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El ajedrez vikingo

Como buen friki confeso que soy, estaba releyendo Thud! (en castellano traducido como ¡Zas!) el libro número 34 de la saga MundoDisco, de sir Terry Pratchett. Empecé a investigar un poco para hacer un artículo (como en su día hice con el ajedrez del Dragón de Gigax) y me encuentro con que el cabroncete de Pratchett tampoco había inventado gran cosa, sino que se había basado en un juego desconocido (hasta ahora) para mí, el Hnefatafl, “el Juego Rey”

Cuenta la tradición que el jueguecillo de marras fue inventado por los escandinavos para entretenerse en las largas travesías marítimas cuando se iban a hacer el “viking” a sus vecinos, más débiles y más ricos, de Inglaterra y Francia. Como soy un aguafiestas, permítanme que les apunte que, muy posiblemente, se trate de una adaptación de un juego romano, el “Ludus latrunculorum” (nota mental: un día me tengo que poner en serio a hablar de los juegos de mesa romanos. Pero hoy… no será ese día). Bueno, sea como fuere, noruegos, daneses y suecos, entre saqueo y masacre, eran muy aficionados a ese juego. Se han encontrado tableros y piezas del juego en túmulos funerarios de jefes y guerreros famosos, ya que se consideraba que la maestría en el talf (tablero) era una de las cosas que hacían sabio a un hombre. En base a estos hallazgos arqueológicos los historiadores calculan que este juego era ya practicado por lo menos desde el año 400 d.C. y siguió unos mil años en tierras bálticas, hasta que en el Renacimiento fue reemplazado poco a poco por el ajedrez (en Laponia aún jugaban a su propia versión, el Tablut, en el primer tercio del siglo XVIII).

Y es que esa es otra. Al Hnefatafl escandinavo, el original que se juega, pronto le salieron variaciones nacionales allí por donde pasaban los nórdicos haciendo (nunca mejor dicho) el vikingo: los escoceses lo llamaban “Ard-Ri”, (el Rey Alto) los irlandeses Fidchell (o Fitchneal, o Fithcheall que con el gaélico irlandés ya se sabe…). Ambas variantes se juegan en un tablero de 7×7. El Tablut finlandés y lapón se juega en cambio en un tablero 9×9. Los sajones cristianizados desarrollaron su propia versión: el “Alea Evangelii”, con el tablero más grande de todos: 19×19. Por su parte la versión galesa, el Tawlbyund, usa el tablero común en el Hnefatafl: 11×11. Como variable interesante esta versión usa dados para el movimiento. La versión más reciente es el “Thud”, diseñado por Trevor Truran en 2002 e inspirado en la novela de Pratchett que he citado antes. En esta versión la desigualdad de fuerzas es mayor (32 enanos contra 8 trolls) y el Rey ha sido sustituido por “la Piedra del Golpe” que permanece inmóvil toda la partida. El tablero también es diferente, ya que es octogonal. Vamos, que Trevor se lo curró en su día y no se limitó a hacer un copia y pega (tentación que tenemos los diseñadores de juegos de todo el mundo, teniendo en cuenta que un sistema de juego carece de copyright).

Reglas del Hnefatafl:

Componentes y distribución inicial: se juega sobre un tablero de 11×11 cuadrados. El bando negro se coloca en el centro del tablero. Está formado por un Rey (Hnefi, una figura más alta) y once soldados llamados Hunns o Tæflor. El bando blanco les supera en una proporción de 2 a 1: 24 peones, pues, que se reparten en grupos de 6 en los cuatro laterales del tablero.

Objetivo del juego: los negros ganan si eliminan a todas las fichas blancas o si el Rey logra huir del tablero por una de las cuatro esquinas. Los blancos, si capturan al Rey.

Movimiento: las figuras comunes mueven como las torres del ajedrez. El Rey sólo puede moverse un máximo de tres casillas, ya sea en horizontal o en vertical. No se puede “saltar” por encima de una ficha propia o ajena, ni terminar el movimiento en una casilla ocupada. Los jugadores mueven una pieza por turno, empezando por el jugador blanco. Como el ajedrez o las damas.

Captura de las fichas: las fichas comunes se capturan si quedan entre dos fichas enemigas, aunque en su turno pueden pasar entre ellas. Si hay una aglomeración puede ocurrir que varias fichas de un bando sean capturadas a la vez. Si está en la esquina o en un lateral con que se coloque una ficha contraria a su lado ya es capturada. Para capturar la ficha del Rey ésta debe ser rodeada por peones blancos en los cuatro lados, o menos si lo cogen contra su trono o en uno de los bordes del tablero. El Rey, por su parte, no puede combatir, es decir, que no ayuda en la captura de fichas enemigas.

Los nórdicos, en sus barcos, jugaban con tableros de madera con las casillas agujereadas. Allí ponían clavijas, que en el mar todo es bamboleo, ya se sabe… En tierra el tablero solía ser de paño, para poder llevarlo cómodamente en una bolsa junto con las fichas.

¿Se animan a una partidita?