hecho sobre La defensa de Madrid su tesis doctoral, la primera sobre el periodista en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, defendida en octubre de 2017.

"La recuperación de Chaves Nogales no ha sido un caso insólito, sorprendente o preternatural, porque, por el contrario, es producto de la constancia."

Chaves Nogales ha alcanzado ya un nivel de reconocimiento importante. Mi contribución a este hecho me satisface en tanto me permite apreciar la consecución del objetivo: sacar del anonimato al maestro de periodistas. Sin querer atribuirme ningún mérito que no me corresponda, tengo que confirmar que Chaves Nogales no ha llegado milagrosamente hasta aquí. La recuperación de Chaves Nogales no ha sido un caso insólito, sorprendente o preternatural, porque, por el contrario, es producto de la constancia. Los investigadores y estudiosos que creen y confían en el trabajo minucioso y documentado pueden estar tranquilos, porque ha sido así, minucioso y documentado. Y también solitario, para información de aquellos periodistas que en sus artículos sobre Chaves me hacen formar pareja con Trapiello. No tenemos nada que ver. Cada uno en su campo, cada uno a sus publicaciones sobre este asunto. Y las opiniones del articulista sobre mi trabajo  (“Réplica breve…”, Zenda, 12 de noviembre de 2017) hablan por sí mismas.

Y como en la obra de Chaves Nogales podemos encontrar referencias para casi todo, nos fijamos para terminar en la que alude a uno de los temas arriba tratados, el intento de ostracismo, salvando todas las lógicas distancias. Pertenece a La vuelta a Europa en avión, y en él cuenta el periodista cómo ha ido a la URSS con, entre otros objetivos, el de entrevistar a Trotski, que le interesaba especialmente. Pero Trotski ya estaba desterrado en Alma Ata, en la frontera China. Continúa Chaves contando cómo él buscaba al menos una reproducción de la imagen del político en los bien surtidos quioscos propagandísticos de Rusia. Al no encontrarla, preguntó por ella a un  vendedor. Y éste le contestó: “Trotski es el único “leader” revolucionario que no se vende”.