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El antecedente del Doctor Jekyll, contra la doble moral

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El antecedente del Doctor Jekyll, contra la doble moral

Dr. Jekyll y Mr. Hyde se encuentran entre los arquetipos literarios más universales porque su creador, Robert Louis Stevenson, se obsesionó con la mentira y la doblez, como demuestra que sólo dos años antes de publicar El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde escribiera la obra de teatro El diácono Brodie o la doble vida (Athenaica), ahora traducida al español. El asunto de la doble personalidad, del bien y el mal, centra esta obra de teatro, una de las cuatro que Stevenson escribió a cuatro manos con el que fue su amigo inseparable William Ernest Henley, poeta y crítico, con el que constituyó un dúo que pretendió «renovar desde presupuestos neorrománticos el teatro de la época victoriana».

Así lo ha explicado a Efe la traductora de la obra y especialista en literatura inglesa Victoria León, también autora de esta primera edición en español, que lleva un epílogo de Luis Alberto de Cuenca, y quien considera al diácono Brodie como «el antecedente inmediato de Jekyll y Hyde.


En 1880, al principio de su carrera literaria, Stevenson y Henley eligieron un personaje real extraído de la historia del crimen. «La figura siniestra y fantasmagórica de William Brodie debía de tener algo de sobrenatural, un aura que le conferiría cierta similitud o parentesco con arquetipos legendarios del folklore y la literatura, como Don Juan o el pacto diabólico faústico». Pero, según Victoria León, «no solo esa dimensión fantástica del personaje tuvo que resultar atractiva para Stevenson» porque el autor pasó «gran parte de su juventud rebelde en los mismos bajos fondos tabernarios de Edimburgo que frecuentó el diácono Brodie un siglo antes».

Según la traductora, aquella «vida bohemia» fue «el reverso de la asfixiante atmósfera religiosa de la casa paterna», de modo que Stevenson «antes de lanzarse a la calle cada noche, seguía siendo el modélico hijo que cenaba puntualmente con sus padres, y la experiencia de aquel submundo se correspondía con la idea de la doble vida que llevaban muchos de los personajes que, como él, coquetearon con la transgresión, moviéndose entre la sociedad respetable y aquellas expansiones que desafiaban las normas morales y la mojigatería».

En palabras del diácono Brodie, «el horrendo negocio de la hipocresía, la mentira y la doblez» será el eje de esta obra que, según Victoria León, «la respetabilidad burguesa, la industriosa prosperidad y la ortodoxia presbiteriana conviven con los bajos fondos y conforman la metáfora de un desdoblamiento que atañe tanto a los individuos como a la propia ciudad».

«Lo que en Jekyll y Hyde es la narración en pasado de un individuo arrepentido de sus crímenes, aquí lo vemos suceder en la conciencia del protagonista escena a escena, y se revela en algunos momentos a través de un cinismo tan descarnado que hiela la sangre«, según León, quien ha explicado que esa dualidad está en los personales centrales de las principales obras de Stevenson, como el Long John Silver de La isla del tesoro.

Aunque el final de cada obra es distinto, «cada uno de esos personajes, tras haberse visto dominado por su doble perverso, encuentra la única forma de redención posible, que es dejar de hacer daño a aquellos que aman y ponerlos a salvo de su propia ruina». Es una libre elección de destino que, según Victoria León, recorre toda la obra de Stevenson y que parece contradecir el determinismo de la moral calvinista. De ahí que cite los versos del célebre poema «Invictus» de Henley: «Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma». 

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