La ganadora del Premio Juan Rulfo 2016 regresa a las librerías con una novela en la que narra el viaje iniciático de una mujer que huye de la isla en la que nació para acabar recalando, después de no pocas peripecias, en otra isla llamada La Eternidad.
En este making of Gabriela Guerra Rey explica cómo escribió Las puertas del tiempo (Almuzara).
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Tal vez para contar cómo nació la idea de Las puertas del tiempo tenga que acudir a una defensa primigenia que me ha salvado la vida a mí y que se la salvará más tarde a Remedios, la SinRemedios, esta niña que tiene que inventarse el “mundo” para salvarse del “mundo”. Hablo de la lectura.
En la novela Remedios va hacia los viejos gulags rusos y habla con Dostoievski: este le revela sus verdades; lo mismo que Emerson o Chantal Maillard. Conoce a Joaquín Buitrago, un personaje de Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza; a Pascual Armero, un poeta de La eternidad por fin comienza un lunes, de Eliseo Alberto Diego, y a Remedios la Bella de Cien años de soledad.
Remedios es una niña que vive en un hogar y una isla anodinos —he conocido de esos—, presa de sus circunstancias y de la otredad, que para poder identificarse consigo misma inventa el sexo —onanista—, inventa la biblioteca y a través de ella descubre autores y personajes que serán su única compañía real o imaginaria, y también el barco en el que ha de huir atravesando así muchas puertas de tiempo, aunque comprenderá el lector luego, que este acto ocurre en sentido figurado, es un acto más poético que real. Ni más ni menos que lo que ocurre todos los días en la cabeza de Gabriela.
Esta será la razón por la cual, en un juego estructural, el narrador omnisciente, que ha de narrar aquello que Remedios no puede por sí sola, terminará rompiendo las reglas y se atreverá a cuestionar a la escritora en las páginas de la obra.
“Gabriela deja que Remedios ande, que se aleje de todo lo que conoce, que se canse, que le dé hambre y sueño. Y la levanta en el camino, para proseguir, un día y otro, hasta que una tarde Remedios se da cuenta de que ha pasado el escándalo en sus oídos. Y pocos días después no escucha tampoco el tronido de la espalda con los movimientos de los brazos o la columna, y no le duelen el omóplato ni la garganta, aunque aún sangra por los ojos y entre las piernas. Remedios se asusta cuando el dolor se calma”.
En mis estudios de doctorado me he dedicado a leer la literatura del dolor, buscando reconocer la historia de nuestro tiempo a través de otro hilo narrativo que se salga de las retóricas oficiales del poder. La conclusión más certera que tengo después de años es que la mayor parte de la literatura, y del arte en general, nace de algún desgarramiento.
Empecé a escribir Las puertas de tiempo en un avión, en febrero de 2024. Venía del viaje de amor más fantástico de mi vida. En los siguientes meses tendría que cerrar una aventura de 17 años de vida en México, deshacerme de todo provisionalmente o para siempre, cruzar el mar, y comenzar otra etapa en España, una nueva vida. En diciembre de 2024, en un tren rumbo a Barcelona, donde ahora vivo y soy feliz, escribí el final de la obra. Me había pasado todo entre el inicio y el cierre.
También había logrado tomar mis propios desgarramientos y los ajenos, exorcizarlos a través de la literatura, y amparar a Remedios de lo que parecía insuperable. Así, el lector descubrirá que esta es una novela del dolor, muy erótica, por cierto, pero que avanza hacia el descubrimiento mayor, el amor, la libertad. Una novela de la oscuridad, que desentraña los vericuetos de la luz que todos llevamos dentro.
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Autora: Gabriela Guerra Ray. Título: Las puertas del tiempo. Editorial: El Desvelo. Venta: Todos tus libros.


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