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Distancia de fuga, de Cristina Araújo Gámir

Distancia de fuga, de Cristina Araújo Gámir

Es esta una historia de amor poderosa y exquisita, en la que el deseo se cruza con la fama, la ambición y la fragilidad. Un estudiante de filosofía se enamora de una joven actriz que vive rodeada de glamour. Dos mundos muy distintos para un solo amor.

En Zenda reproducimos las primeras páginas de Distancia de fuga (Tusquets), de Cristina Araújo Gámir.

***

Frances y Theo

Frankfurt, octubre de 2015

Desde fuera la fiesta promete. Se celebra en una de esas naves industriales de ladrillo visto, que alguna vez fueron almacenes textiles o de papel, y que un arquitecto con ínfulas terminó por reconvertir, tras décadas de abandono, en un centro cultural underground. Y como cabría esperar, los asistentes son, en su mayor parte, estudiantes de letras, investigadores, alumnos de doctora do, e incluso algún profesor joven y enrollado, experto en litera tura de minorías. Frances se deja guiar escaleras arriba, se fija sobre todo en las chicas. En su maquillaje potente y visual, incluso cuando otras paletas de sombras irían mejor con sus rasgos. La ropa holgada y de mercadillo como un manifiesto de su identidad. Por suerte, a ella nadie la mira. No la reconocen. O no toda vía. Lleva media cabeza cubierta con una bufanda de lana, gafas de sol, la gorra de piragüismo de Robin. El corazón le late deprisa, y le alivia comprobar que la sala está casi a oscuras. Con los previsibles neones fosforescentes. Grafitis furiosos. Velitas a pi las compradas en pack. Y luego la ambientación normativa: el billar de rigor, trastos pintados a parches, un póster vintage de película indie. Olor a yeso mojado. A marihuana.

Resulta curioso. Las únicas fiestas que ha visto así eran, en realidad, decorados. Lo que no significa que esta le parezca de lo más cutre. Y de hecho, gracias a Dios que existe el plan. Necesitaba evadirse antes del tercer acto. Demasiadas emociones. Demasiados dilemas y ensayos mentales. Y para colmo: Theo.

La cara de pasmo con que se ha quedado nada más verla en el piso, abriendo mucho los ojos, sonriendo después. Y el amago instintivo de aproximarse hacia ella, pero al estilo de Theo, o sea, sin decisión. De modo que ambos petrificados, y reconstruyen do abrumados la intuición de su último encuentro. Menos mal que Frances ha tomado la iniciativa. No quería abrazarle con tanto ímpetu. Pero no lo ha podido evitar.

Luego nada. Theo impactado: qué haces aquí, siéntate, espera, y apartando libros, papeles, intercalando pausas para mirarla y reírse. Frances se apoyó en el armario, se desprendió del abrigo, empezó a decir: pues verás, y entonces el portazo en la entra da, la voz de Robin desde la otra punta del piso: amor mío, vístete, que traigo invitados. Frances dejó escapar una risa. Theo meneó la cabeza: tu hermano.

Que por supuesto hizo su típica aparición mayestática. El abrigo flameando a su alrededor, un cigarro colgando del labio, ese caos de mechones desalineados que claramente indicaba un puntilloso trabajo con fijador. Al final de su brazo, se balancea ba un pack de cervezas. Y esa fue la única anomalía cinética que rompió el estatismo cuando sus miradas se cruzaron en el cuarto de estar. Venía con dos chicos más. Uno pecoso y bajito, el otro de facciones escandinavas. Con la mano libre, Robin se apartó muy despacio el cigarrillo del labio. Y Frances solo pudo decir:

—Sí, soy yo. Quita ya esa cara de idiota.

[…]

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Autora: Cristina Araújo Gámir. Título: Distancia de fuga. Editorial: Tusquets. Venta: Todos tus libros.

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