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Dos hermanos: la brava Mencía de los Nidos y Gonzalo, el defensor de indias ajusticiado en el Perú

Dos hermanos: la brava Mencía de los Nidos y Gonzalo, el defensor de indias ajusticiado en el Perú

“Si esta matrona fuera en tiempos que Roma mandaba en el mundo y le acaeciera caso semejante, le hicieran un templo donde fuera venerada para siempre”.

Fue don Alonso de Góngora Marmolejo (1524-1575), conquistador y cronista fundamental para seguir los acontecimientos ocurridos en Chile en la segunda mitad del siglo XVI, quien se refirió con estas líneas laudatorias a doña Mencía de los Nidos en su Historia de Chile (1575). No sería el único que recordara con entusiasmo a esta mujer.

¿Quién fue doña Mencía? ¿Por qué fue digna de ser recordada en varias crónicas de su tiempo? ¿Cómo llegó esta mujer a la fiera e inestable Araucanía del sur de Chile en torno a 1550?

Para dar con las respuestas debemos fijarnos en su hermano Gonzalo, hidalgo cacereño que cruzó el océano y llegó a Nicaragua en 1528. Bajo el mando de su paisano Francisco Godoy, formó parte de la expedición que partió desde allí para reforzar las huestes de Francisco Pizarro en la conquista del inmenso Perú. Llegaron poco después de la célebre celada de Cajamarca en noviembre de 1532, y Gonzalo de los Nidos fue uno de los guardianes del cautivo Atahualpa. Luego, junto a Hernando de Soto, partió hacia Cuzco, donde se estableció un tiempo y fue herido en combate por los incas.

"Un ejemplo muy significativo tumba la leyenda negra acerca del abuso generalizado de los españoles sobre las mujeres en América"

Cuando en 1541 supo del asesinato de Francisco Pizarro por Diego de Almagro “el mozo” y sus partidarios, Gonzalo no lo dudó y permaneció fiel al gobernador enviado por la Corona, Vaca de Castro. Así, estuvo presente en la batalla de Chupas (1542) en la que murió su hermano y donde las tropas reales derrotaron al rebelde Almagro.

Poco después de aquellos hechos, el Archivo de Indias ofrece un dato clave y muy interesante que arroja luz a los interrogantes planteados sobre doña Mencía. En el año 1544, Gonzalo de los Nidos se encontraba en España, adonde había retornado por una causa de fuerza mayor:

“…en un altercado por defender a unas indias mató a uno de los maltratadores por lo que vino a España para pedir perdón a los parientes del muerto y a S.M., concediéndosele, pero quedando sus bienes incautados; ahora quiere volver a esa tierra llevando consigo dos herederas doncellas para casarlas y que se levante el embargo de sus bienes.”

Así fue. Gonzalo, junto a su amigo Hernando de Castro, había dado muerte a un tal García de Medina por los motivos reseñados, regresando a España para pedir perdón a los familiares del finado y al emperador, un ejemplo muy significativo que tumba la leyenda negra acerca del abuso generalizado de los españoles sobre las mujeres en América. Muchos no obraban así y el bueno de Gonzalo fue uno de ellos, blandiendo su espada para proteger a unas indias. El perdón le fue concedido por sus méritos y lo razonado de su actuación, y las “dos herederas doncellas” se embarcaron con él de vuelta hacia el Perú. Eran sus hermanas Mencía y Juana.

Así llegó doña Mencía de los Nidos al Perú, junto al menos dos de sus hermanos: el conquistador Gonzalo y Juana. Debió de ser ya en 1545, pues el 5 de diciembre de 1544 se le concedía licencia para llevar dos esclavos negros para su servicio y casa. Pocos años después, en torno a 1550, se estableció en Chile, donde le llegaría la fama descrita por los cronistas y viviría el resto de sus días. Pero, ¿por qué llegó a Chile?

