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El auténtico Bernal Díaz del Castillo

El auténtico Bernal Díaz del Castillo

Pese a lo que aseguró con tanta vehemencia el historiador francés Christian Duverger, quien aventuró la hipótesis de que Bernal Díaz del Castillo era en realidad Hernán Cortés, el célebre soldado cronista sí existió. Y de su puño y letra nació una de las más grandes crónicas de la historia: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632). Hombre introspectivo, buen escucha y extraordinario narrador, como lo define el historiador Guillermo Turner, Bernal siempre mantuvo el gusto por registrar las conversaciones y anécdotas de los soldados para luego consignarlas por escrito, y realizó sus relatos más por conveniencia personal y familiar, pero también porque le indignaban muchas de las afirmaciones que aparecían en otras crónicas de la época, como aquellas de Francisco López de Gómara, Gonzalo Illescas o Paulo Jovio, quienes encumbraban la figura de Hernán Cortés y no hablaban del esfuerzo que imprimieron a la épica conquista los soldados. Turner, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, acaba de arrojar un poderoso haz de luz sobre la vida de este soldado español nacido en 1496 en Medina del Campo y fallecido en Guatemala en 1584, cuya participación en la conquista de México-Tenochtitlán en 1521 lo llevó a escribir su célebre narración en 1632. Aunque Bernal Díaz del Castillo habló muy poco de su pasado, de sus an­tecedentes personales y fami­liares y de su vida privada, Turner rastreó archivos de España y Francia acudiendo a fuentes documentales para encontrar datos vitales sobre su padre y su abuelo, hallazgos que se detallan en el ensayo El pasado cas­tellano de Bernal Díaz «del Castillo» y el encubrimiento de su entorno familiar, que han publicado el INAH y El Tucán de Virginia. El historiador encontró que el soldado en realidad se llamaba Bernal Díaz del Merca­do y no Del Castillo, y en unos documentos de la Cámara de Castilla descubrió que su abue­lo, Sancho Díaz, y su padre, Francisco Díaz del Mercado, habían sido regidores y servi­dores de los reyes católicos. En general, esta interesante obra ofrece un panorama más completo de quién era el soldado y hace más estable la historia de Díaz del Castillo, pues como ha señalado Turner, «ha habido mucha especulación sobre su origen, e incluso se decía que no existió, que un soldado no podía haber escrito algo tan bien he­cho como la Historia verdadera de la conquista.  Pero como queda demostrado con esta investigación, no había sus­tento para sospechar que no existió y se ha tratado más de prejuicios contra los soldados». Por otro lado, Turner abre nuevas rutas a la investigación historiográfica y alude a las crónicas que sirvieron como fuente de inspiración a Bernal, como La brevísima relación de la destrucción de las Indias, de Bartolomé de las Casas; La obra de las cosas memorables de España, de Lucio Marineo Sículo, o La historia sobre la conquista y pacificación de Guatemala, de Gonzalo de Alvarado, y repasa otras obras de historia, ficción, religiosas, épicas y del romancero español, desde el Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo; el Cantar de Roldán o la Estoria de España, de Alfonso X. Turner resalta que Bernal Díaz del Castillo fue un buen narrador, un hombre que se construyó su propia imagen, a quien le interesaba la fama y una persona educada, que quiso ser leído por gente sabia y letrada, un deseo que, en efecto, se cumplió.

ADIÓS A EDUARDO LIZALDE, EL TIGRE DE LA POESÍA MEXICANA

"Ahí seguirá resonando su poderosa voz de barítono, mediante la cual recitaba una poesía profunda que maduró con los años"

La belleza y la muerte por igual inspiraron al poeta mexicano Eduardo Lizalde, cuyos emblemáticos poemarios El tigre en la casa (1970), Memoria del tigre (1983) y ¡Tigre, tigre! (1985) hicieron que muchos se refirieran a él como el Tigre. Autor de una vasta obra no solo poética, sino también narrativa y ensayística, don Eduardo falleció hace unos días a los 92 años en su casa de la Ciudad de México. Hombre vital y de fuerte personalidad, Lizalde deja un libro inédito que pronto verá la luz. Ahí seguirá resonando su poderosa voz de barítono, mediante la cual recitaba una poesía profunda que maduró con los años y que reflejó la vida de un hombre que, como relató su amigo Eduardo Hurtado, resultaba demasiado amable para ser un demonio de tiempo completo. «Alguna vez conversé con él», recordaba cuando la piel de Lizalde llegó a las setenta rayas, «y saqué en claro que aquel oscuro cantor del desastre, el hombre que desconfiaba de todo buen sueño, de cualquier señal propicia, aquel descreído radical que, sin embargo, parecía siempre esperar algo, era también un dandy y un aficionado al vino, las mujeres y los manjares. […] Lizalde confirma que el fondo de su escepticismo es una entrañable cercanía con los sueños (y las decepciones) de la especie». Descanse en paz, Tigre y poeta.

LOCURÓN PRESIDENCIAL

"Al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador le ha parecido un escándalo que un nutrido grupo de periodistas se quejasen de haber sido detenidos en un retén paramilitar"

Al presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador le ha parecido «un escándalo» que un nutrido grupo de periodistas se quejasen de haber sido detenidos en un retén paramilitar en plena sierra de Sinaloa, donde los reporteros realizaban la cobertura de la gira presidencial por ese estado mexicano cuando fueron interceptados por una decena de hombres vestidos con trajes militares y armados con fusiles AK-47, mientras supervisaban los vehículos en los que circulaban. Después de hacerles el alto, los paramilitares preguntaron si traían armas, hacia dónde se dirigían, por qué y si sus cámaras estaban grabando. Tras el cacheo, se les «permitió» el paso (al mandatario mexicano no le extraña que haya quien otorgue salvaconductos en un país donde la libre circulación está garantizada en la Constitución) y los informadores siguieron su camino por las rutas del conocido como «Triángulo Dorado», epicentro del cártel de Sinaloa, escoltados por vehículos de la artillería militar. Todo muy «normalito», para AMLO, quien tras la publicación en todos los medios nacionales del suceso, no pudo menos que extrañarse de que aquello causase tanta alharaca, como si fuese algo de lo más normal, y lo único que acertó a decir es que su gobierno no tiene pactos con la delincuencia como los anteriores. Lo que se dice echar balones fuera, vaya.

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