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Desvelar el horror

Un hombre entra, junto a su mujer y sus cuatro hijos, en un pequeño restaurante de costa, en Montauk, entrañable enclave de Long Island. Allí vive su suegro, un escritor afamado que se encarga gustoso de subrayar el fracaso de su yerno, Noah, cuya carrera literaria no despega. Los atiende una camarera joven, Alison, una mujer devastada por la pérdida de su hijo de cuatro años y en pleno intento de recomposición de su matrimonio, que no resistió el embate. En el modesto restaurante del pueblecito playero sucede el milagro y la catástrofe: sucede el amor. Noah acabará dejándolo todo por Alison y una cascada de acontecimientos se precipitará en la vida de ambos y de quienes los rodean. Porque a menudo el amor es un volcán que salpica de lava incandescente a mucha distancia en derredor; el magma hirviente aviva a unos, pero, como en Pompeya, convierte a otros en cadáveres fosilizados. Alison y Noah son el Vesubio cuya erupción arrasa sus propias existencias y las de los suyos. Es el poder del amor: fértil y edificante; anárquico y destructivo.

Esta es la idea de The Affair, la serie de Showtime que se estrenó en 2014 y se prolongó durante cinco temporadas. Pocas creaciones artísticas muestran con semejante destreza la panoplia de sentimientos que se generan en torno al amor. La mitología griega atribuye al Caos el papel de artífice del cosmos: él es el principio germinador. Y el amor es el caos del universo emocional; en torno a él nacen la euforia y la rabia y los celos y la pena. Se podría vivir en abstinencia carnal y sentimental y sería una vida plácida y organizada. Los personajes de The Affair hacen la apuesta contraria: amor y caos.

Serie The Affair

The Affair es idea de Hagai Levi, creador televisivo israelí que ya diera testimonio de su interés por los recovecos del alma humana con En terapia, una serie sobre la labor profesional —y vicisitudes personales— de un psicólogo. La serie vio la luz en Israel y fue brillantemente adaptada por él mismo para la HBO. La encargada de ejecutar la idea de The Affair es Sarah Treem, que forma parte ya del Olimpo de los guionistas de TV.

"Pero todos somos Miguel Bosé. Por mejor decir: todos somos Miguel y todos somos Bosé. La sabiduría consiste en la oportunidad y la dosis de cada uno"

La vida nos presenta constantemente la incómoda dicotomía: aburrimiento o penuria. Lo decía Schopenhauer: la vida es una «oscilación más o menos virulenta» entre el tedio y el dolor. En la medida en que somos lo suficientemente afortunados para escapar de uno, nos acercamos al otro. Se trata de una vertiente del añejo debate filosófico sobre cuál de los elementos, el racional o el pasional, debe preponderar en nuestras vidas. The Affair es la serie de quienes sortean el tedio para abrazar el dolor, de quienes afrontan las consecuencias de anteponer la pasión a la razón: las deleitosas y las funestas.

Una reciente entrevista televisiva a Miguel Bosé venía dividida en dos entregas. En la primera, llamada «Miguel», aparecía la persona sensata y apacible. En la segunda, «Bosé», el personaje iracundo y obcecado. Miguel es manso y sensible. Me conmueve ver cómo, cincuenta años después del episodio, recuerda con dolor aún fresco el día que, siendo niño, su padre lo llevó de caza y le hizo disparar a una cierva en cuyo vientre, cuando la destriparon, apareció «un bambi». Le quedaban días para nacer, recuerda Miguel con ojos arrasados de lágrimas. Tras Miguel se agazapa Bosé, el personaje tenebroso y desaforado. Pero todos somos Miguel Bosé. Por mejor decir: todos somos Miguel y todos somos Bosé. La sabiduría consiste en la oportunidad y la dosis de cada uno.

Película Apocalypse Now, adaptación libre de El corazón de las tinieblas

"Kurtz es un personaje hecho de retazos inconmensurables y de difícil maridaje. Como Miguel Bosé. Como todos nosotros"

Siempre me ha parecido que también es este, el de la irreconciliable dualidad humana, el tema de fondo de El corazón de las tinieblas, de Conrad. Kurtz, el protagonista elusivo, se muestra como un personaje ambiguo, con sus adoradores e, incluso, una mujer que lo ama. Con sus discursos tan sensatos. Sin embargo, es capaz de ruindades sin cuento. Su viaje a las profundidades del río Congo ha sido su viaje a las entrañas del alma humana, donde de todo ha visto: «el horror, el horror» son sus palabras postreras. Resulta admirable la franqueza con que Conrad encara el asunto: Marlow, el narrador, nunca juzga, nunca simplifica. Solo expone, por mostrencos e intrincados que resulten los hechos.

Kurtz es un personaje hecho de retazos inconmensurables y de difícil maridaje. Como Miguel Bosé. Como los personajes de The Affair. Como todos nosotros. No es de extrañar que la serie acabe con «The Whole of the Moon» —toda la luna—, la muy ochentera canción de The Waterboys. Con la luna pasa como con el ser humano: atisbar el todo es tarea imposible. Pero para eso se inventó la literatura. Para desvelarlo todo. También el horror, el horror.

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