"Tras el triunfo en la batalla de Jaquijahuana (1548), Gonzalo Pizarro fue ajusticiado junto a sus principales capitanes"

En aquel inestable Perú, la entrada en vigor de las Leyes Nuevas (1542) que frenaban el poder de los encomenderos y primeros conquistadores de aquellas latitudes, causó un grave descontento entre los hombres que habían arriesgado su pellejo y ganado esas tierras para mayor gloria suya y del emperador. Se suprimía la heredad de sus posesiones, se protegía más al indio y, en definitiva, se ponía coto al creciente poder de aquellos grandes terratenientes. Todo ello provocó la rebelión de Gonzalo Pizarro, hermanastro de Francisco, hacia el que se dirigieron todas las miradas y apoyos de muchos de sus compañeros de conquista para oponerse a dichas medidas que trató de imponer, sin mucho tacto, el virrey Blasco Núñez Vela. Gonzalo de los Nidos se sumó al carro de los agraviados, batallando junto a ellos.

El alzamiento fue finalmente sofocado por el licenciado La Gasca, comisionado especialmente por el emperador para poner orden en el Perú tras el asesinato del virrey. Tras el triunfo en la batalla de Jaquijahuana (1548), Gonzalo Pizarro fue ajusticiado junto a sus principales capitanes, entre ellos su tocayo De los Nidos, quien tuvo un trágico y lamentable final —“le sacaron la lengua por el colodrillo”—, según dejó escrito Gómara. Además, las casas de los principales insurrectos fueron demolidas y sus bienes incautados, así que a su hermana Mencía no le quedó otra que emigrar hacia Chile, aquel lugar inestable y peligroso que trataba de dominar el impetuoso Pedro de Valdivia.

"Doña Mencía tuvo finalmente que abandonar Concepción, refundada años después por los españoles"

Es allí donde se forjará el paso de esta mujer a la historia. Tras la cruel muerte del gobernador Pedro de Valdivia en las navidades de 1553, aquella frágil presencia española en Chile se vio fuertemente amenazada. De hecho, los envalentonados araucanos arrasaron con varias de las pequeñas ciudades y asentamientos fundados por el extremeño, avanzando imparables y sembrando el pavor entre los españoles ante la fiereza mostrada por aquellos guerreros.

El gobernador interino Francisco de Villagrá ordenó evacuar varias ciudades y fuertes ante las insuficientes fuerzas disponibles, conminándoles a refugiarse en Santiago. Tal fue el caso de la ciudad de Concepción, donde se había asentado doña Mencía. ¿Qué pasó entonces? Los relatos coinciden: la brava extremeña tomó una espada para arengar a los hombres y exigirles que defendieran la ciudad, sus casas, bienes y familias ante el inminente ataque, tachándoles de cobardes e indignos al cundir el pánico y huir.

Además de Góngora Marmolejo, otro cronista y soldado que combatió en las guerras de Arauco, don Alonso de Ercilla, se hizo eco en la primera parte de La Araucana de la valentía mostrada por doña Mencía de los Nidos.

“Doña Mencía de los Nidos, una dama

noble, discreta, valerosa, osada,

es aquella que alcanza tanta fama

en tiempo que a los hombres es negada;

estando enferma y flaca en una cama,

siente el gran alboroto y esforzada

asiendo de una espada y un escudo,

salió tras los vecinos como pudo.”

 

“«¡Volved, no vais así desa manera,

ni del temor os deis tan por amigos,

que yo me ofrezco aquí, que la primera

me arrojaré en los hierros enemigos!

¡Haré yo esta palabra verdadera

y vosotros seréis dello testigos!»

«¡Volved, volved!» gritaba, pero en vano,

que a nadie pareció el consejo sano.”

Doña Mencía tuvo finalmente que abandonar Concepción, refundada años después por los españoles. Afincada en Santiago, tuvo una larga vida, se casó dos veces, enviudó ambas y murió en 1603 sin descendencia en aquel lejano y nunca del todo conquistado rincón del imperio español.

Dos hermanos: la brava Mencía en el fiero Chile y el conquistador Gonzalo, defensor de indias y rebelde ajusticiado en el Perú.

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